La violencia en el aula: una paradoja social

 en Alma Dzib Goodin

Alma Dzib Goodin*

Se ha vuelto práctica común ver fluir por las redes sociales algún acto de violencia física o verbal en las escuelas. Si bien, mucho dicen que esto ha existido desde que las escuelas se volvieron espacios masivos de conocimiento, lo cierto es que las redes sociales permiten que las imágenes lleguen a más y más personas en menos tiempo. Los actos de violencia van desde golpes, violencia psicológica, hasta amenazas que concluyen en suicidios.
Usualmente se culpa a los maestros, los maestros culpan a los padres, los estudiantes culpan al mundo y todo continua como siempre, sino es hoy, mañana aparecerá otro video en el ciberespacio.
Ante esto, las redes sociales en sí mismas han intentado solucionar el tema de la violencia, por ejemplo, los niños no deben abrir cuentas, sin embargo ocurre. Los videos violentos se pueden reportar, pero casi nadie lo hace y con esto dejan fluir las imágenes. No se deben abrir múltiples cuentas y sin embargo ocurre. Es muy fácil vulnerar la seguridad de las redes, pero en parte es porque no se conocen los mecanismos de control.
El verdadero problema de la violencia no es la violencia en sí misma, es el narcicismo. Se piensa que “entre más popular eres en la red, eres mejor persona”, así que cuando un “perfil” envía una solicitud de amistad, inmediatamente se acepta, no se investiga si esa persona es real o no, si es verdaderamente un amigo, puede ser cualquiera y es así como se apoya a los acosadores cibernéticos para que molesten a otros. Muchas veces no se es la victima directa, pero en unos días, esta persona comienza a hablar mal de alguien a quien si conocemos, pero en lugar de parar la agresión, se multiplica y se hace porque eso permite conseguir más “likes”.
¿Cómo es que hemos llegado tan lejos?, ¿son los niños, los padres o los maestros quienes han desarrollado este narcisismo exacerbado?, solo en parte, la otra explicación son los medios de comunicación, especialmente en México que valoran tanto la violencia. Están perfectamente cómodos informando sobre el número de muertos del día, disputas entre personas, lo que alguien dijo de manera equivocada, sin balancear esa violencia gráfica con los logros de las personas, el arte o la ciencia. Lo hacen como un ejemplo claro de la incomprensión de la Libertad de Expresión y sus posibilidades. Esto es porque la violencia vende. Controlamos la violencia con violencia, misma que cada día se vuelve más gráfica y dolorosa.
A ello, agreguemos la respuesta de los padres, cuando un niño regresa a casa llorando porque un compañero le ha pegado o gritado. La respuesta casi siempre es: “te lo mereces, la próxima vez o pegas tú o cuando regreses a casa te la ves conmigo”, controlamos la violencia con violencia.
En las escuelas, los maestros miran sin mirar, pues muchas veces ellos son víctimas de los alumnos o del resto de los profesores; porque la violencia no es cosa de niños, es un tema de adultos que desde niños han sometido a otros.
Es una respuesta común de las especies ante la falta de oportunidades, es una acto de pervivencia que se ha llevado al límite, enviando anónimos para fastidiar la carrera de alguien, porque cualquiera puede abrir una cuenta de correo electrónico falsa y cuando recibimos una nota que desprestigia a otro, en lugar de detenerla, le permitimos seguir circulando, porque en la cadena alimenticia, entre menos miembros de una comunidad, mayor oportunidad de recursos.
Acudir a las autoridades la mayoría de las veces es una pérdida de tiempo, pues “a todos les pasa”, “cierre sus perfiles en redes sociales y santo remedio”, como si así de fácil se pudiera desaparecer la violencia. Con esas respuestas se da permiso de ser violento y se permite que todos estén por encima de ley, negando derechos fundamentales a los ciudadanos. Nuevamente, violencia se controla con violencia.
Así que no culpemos a los niños, de ser el reflejo de sus padres, que son el reflejo de una sociedad, que se refleja en los medios de comunicación que valoran mucho la violencia, porque al final, es la lucha del más fuerte por la obtención de recursos, que en este caso se llama atención, porque en la escuela no se desarrollaron otras habilidades para captarla, como haciendo ciencia que beneficie a la humanidad o expresando a través del arte, pues eso, a nadie le importa.
Siendo que México mira tanto lo que se hace en los Estados Unidos, ojalá vean sus medios de comunicación, donde por cada noticia violenta, se presenta un caso de éxito, o de bondad, de beneficio a la comunidad y con ello balancean la información. Si bien con ello no se concluye la violencia, por lo menos no se queda grabada en la mente, pues de por sí ya se vive con miedo y las voces se levantan en muchas formas, para que la violencia termine.

*Directora del Learning & Neuro-Development Research Center, USA. alma@almadzib.com

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