Las escuelas “de la refinería”

 In Carlos Arturo

Carlos Arturo Espadas Interián*

La refinería en Dos Bocas, en el municipio de Paraíso en el estado de Tabasco, comenzó a presentar situaciones diversas; entre ellas impactos al entorno. Nuestro país no considera los centros escolares para las diversas acciones que emprende, si no son directamente educativas. Acuden a ellos cuando se quiere hacer campaña electoral, posicionarse socialmente o para aparentar que a una administración le interesa la educación.
Cuando se construye un proyecto estratégico es necesario visualizar los posibles impactos y dentro de ellos: las escuelas. Con la refinería se vieron afectadas escuelas y se atendieron las situaciones hasta que los padres de familia se movilizaron con protestas en distintos lugares, tiempos y formas. Las escuelas “de la refinería” no son sólo las escuelas “de la refinería”, son las escuelas de todo México que viven impactos no previstos a partir de proyectos y acciones de toda índole.
Hasta hace unos días, se desconocía el proyecto arquitectónico para las escuelas a construir; se ha declarado que estarán concluidas en seis meses. En una entrevista, el secretario de Educación Pública federal, comentó que ese tiempo era posible porque la infraestructura de una escuela de preescolar y primaria era diferente a una de nivel medio superior por ejemplo.
Se piensa que, con la existencia de un estudiante, profesor y razón de ser, se puede proceder y generar un espacio educativo. En esencia es cierto, pero como planteamiento filosófico y ontológico, sin embargo, dentro de la educación formal se requiere además de un estudiante, varios de ellos, profesorado, infraestructura, equipamiento, mobiliario y demás.
Una escuela preescolar y primaria, en el imaginario de hace 50 años o más, únicamente debería contar con salones, espacio administrativo, canchas, tiendita escolar, patio cívico y quizá estacionamiento y áreas verdes. Actualmente las escuelas preescolares y primarias deben contar dentro de la infraestructura con equipamiento y mobiliario para: a) servicios médicos, b) laboratorios de cómputo, c) laboratorio de robótica, d) espacios para artes diversas, e) espacios para trabajar en favor del medio ambiente, f) espacios de socialización, g) accesibilidad a internet y sofware diversos en áreas comunes, h) espacio para oficina de pedagogía, i) área de atención a la inclusión (educación especial), j) vínculo con la comunidad, K) auditorio, l) sala de maestros, m) sala de juntas, n) espacio para networking… por mencionar algunos.
De aquí se derivan dos situaciones: 1) la infraestructura de un preescolar o de una primaria no requieren “menos”. Pensar algo relacionado con ese planteamiento se deriva del concepto que se tiene de lo que necesita la niñez, eso resulta peligroso porque hasta cuándo en nuestro país se tendrá este concepto erróneo de la “simplicidad” de la educación de los niños; 2) en todo proyecto que impacte el entorno se debe considerar la educación y los centros escolares de inicio como parte de la política constitutiva de lo valioso de nuestra sociedad y cultura.
Por qué se tiene que esperar para ver si la sociedad protesta para atender las situaciones que impactan y afectan a las escuelas, eso únicamente dice o que el sistema no tiene la capacidad para ver los impactos, preverlos y atenderlos antes que generen riesgos y malestar social o que se espera aún sabiéndolo, para ver si es posible no atenderlos.
El asunto no son las escuelas “de la refinería”, sino los proyectos gubernamentales, empresariales y la falta de previsión que no se reduce a un color de partido, es actuación común de la clase política y empresarial mexicana y extranjera en suelo nacional.

*Profesor–investigador de la Universidad Pedagógica Nacional Unidad 113 de León, Gto. cespadas1812@gmail.com

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