Las pulgas en la escuela de Tlachichilco

 In Cuentos y relatos del magisterio, Videos

Miguel Ángel Pérez Reynoso

Para los que nos formamos como docentes en los últimos años del siglo pasado y que vivimos en entornos urbanos, el asistir a una escuela rural distante, lejana y apartada de todos los símbolos metropolitanos era un gran contraste en muchos sentidos.
Comencé a trabajar en septiembre de 1980 en el poblado de Tlachichilco del Carmen, municipio de Poncitlán, conocido por los lugareños como El Barrio. Ahí la escuela era pequeña, con una población baja debido a las migraciones, pero que en su edificación originaria tenía la habilitación de una casa del maestro; obviamente, este espacio ya no se usaba porque todos los que íbamos para allá viajábamos todos los días. La ruta consistía en llegar a Chapala y de ahí tomar un autobús de segunda o de tercera que recorría los distintos poblados del municipio de Chapala (Santa Cruz, San Nicolás), hasta llegar al destino final (Tlachichilco).
En ocasiones, el maestro Cuauhtémoc Zepeda (compañero de trabajo y de aventuras juveniles) y su servidor nos quedábamos a dormir en la escuela para tener un contacto directo con la comunidad. Nos quedábamos en la escuela, en uno de los salones, habilitábamos una cama en el piso y en varias ocasiones una plaga de pulgas anidadas en los espacios áulicos nos dio una verdadera masacrada, de la cual nos tardamos en reponernos. Leopoldo Flores, conocido como El Pollo, un alumno de sexto grado de primaria, y de manera muy amable nos llevó Santa María (una hierba silvestre) con la finalidad de espantar a las pulgas. De poco nos sirvió el remedio, pero el efecto psicológico y el saberse atendidos tuvo su parte positiva.
La escuela de esta comunidad sólo tenía tres salones y uno que, después de haber sido bodega, se habilitó como un aula para atender de manera conjunta al grupo de tercero y de cuarto. Ahí estuvimos varios años. El vivir en la comunidad y el vivir de la comunidad en ciertos momentos servía para ir entendiendo que la vida en el medio rural tiene una cultura diferente, una forma de entender el mundo y la realidad a partir de ese contacto directo y cotidiano ligado con la naturaleza, con la laguna de Chapala, con los peces que todavía se podían obtener y con el juego y los encuentros que por las tardes y las noches hacían los niños y las niñas cuando salían a la plaza. Pero de todo eso, de todo lo valioso, el martirio por las noches al enfrentarnos con el peligro del ataque de las pulgas es una escena imborrable en el recuerdo de un maestro que llegó por primera vez a trabajar en el medio rural.

Comments
  • Francisco Millan
    Responder

    Es bueno recordar esos andares Miguel Ángel.
    Gracias por compartir.

Leave a Comment

Start typing and press Enter to search