La NASA y los estudios de las humanidades

 In Jaime Navarro Saras

Jaime Navarro Saras*

Hace unas décadas, una vez que se egresaba de una escuela Normal (antes de exigir estudiantes con estudios de bachillerato), a lo único que se podía aspirar para seguir con los estudios era a la Normal Superior, a la Universidad Pedagógica o, en el caso de la Universidad de Guadalajara, a alguna carrera de la Facultad de Filosofía y Letras (Letras, Filosofía y Sociología). Muchos compañeros que siguieron el camino de las humanidades en la UdeG lograron obtener una plaza en ella y a la fecha ya están pensionados o se encuentran en sus últimos años laborales.
Las humanidades como opción de estudio pasan por una crisis evidente, a tal grado que en este periodo (calendario 2026-B en el CUCSH), después de publicar las listas de estudiantes aceptados, quedaron disponibles 260 espacios (Lic. en Didáctica del Francés 15, Estudios Políticos y de Gobierno 27, Filosofía 25, Geografía 32, Historia 39, Letras Hispánicas 34, Sociología 50, Trabajo Social 38), los cuales, al quedar disponibles, serán ocupados por estudiantes (si así lo desean) que fueron rechazados en la carrera para la que concursaron originalmente.
Dicho fenómeno no es exclusivo de la UdeG; la crisis para el estudio de las humanidades está generalizada en todas las universidades del país y también a nivel mundial. Hoy en día, la moda aspiracional impuesta por las redes sociales para nuestros jóvenes son las carreras no tradicionales y encaminadas a lo tecnológico y a la especialización en cuestiones de la inteligencia artificial o lo que consideran licenciaturas para monetizar a la brevedad y preferentemente vía digital.
Ya lo explicaba el sociólogo Gilles Lipovetsky en su texto La era del vacío: con una población basada en la frivolidad, influenciada por la publicidad, el consumo y el deseo de encajar en el mundo actual, los intereses van cambiando. En el caso de la crisis de las humanidades, los estudios de la complejidad pasan a segundo o tercer término porque a un buen número de jóvenes de hoy en día poco les atraen las discusiones que implican razones y argumentaciones propias de la metodología que genera las humanidades con el lenguaje.
Así como vamos, y si es que las instituciones de educación superior y el mundo laboral no logran establecer necesidades más allá de la inmediatez, porque llenar espacios vacantes con estudiantes rechazados e insatisfechos es un riesgo que no podemos correr. Esta realidad era un poco a lo que sucedió hace un tiempo (no sé si aún suceda) en la Escuela Normal Superior de Jalisco, donde las licenciaturas de Ciencias Naturales (Biología y principalmente Física y Química) aceptaban a los pocos que se inscribían como aspirantes, y al no haber el número mínimo requerido para justificar un grupo, terminaban aceptando estudiantes rechazados de las licenciaturas de Español, Matemáticas (las más demandadas) o de Ciencias Sociales (Historia, Geografía e Historia), a tal grado que los maestros se empezaron a quejar de la preparación con que llegaban a esas especialidades y uno de ellos con cierto dejo de decepción decía una frase que reflejaba dicha realidad: Los estudiantes de Química y Física vienen de todas partes menos de la NASA.
Me parece que aún hay tiempo para poder revertir esta crisis de las licenciaturas en humanidades, ya que, se quiera o no aceptar el tema, se corre el riesgo de perder una población que cuestione, proponga y garantice que la memoria cultural prevalezca hacia las siguientes generaciones y que las decisiones sociales no queden en manos de pequeños grupos y con visiones reducidas de lo que es vivir en sociedad.

*Editor de la Revista Educ@rnos. jaimenavs@hotmail.com

Comments
  • René Nuño

    Aunado a la pulverización de horas , lla precariedad laboral,incluso en la Escuela Superior de Educación Física hace un año tuvo 50 cupos disponibles de 90 que se ofertaron.
    .

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