La despedida
Jaime Navarro Saras*
Decía una vieja conocida que despedirse era como morir un poco; enseguida leyó el poema Chau número 3 de Mario Benedetti: Te dejo con tu vida, tu trabajo, tu gente, con tus puestas de sol y tus amaneceres… Después de ello nunca la volvimos a ver; o aquella vez en la estación ferroviaria de Calasparra en Murcia, que ya no existe, me despedí de Caty después de haber coincidido un verano en la Escuela de Expresión y Comunicación de Barcelona con Carme y María Aymerich; incluso la ocasión en que el tío Cayetano me platicó de sus andanzas con el tío Lázaro, donde vivieron complicidades, pleitos y anécdotas significativas, con un dejo de nostalgia me comentó que le gustaría volver a verlo aunque fuera la última vez, cosa que nunca sucedió porque el tío Caye (como le decíamos de cariño) murió hace 20 años y el tío Lázaro un par de años. Qué decir con los seres queridos, en especial nuestros padres, cuando dejaron el mundo terrenal.
Cada despedida está llena de recuerdos, la mayoría gratos, los cuales se reúnen en un baúl que abrimos cada vez que recurrimos a imágenes de felicidad o melancolía para que la nostalgia nos rescate del caos.
Quienes nos dedicamos a la docencia no estamos ajenos a las despedidas, principalmente al final del ciclo escolar, tanto para los compañeros que cambian de escuela, comunidad y se jubilan, como para los estudiantes que pasan de grado, que terminan sus estudios o los que a medio ciclo migran porque sus padres tienen que buscar otro tipo de trabajos, tanto en México como allende las fronteras. Hay despedidas que son para siempre y otras temporales.
De tantas despedidas, recuerdo una muy significativa. En ese entonces laboraba en una escuela del sur de la ciudad de Guadalajara; El Sauz se llama la colonia. Es una zona que se pobló de departamentos de interés social para obreros y empleados, pero que, por cuestiones de la emergencia habitacional provocada por el terremoto de 1985, llegaron a ese lugar múltiples familias provenientes de la Ciudad de México. De la noche a la mañana, esa zona de Guadalajara se achilangó.
Desde entonces se incrementaron significativamente fenómenos que en Guadalajara y, sobre todo, en el sur de la ciudad ya eran conocidos, como los robos habitacionales, a transeúntes, de autopartes, compra y consumo de drogas y cosas por el estilo.
Junto con la población emergente de El Sauz llegó la construcción de escuelas de educación básica: jardines de niños, primarias y un par de secundarias. Al inicio llegaban niños y adolescentes de las colonias aledañas como Villa Guerrero, Polanco, Polanquito, Jardines de San José, el Fraccionamiento Colón, Del Sur y hasta Del Fresno. Después, estas escuelas fueron insuficientes y a la fecha hay cierta despoblación; en el caso de la secundaria general, de tener 36 grupos (18 por turno), hoy con trabajos llenan el turno vespertino.
En la secundaria citada había una alumna, la cual conocí, aunque nunca tuve cercanía porque no estaba en los grupos que atendía y en trabajo social, donde tenía unas horas comisionadas; la atendían la psicóloga y la trabajadora social por su conducta atípica, cosa que sucedía con cualquier estudiante por los múltiples arrebatos provocados por su familia disfuncional o cualquier otro tipo de fenómeno. En una de esas visitas al área de servicio social, la estudiante se veía feliz porque decidió que lo mejor era irse con su papá, quien, al parecer, no vivía con su mamá. Lo cierto es que así pasó: la niña no regresó después del fin de semana y a los días la mamá asistió sólo para informar que su hija había fallecido en un accidente. Cuando la psicóloga indagó un poco más y le comentó que estaba muy feliz porque se iba a ir con su papá, ¿cuál fue su sorpresa cuando la mamá le comentó que su papá tenía un par de años de haber fallecido y que desde entonces su hija entró en una crisis?
La despedida es y será siempre un principio y un final de algo, unas veces llenas de felicidad y otras, como en el caso de la mamá, la familia y los compañeros de grupo de esta niña de El Sauz, de tristeza por la manera de cómo se fue de sus vidas y sin decir más…
*Editor de la Revista Educ@rnos. jaimenavs@hotmail.com
Yo he vivido todas estas despedidas y he aprendido a no decir adiós ahora digo hasta que el destino nos cruce nuevamente
Saludos Jaime
Desde un puntito perdido en España
Algún día estimada Niria