La ingratitud en el Nuevo Modelo Educativo

 en Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

Hay dos palabras que por más que se busquen en el Nuevo Modelo Educativo no aparecen en ningún lugar: “Ser agradecido” son dichas palabras. Uno pensaría que tendrían que encontrarse en el apartado de los Fines de la Educación, como uno de los propósitos de los Mexicanos que queremos formar o bien dentro del perfil de egreso en alguno de los ámbitos de los diferentes niveles educativos, sin embargo no es así.
¿Por qué es importante ser agradecido? La respuesta parece simple, pero entraña una gran complejidad. Cuando una persona es agradecida implica que valora, en un primer momento, un algo que recibe de parte de alguien más, lo que representa un beneficio obtenido de proporciones considerables y de suma importancia, vital incluso en ocasiones, por lo que, en un segundo momento, se adquiere un compromiso moral con la persona o entidad (Dios, la vida, la tierra, alma mater, etcétera) y se busca ser recíproco, correspondiendo con actos de gratitud por lo que pudo obtenerse o lograrse. En décadas anteriores la relación docente-alumno estuvo sustentada en la gratitud: alumnos agradecidos por los saberes obtenidos y docentes que cumplían (y cumplen) con su labor de forma comprometida valorando la posibilidad que cada estudiante le da de poder realizar su trabajo profesional y obtener una remuneración de ello; era un acuerdo de mutua conveniencia y de beneficios para todos, una relación ética por tanto.
Sin embargo, es claro que ser agradecido no es un valor que sea prioridad, se persiga o se fomente en las sociedades actuales, diluyéndose incluso al interior de las familias, lo que resulta, obviamente, en una gran dificultad poder inculcarlo en las escuelas, aunque se intente. De hecho, hemos podido observar que, durante el presente sexenio, de parte de diversas autoridades se ha propiciado, incluso promovido, que los alumnos dejen de sentir agradecimiento por la formación y educación recibida en las aulas, favoreciendo así el cuestionamiento y la descalificación por la labor realizada (y que realiza) cada docente. Más aún, para todos aquellos que trabajamos por la Educación en un salón de clases nos resulta claro que la mejor forma de desarrollar valores en un alumno es a través del ejemplo. Y es aquí donde vemos que la gratitud no es, no ha sido y no será jamás un proyecto político. Porque si lo fuera podríamos ver que pese a que los sectores más pobres del país son los que comúnmente más votan por el partido en el poder, con todas las dudas y suspicacias que ello despierte, son los que menos actos de reciprocidad reciben. Pero vamos más allá: podríamos entender, aunque no justificar, que un argumento para no ser agradecidos sería resaltar que menos del 20% de la población voto por ellos, por lo que no se sienten comprometidos u obligados moralmente a trabajar por el bien de todos, sin embargo, comúnmente se le olvida a la gente en cargos directivos que es por el dinero de todos los mexicanos que pueden percibir sueldos que los alejan de la realidad que viven el común de las familias del país. De tal suerte que los 3 millones que percibe aproximadamente de forma anual el Presidente y los dos millones el Secretario de Educación, lo que les permite tener una vida sumamente cómoda, para ellos y sus familias, son motivos suficientes para tener un compromiso moral y agradecimiento con todos y cada uno de las personas en México, sean sus simpatizantes o no. Lamentablemente los hechos nos dejan ver que no hay tal sentir ni valoración.
Ser agradecido es un acto de responsabilidad y un comportamiento ético en el que se evidencia un reconocimiento del otro y sus acciones. La falta de infraestructura en muchas escuelas públicas, la falta de apoyo económico para la educación de alumnos en condición de pobreza, el otorgamiento de becas para personas que no lo necesitan, el robo de recursos públicos destinados a la niñez o la educación a manos de gobernadores y la desigualdad en las oportunidades laborales al término de los estudios, son claros ejemplos de ingratitud. Era obvio, lo sé, lo entiendo, que nunca iba encontrar las dos palabras juntas en el texto. Gracias por leerme.

*Maestro en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

Comentarios
  • Julieta Pérez Fernández y O.
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    Concuerdo con la nota, algo que califica al hombre con madurez es la capacidad de agradecimiento. El agradecimiento se aprende por la ética recibida en casa. Se trata de valorar lo que tengo y llenarlo de significado para mí. Nos encontramos inmersos en una sociedad que manipula las masas, con ideas de insatisfacción y sentimientos de carencia, sembrando el descontento por una serie variada de situaciones. Dejando una sensación de “no merecer”.

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