Liderazgo emocional de directivos y docentes
Rubén Zatarain Mendoza*
Los eventos del 22 de febrero, las 72 horas posteriores y sus secuelas emocionales en la sociedad mexicana, en la sociedad jalisciense.
El clima emocional de Jalisco, de instalar el código rojo a levantar el código rojo bajo las notas marciales del himno nacional y la ondeante bandera nacional.
Del fraccionamiento de lujo de Tapalpa con las imágenes al ingreso de la Virgen de Guadalupe y San Judas Tadeo, lugar de los hechos, al palacio de gobierno de Jalisco; de la Secretaría de la Defensa Nacional a la Secretaría de Marina y el Palacio Nacional en la CDMX, el esfuerzo comunicativo para apaciguar el canto desinformativo de las sirenas; los epicentros de las decisiones.
La seguridad nacional, el operativo de inteligencia, las balas y sangre, la muerte.
El olor a gasolina y las llamas, los sonidos de los helicópteros militares desde Tapalpa, El Grullo, Autlán, hasta la zona metropolitana de Guadalajara y Puerto Vallarta, entre otros puntos geográficos.
El temor que cunde, la hiperactividad de las redes.
Las columnas de humo que nublan el cielo, los miedos reales y creados, las personas encerradas entre cuatro paredes; los ojos que otean por las ventanas y las azoteas, los oídos que extienden su rango de escucha. Vista y oídos, pensamientos, miedo, estupefacción.
Las ubres del morbo de parcial información en las que se convierten las pantallas y las bocinas de los celulares, los radios, las televisiones.
Las llamadas tranquilizantes intrafamiliares.
Las lecciones en lo comunitario, la vulnerabilidad de los jóvenes de las fuerzas armadas y la vulnerabilidad de los jóvenes que se apropiaron de las calles como un ejército informal sobre motocicletas (vetas de coerción y existencias violentadas por estar del lado de los pobres, por estar del lado de las adicciones, que es otra forma de violencia simbólica).
¿Qué hace a un hombre malo (delincuente): la pobreza o el pecado?, se planteaba Víctor Hugo en Los miserables.
El doble pago de factura de nuestros niños y jóvenes pobres, estar del lado equivocado por accidente o por destino, estar o no estar contra la salud y la vida en palabras de la madre, abuela, presidenta.
En la visión del humanismo mexicano, la estrategia de seguridad de abrazos y no balazos dio un salto cualitativo.
Algunos adversarios quedaron al descubierto, otros siguen agazapados e impunes; la derecha y su trinchera de medios y voceros identificados parecían solazarse del miedo, dolor y muerte.
La bajeza y ruindad de los comentócratas, otra manera sutil de delincuencia organizada y traición a la patria.
Las fotografías y videos que no hablan más que mil palabras en eventos graves como el vivido, las imágenes objeto de interpretación sesgada, comentadas copiosamente por aquellos comunicólogos que, sin ser therian, se comportan como hienas y cuervos graznantes y parlantes.
Los que voltean la parte baja de sus espaldas al norte y que la ofrecen sin acuse de recibo, los que ayer no celebraron el Día de la Bandera Nacional y quisieran ya el intervencionismo extranjero en nuestra patria.
Pobre mirada derechosa sin ápice mínimo de memoria histórica; tal vez el alma del exemperador Maximiliano de Habsburgo o el alma de Miguel Miramón y Tomás Mejía debiera susurrarles lo que pasa a los traidores a la patria.
La seguridad con causas y consecuencias en el territorio económico e ideológico de la derecha. La inseguridad como dardo envenenado de aquellos neoburgueses enriquecidos por el auditorio acrítico y la ausencia de conciencia patria de muchos mexicanos.
La inseguridad y violencia provocada como consecuencia de las múltiples inequidades y la marginalidad de grandes masas de compatriotas.
