La maravillosa y siempre compleja memoria

 en Alma Dzib Goodin

Alma Dzib Goodin*

Recordar, tener en mente, acceder y registrar información, son solo algunas de las funciones de la memoria, proceso que sin duda nos hace la vida fácil al momento de interactuar con el ambiente.
Se piensa que el proceso de memoria surgió en las especies cuando éstas comenzaron a moverse. Cuando el movimiento se volvió más y más sofisticado para buscar comida o espacios donde dormir, surgió la necesidad recordar donde se encontraban, donde había más predadores o bien que alimentos eran más aptos. De ahí que la memoria está tan ligada al ejercicio y al sueño.
Siendo un proceso tan necesario para la pervivencia de las especies, los humanos obtuvimos ese regalo evolutivo y lo perfeccionamos diversificando las cosas que podemos recordar. De este modo surgieron la memoria visual, la auditiva, la táctil, la olfativa, gustativa, semántica, fonológica y del dolor, cada una con sus propias reglas y procesos a nivel fisiológico y genético que permite a su vez los distintos momentos en que se puede almacenar información, que son la memoria a corto, mediano y largo plazo.
A todo ello, se agrega la capacidad no solo de almacenar información, sino de recuperarla, que es lo que muchos admiran de este proceso, que se explica muchas veces como el poder poner en pantalla aquello que se dejó grabado hace mucho.
A veces se da por sentado que debemos recordar, ¿cuántas veces no hemos escuchado la frase: “te acuerdas de mí” o bien “se acuerda que le dije”?, a veces vamos a esperar unos segundos para ver si podemos recordar el evento, pero a veces tendremos que decir: “no, lo siento, no lo recuerdo”.
Si bien, socialmente se valora la memoria y se le da gran valor a quien puede recordarlo todo, lo cierto es que recordar demasiado es considerado una patología clínica. Tal es el caso del estrés postraumático, síndrome en el cual una memoria queda atrapada en el sistema, y las personas reviven, con lujo de detalle un evento.
Por otra parte, la demencia es considerado el ladrón de la memoria. Los pacientes con esta condición van perdiendo los recuerdos, como en el caso de la enfermedad de Alzheimer, en la cual se pierden las memorias más antiguas, mientras que en la demencia fronto-temporal, se pierde la memoria a corto plazo, lo cual convierte a los pacientes en dependientes de sus cuidadores, pues cuando inician una acción, olvidan o no registran dicha actividad.
A nivel educativo, por otra parte se da por sentado que la memoria es capaz de reflejar el aprendizaje. Es cierto que es complicado explicar que es primero, si se aprende y entonces se recuerda, o si se recuerda y entonces se aprende, ambos procesos se retroalimentan; sin embargo, el problema es que no siempre las memorias son transferibles.
En clase se explica un concepto de manera visual o auditiva, a veces incluso se hace un ejercicio de ello, pero el examen solo tiene conceptos y estos debe ser limitados.
Se aprende, por ejemplo, sobre la Guerra de Independencia, con imágenes y lecturas, se presenta mucha información al respecto, se comenta en clase, y a veces incluso se llevan a cabo pequeñas obras teatrales, pero en el examen se pregunta: ¿en que año comenzó la Guerra de Independencia?, y se presentan 4 años que se parecen. ¿En serio?, ¡no fue así como se enseñó!, si deseamos que la memoria funcione, debe haber un uso adecuado de la misma.
En tal caso cabe preguntar: ¿se está empleando la memoria de manera adecuada para analizar si la enseñanza tiene efecto sobre el aprendizaje?, la respuesta usualmente es no, pues se juega rudo con el alumno. Les prometen helados, les piden que coman verduras, pero les preguntan si desean ensaladas. No hay relación entre lo que se enseña, el cómo se enseña y cómo se evalúa.
Aquellos que logran darse cuenta que lo importante es la memoria semántica, se dedicarán de tiempo completo a estudiar del libro. Es por ello que sacan buenas calificaciones, se convierten en buenos autodidactas. Si es así, ¿vale la pena preparar clases y hacer tareas?
La memoria tiene otra cualidad, no se puede almacenar todo lo que ocurre en el ambiente, tiene filtros específicos y durante el sueño se llevan a cabo procesos de limpieza de todo aquello que no tiene sentido.
Sin embargo, los programas educativos están cargados de información irrelevante en términos de los exámenes, no solo se revisan un tópico, sino 5 o 6 materias distintas que se evalúan hasta un mes después, para cuando eso sucede, los estudiantes olvidaron lo que se dijo 10 días antes. Si a ello se agregan un sinfín de tareas y el estrés de ser estudiante, ya no es claro si se evalúa lo que sabe, o lo que no se sabe.
Un tema tras otro, un examen tras otro, no se da la oportunidad de que se consoliden, todo aparece en el examen final, momento en el cual el estudiante ya no sabe ni su nombre.
¿De qué estábamos hablando?

*Directora del Learning & Neuro-Development Research Center, USA. alma@almadzib.com

Comentarios
  • Luis Tello
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    Interesante reflexión, pero sólo se queda en eso, me hubiera gustado que se profundizara más en el tema y se llegara a una conclusión y un aporte, pero en fin. Es un tema del cual se puede y tiene que discutir en la educación, pero de forma seria y con mucho soporte científico y social.

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