La llegada de los libros a las aulas. El inicio de la fiesta de los libros
Miguel Ángel Pérez Reynoso*
Era el año de 1986, aún no superábamos la crisis mundial de la educación, cuando desde la SEP se inició un proyecto visionario: Los libros del rincón para la educación primaria.
El proyecto consistía en tener entre 17 y 21 títulos de libros infantiles en cada aula; en la capacitación, la asesora que dio las orientaciones generales del proyecto presentaba los libros por grado (desde tercero a sexto).
En las indicaciones generales de una sesión especial que se llevó a cabo por zona escolar, recuerdo tres grandes recomendaciones:
a) Con la llegada de los libros a sus escuelas, deben hacer en cada aula de clases toda una fiesta para recibirlos; los niños deben aplaudir y recibir los libros como si fuera un tesoro.
b) Hay que acondicionarles un rincón, un espacio propio para los libros del rincón, acomodarlos, pero que sean visibles para todas y todos, que los niños puedan tomarlos, olerlos, ojearlos, interactuar con ellos.
c) Los alumnos de cada grupo podrán llevarse los libros a su casa para leerlos en familia y regresarlos a su lugar en el rincón el lunes siguiente.
El entusiasmo de la facilitadora creó un clima de interés y de curiosidad por la lectura entre docentes. Yo trabajaba en ese momento en la escuela primaria de Toluquilla (Urbana 564) de Tlaquepaque, y los niños y las niñas aún tenían esta visión de la vida del campo y del medio rural. Toluquilla en esos años aún no había sido invadida por el crecimiento urbano; su desarrollo estaba mejor regulado.
Recuerdo que en dicho paquete de libros venían títulos como: Cuentos para jugar de Gianni Rodari, Rafa el niño invisible, Cuando los ratones se daban la gran vida, A golpe de calcetín, La calle es libre, Cuentos de puro susto; en los libros de quinto estaba Momo de Michael Ende y en sexto La historia interminable del mismo autor, que yo tomé prestado y pude leer de principio a fin.
Con el uso y con el tiempo, los libros comenzaron a deteriorarse; niñas y niños hablaban de los libros, del rincón y de la lectura. Con mucho entusiasmo, con gusto, ya que se leía por iniciativa propia y no por obligación.
Esta experiencia de trabajo fue muy gratificante; reactivó el valor del libro y el gusto por la lectura. El libro de Gianni Rodari, Cuentos para jugar, se integraba de algunos cuentos con tres posibles finales; más adelante me enteré de que Gianni Rodari tenía un programa de radio en Italia y contaba cuentos por dicho medio, por la radio, y al final les pedía a los niños que le enviaran el final que para ellos sería el mejor.
Han pasado muchos años y parece que el programa de los libros del rincón continúa, pero los niños de ahora ya no son los de antes, ni tampoco el gusto por la lectura es el mismo. Después llegó un esquirol tecnológico que ha modificado nuestras costumbres culturales y la práctica escolar: Me refiero al uso del celular.
Aún recuerdo el rincón de la lectura en sexto grado de la Escuela Primaria Urbana 564, diseñado con cajas de cartón y con algunas tablitas; los niños lo hicieron, lo cuidaban y lo disfrutaron mucho año con año.
*Doctor en Educación. Profesor-investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com