La guerra interna

 In Jaime Navarro Saras

Jaime Navarro Saras*

Leer noticias acerca de conflictos bélicos recientes como los de Ucrania-Rusia, Israel-Palestina, EEUU-Irán, o más añejos como EEUU-Irak, EEUU-Vietnam, Israel-Egipto, Rusia-Afganistán, entre otros, nos genera en la mente un concepto acerca de lo que es una guerra; incluso el tema de la violencia a través del cine también nos plantea con más claridad lo que son ese tipo de conflictos, pero verlo en vivo como lo sucedido este domingo pasado nos ayuda a entender lo que son estas realidades. Aquí ya no hay Rambo, Llanero Solitario, Bruce Willis, Arnold Schwarzenegger o, a nivel local, personajes como El Santo, los hermanos Almada, Benny y el Cochiloco; tampoco series de narcos y toda la cultura de la colombianización de las telenovelas del narco.
Lo visto este domingo 22 de febrero quedará en la memoria de muchos pobladores de Jalisco y estados aledaños como Colima, Guanajuato, Nayarit, Aguascalientes, Zacatecas, así como Guerrero, Oaxaca, Puebla, Estado de México, Baja California, Hidalgo, Tamaulipas, Sinaloa, Chiapas, Tlaxcala, Querétaro y Morelos, entre otros, lo que es la realidad del terror, sentir miedo en la piel y entender que esa cultura forma parte de nuestras vidas desde hace un buen tiempo, ya que lo hemos romantizado y en los niños y jóvenes está la tentación de emular las vidas de los personajes que han hecho de la violencia una forma de vida. Apodos como El Señor de los cielos, Don Neto, El Chapo, El Marro, El Mayo, El Z1, la Reina del Pacífico, El Mencho y nombres como Miguel Ángel Félix Gallardo, Juan García Abrego, los Hermanos Arellano Félix, Rafael Caro Quintero, Nazario Moreno González y cárteles como el de Juárez, de Guadalajara, de Tijuana, del Golfo, de Sinaloa, los Zetas, la Familia Michoacana, Santa Rosa de Lima y el CJNG están en nuestro lenguaje y, por desgracia, forman parte del convivio social.
Este estado de guerra lo vimos con por lo menos 100 vehículos incendiados (camiones de carga de uno o dos remolques, camionetas, camiones de pasajeros, automóviles y motocicletas) en la carretera Manzanillo-Guadalajara vía Chapala porque después del kilómetro 40 no se podía pasar por la entrada de López Mateos; la mayoría de incendios se dieron en cruceros de caminos y carreteras.
Esta realidad nos puede llevar a muchas conclusiones y donde podemos señalar culpables directos e indirectos además de los personajes y grupos delincuenciales señalados, lo cierto es que el fenómeno creció casi sin que nos diéramos cuenta, esta situación nos ha afectado a todos; quién, en los últimos 10 años, no ha sufrido el robo de la cartera o del bolsillo, de autopartes y principalmente la computadora del vehículo, de la motocicleta o hasta la bicicleta, lo mismo en casa o chantajes vía teléfónica, secuestros expres, amenazas para entregar cuotas de dinero por la operación de negocios familiares como fondas, tiendas de barrio o hasta la venta de mercancía en calles y tianguis establecidos, en fin. Se sabe de ello y las mismas personas que los rodean y las propias autoridades sugieren no demandar y hacer lo que se pide para evitar conflictos o poner en riesgo la vida.
Lo sucedido este domingo debería ser un parteaguas y que el Estado empiece a poner orden en las cosas para que las personas se sientan seguras, pero ello no va a ser posible, por lo menos a corto plazo. Está demostrado que el encarcelamiento de los personajes citados o, en este último caso, la muerte de El Mencho, no puso ni pondrá fin al narcotráfico, a las extorsiones y demás acciones relacionadas con la delincuencia organizada porque son organizaciones complejas que funcionan gracias a que hay mucha gente involucrada (buenos y malos, por poner dos categorías propias del cine) y es un negocio redituable que genera dinero y no requiere pagar impuestos debido al origen de éste.
Lo cierto es que está en las autoridades poner orden y en las personas comunes no involucrarse en ese tipo de cultura, lo mismo desde el consumo de películas, series, música y el uso de ropa, hasta la compra de productos de origen dudoso; por fortuna, estamos a tiempo de darle vuelta a la tuerca y en ello debemos estar involucrados todos: familias, escuelas, sociedad y, principalmente, autoridades de gobierno. Lo cierto es que se tiene que hacer, no hay de otra y así como nos hicimos de una cultura que normalizó la violencia, es tiempo que suceda lo contrario y el cambio deberá ser integral, no como una moda y por darle gusto al gobierno de EEUU encabezado por Donald Trump de que estamos actuando y luchando contra el narcotráfico y la delincuencia; lo del domingo debe quedar como una lección para hacer mejor las cosas como sociedad y a nivel individual, ¡basta ya!

*Editor de la Revista Educ@rnos. jaimenavs@hotmail.com

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