Los culpables identificables en los centros internacionales de dominio económico y militar. La vocecita fuera de lugar y opinión intrascendente de Elon Musk.
Los aprendices de ricos y políticos sin principios ni conciencia social.
Los culpables con rostro y nombre materializados en la lista de los más ricos, en nombres de expresidentes, exgobernadores, expresidentes municipales y otros miembros de la ralea política, entre los que se incluyen líderes sindicales y líderes partidistas, las cúpulas clericales.
Las medidas gubernamentales emergentes y el código rojo en estados como Jalisco que aportó a este momento difícil “coordinación” y coloquio en mesa de seguridad.
La capacidad reactiva de gobierno y autoridades de distinto nivel, a prueba.
Lunes y martes sin clases en el sistema educativo jalisciense, ante el retraso de la información y decisiones, la urgencia de información de padres, maestros y alumnos.
Hoy, el retorno a clases, el imperativo de normalización de las actividades sociales, familiares y escolares, la virtualidad como solución emergente en algunos centros de trabajo.
Las carreteras y puentes dañados, los vehículos calcinados aún por recoger, la movilidad de los docentes con más de un centro de trabajo o con centros laborales alejados de su lugar de residencia como impacto inmediato.
La normalidad mínima en materia de asistencia y puntualidad como desafío de coyuntura, la urgencia de que las escuelas coadyuven al establecimiento de la normalidad y el consenso.
La virtualidad como recurso emergente, el Consejo Técnico de febrero que debiera reprogramarse para salvar la semana en la dimensión cognitiva y afectiva emocional.
El tema del liderazgo académico de los directores en materia de implementación de planes y programas, en materia de materialización de los principios de la Nueva Escuela Mexicana.
La formación en educación básica, el componente central de la educación socioemocional.
Serenar los miedos, los espíritus intranquilos que el entorno ha provocado, atenuar la psicosis colectiva que ha ampliado la ola real e imaginaria de los riesgos de la inseguridad.
El derecho a una educación de calidad y excelencia que parte de la premisa de entornos escolares que garanticen la seguridad física y emocional de los menores de edad.
La comunidad de aprendizaje, cuyo tema complementario deberá ser el proyecto comunitario de educación para la paz y la convivencia sana; fortalecer resiliencia; releer el manual de seguridad escolar y sus recomendaciones para protegernos de la inseguridad y la violencia y el texto de seguridad total en la escuela, guía escolar de intervención para situaciones de emergencia, crisis y vulnerabilidad; diversificar el diálogo con los sujetos en crisis socioemocional.
El rol trascendental de maestros, docentes, directores y supervisores para ser garantes de la salud psíquica de las comunidades estudiantiles.
La defensa de los proyectos formativos aun en condiciones de emergencia.
Lo cognitivo y emocional como desafíos inmediatos.
El consenso social y la tranquilidad necesaria desde la escuela misma, la necesidad de materializar el derecho a la educación de calidad en corresponsabilidad con los padres de familia aun en condiciones de emergencia como la vivida.
*Doctor en Educación. Profesor normalista de educación básica. zatarainr@hotmail.com
Hay muchas miradas desde donde puede pensarse los hechos, intento hacerlo desde las siguientes preguntas: ¿Quien gana con el miedo instalado en el imaginario colectivo?, como educadores, ¿Cómo nos preparamos o formamos frente a la violencia?, ¿cómo estamos generando pensamiento crítico en torno a visibilizar los distintos tipos de violencia?, ¿Cómo generar conciencia en la necesidad de desentrañar y desarticular la violencia estructural del sistema que ocasiona la desigualdad social?, esa que lleva a los más desposeídos a buscar promesas falsas de una mejor vida.
Sin duda, mucho por trabajar desde las aulas para generar herramientas conceptuales, pedagógicas y prácticas, hacia un horizonte en el que todas las personas vivan plenamente una vida digna.
Mi reconocimiento a los elementos que ofrendaron su vida en aras de la seguridad social