La constitución como objeto de lectura
Rubén Zatarain Mendoza*
Antes de la reincorporación de asignaturas como la Formación Cívica y Ética, se atribuía de manera simplista al abandono del civismo parte de la problemática social, en particular la ausencia de cultura de la legalidad en individuos y comunidades.
Como a veces acontece en contextos de crisis social de seguridad, es fácil voltear hacia la escuela y señalar responsabilidades no del todo justas.
La problemática social, económica y de seguridad es emergente, multifactorial y compleja; por tanto, no es suficiente ni lo será incorporar al currículum formal una asignatura, o ahora un campo formativo con presencia del civismo, para formar los ciudadanos proclives a la cohesión social.
Las inequidades atraviesan la coexistencia pacífica entre los mexicanos; los nueve deciles de la pirámide de distribución del ingreso aglutinan a los más pobres y a la clase media en permanente estado de tensión.
La inseguridad tiene su nicho ecológico en comunidades en emergencia socioeconómica ubicadas comúnmente en esta parte de la pirámide social y cultural. La inseguridad y las prácticas delictivas nacen y se reproducen en condiciones de pobreza y pobreza extrema; ahí están los activos y actores delincuenciales con su propia dinámica, a veces al margen del proyecto de vida y valoral que ofrecen las instituciones escolares.
Hay entonces un acercamiento explicativo del mapa de inseguridad y de ruptura del tejido social. El juego simbólico de los gobiernos y sus gastos justificatorios forman parte del entramado del negocio de algunos ricos (un decil) que también lucran con el problema.
La formación cívica, necesaria siempre para la convivencia ciudadana y para la construcción colectiva del Estado de derecho y democracia, no puede satisfacer expectativas de todos más allá de sus posibilidades y objetivos.
Es poco —o mucho, según el ojo analítico— lo que se puede tener de impacto desde el ámbito escolar en el ideal de una sociedad basada en normas y leyes claras para todos.
Hay mucho trecho por avanzar y toda sociedad democrática debería sustentarse en un compromiso permanente de las generaciones mayores de 18 años de participación activa en el diseño colectivo de una vida social integradora y justa.
A la ciudadanía corresponden tareas importantes en el diseño de la gobernabilidad, asumir que la participación cívica y ciudadana rebasa la emisión del voto en procesos electorales.
El buen gobierno no es voluntad exclusiva de los gobernantes; es obligación y sentido de los gobiernos emanados del voto popular, paralelo a una vigilancia y exigencia ciudadana implacable en materia de convivencia sana, justicia social y seguridad pública.
Parte de la ruta posible de la responsabilidad ciudadana es el estudio detenido de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Leer, analizar y comentar individual y grupalmente la síntesis histórica de lucha social, política y económica que subyace en cada uno de los artículos, como pilares de ese documento conjunto que nos hace y obliga como mexicanos.
Comprender derechos y obligaciones, situar en este momento y espacio el rol y responsabilidad en la construcción de un país en pilares de Estado de derecho y respeto de la ley.
Estudiar y significar la carta magna puede ser una tarea didácticamente apasionante si participamos, escuchamos y complementamos saberes y experiencias.
La formación ciudadana rebasa los objetivos explícitos de una propuesta curricular de educación básica y el estudio de nuestra Historia Nacional y el conocimiento del marco institucional y jurídico es una tarea permanente.
La mirada histórica sobre el documento, los 109 años de su promulgación y vigencia, las reformas acumuladas y la celebración a través de la lectura oral como parte de algunos proyectos integradores y propuestas didácticas de las maestras y maestros.
El documento de la carta magna en manos de niños y adolescentes, la oportunidad de apropiación de algunos conceptos centrales y la significación diferenciada según el estadio de edad y los referentes.
Las dificultades de apropiación de algunas nociones importantes y los retos didácticos de comprensión más allá del nivel enunciativo o mnemotecnia.
El reto didáctico de captar el interés y participación en temas que no atraen, como los contenidos cívicos.
Nuestra constitución política como documento histórico cuya vigencia no ha envejecido, las mediaciones a elaborar para su apropiación y debate.
El texto y el contexto.
Las fuerzas representativas, las voces que se hicieron palabra y contenido, la rica década de acontecimientos en la historia de México que precede a su redacción.
Las ideas progresistas, liberales y conservadoras, el legado del siglo XIX y la huella inmediata colectiva del porfiriato.
La noción de Estado-nación, de soberanía y federalismo.
Los antecedentes y diputados participantes, su promulgación en la ciudad de Querétaro.
La simultaneidad con eventos trascendentales como la Primera Guerra Mundial y la revolución rusa en 1917.
México lejano y cercano en el tiempo histórico, el Congreso aquel constitucionalista encabezado en el poder ejecutivo por el coahuilense Venustiano Carranza.
La Segunda Guerra Mundial y la importancia estratégica de la unidad nacional.
La carta magna como cimiento y soporte de nuestra vida institucional.
La Constitución antes de la creación de los partidos políticos que irrumpen en la escena política de manera sectaria y se disputan por medios diversos el proyecto de nación.
El documento que rige los asuntos del trabajo obrero y del campesino, temas torales como las condiciones generales de trabajo y los salarios mínimos, el desafío de la reforma del campo; la carta magna antes de las actuales organizaciones sindicales, de las actuales 32 entidades federativas y su adscripción ideológica dominante, las historias locales y la historia nacional.
El gran tema de la justicia social en el vertedero ideológico de fuentes, la libertad de expresión de las clases hegemónicas y la libertad de hartazgo y no-importaquismo cíclico de los marginales de la economía.
La carta magna, los partidos políticos y el sindicalismo orgánico en derrumbe, el poder y el dinero, la falsa democracia, los carteles inmobiliarios y el falso ecologismo para lucrar con conductores de automotores; el priismo, el panismo, el MCismo, el Morenismo.
La gesta heroica de un pueblo por hacer vigentes y reales sus principios fundamentales.
El documento y la reforma agraria, la institucionalización y crisis del ejido, la convivencia entre los distintos niveles de gobierno y las cámaras alta y baja del Congreso de la Unión.
El país alienado al respeto de los derechos humanos como aspiración, el consenso social sobre las obligaciones, la justicia y su impartición, la seguridad, la regulación de la radio y la televisión, la riqueza nacional del subsuelo y los océanos.
Los hombres y mujeres, la población y sus sueños y condiciones materiales de existencia y subsistencia.
La seguridad y el federalismo, el tema de la soberanía y las heridas abiertas del siglo XIX-XX.
Leer la Constitución como vía de enriquecimiento de nuestra memoria y obligaciones cívicas. La pertenencia, la identidad y el reto de construirse como mexicanos y mexicanas.
*Doctor en Educación. Profesor normalista de educación básica. zatarainr@hotmail.com
La crisis civilizatoria permea la complejidad educativa, desde la urgencia y emergencia social, se vislumbra el inédito viable de una pedagogía de la esperanza.
Es necesario virar hacia la compartencia, en vez del modelo de competencia hacia donde conduce el sistema social neoliberal, en el que impera el interés personal por sobre “el común”.
Releer los derechos y garantías individuales enmarcadas en nuestra Carta Magna, es un recordatorio del ideario que nos cohesiona como nación, estado y comunidad en un horizonte de sentido hacia el cual caminar, este 5 de febrero una oportunidad para resignificar su contenido en el despliegue de la acción ciudadana.