La formación de conceptos

 In Carlos Arturo

Carlos Arturo Espadas Interián*

Referir el mundo implica el uso de lenguajes y, entre ellos, el que ha priorizado nuestra civilización hasta hace pocas décadas: se encuentra el lenguaje verbal y escrito. Comparte elementos comunes con todos los lenguajes: referencia simbólica de lo enunciado, configuración de lo referido dentro de una cosmovisión específica de un entorno cultural temporalizado y condicionado con variaciones al interior de los sectores socioculturales-educativos y de estos entre individuos que lo componen, componente antropológico que explica su razón de ser como ser humano y que le imprime sentido a lo referido.
Todos estos elementos se amalgaman en una construcción semántica que no necesariamente se refleja en la metodología de las redes semánticas, sino en un entramado que usa todo lo que el ser humano es y que va más allá de la memoria y que no se compone de elementos lingüísticos, sino también sensoriales, espirituales y demás.
Así, para la construcción conceptual, el ser humano, al expresarse, recupera todos estos componentes mencionados, donde muchos de ellos forman parte de un sustrato geológico que se manifiesta en la fineza de palabras, códigos, mensajes y metamensajes resultantes.
Además de esta recuperación, se tiene que el lenguaje en sí mismo contiene formalismos y posibilidades culturales-civilizatorias en un momento histórico que limitan, posibilitan y condicionan su construcción.
Por ello, en la génesis del concepto se encuentran todos estos elementos, unos ocultos, otros que se develan y otros más que para ser detectados requieren echar mano de un análisis que evidencia los contenidos ideológicos, generalmente existentes claramente en el metamensaje.
El lenguaje conceptual entonces devela, materializa, oculta y disfraza en función de sus posibilidades que todos los componentes civilizatorios permiten, más las formativas de cada ser humano que, inscrito en estos contextos, los construye y emplea.
Al usar conceptos, recuperamos un componente que en ocasiones pasa desapercibido: la cosmovisión del sujeto enmarcado en una cultura que existe en un momento histórico. La riqueza de los conceptos, aunque pretende una intemporalidad y eliminación de lo subjetivo, no puede eliminar lo subjetivo-colectivo interrelacionado en contextos concretos tangibles e intangibles, aunado a las experiencias de cada ser humano en su especificidad, y que únicamente se refiere a lo pragmático, sino también a lo espiritual.
Otro elemento constitutivo que se engarza con todo lo anterior se encuentra en las posibilidades que otorga la filosofía y los paradigmas científicos, sobre todo cuando al día de hoy, posiciones epistemológicas que antes eran consideradas poco válidas para construir conceptos, cobran fuerza, como es el caso de las epistemologías del sur.
Con ello, el campo conceptual humano se enriquece complejamente y se abren posibilidades de recuperar cosmovisiones que se consideraban extintas por las tradiciones dominantes en la construcción del conocimiento legitimado por las estructuras de soporte del poder de sectores sociales reducidos, mejor conocidos como la clase en el poder.

*Profesor–investigador de la Universidad Pedagógica Nacional Unidad 113 de León, Gto. cespadas1812@gmail.com

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