Infancias, del dicho al hecho

 In Rubén Zatarain

Rubén Zatarain Mendoza*

Uno de los elementos constitutivos del grado de consolidación de las civilizaciones humanas es el desarrollo de los sistemas de protección institucionales traducidos en normas para protección de las infancias.
Otra característica es la propuesta de condiciones materiales, educativas y culturales en el entorno inmediato de la familia con sus prácticas de salud, alimentación, vestido y vivienda.
Una de las características de la dimensión normativa en materia de educación de la infancia es establecer la obligación de los padres o tutores para que sus hijos e hijas acudan a la escuela preescolar, primaria y secundaria.
Del dicho al hecho hay mucho trecho, sugiere un antiguo refrán.
Entre la aplicación de lo normativo y el cumplimiento de la obligación del Estado para hacer que los niños, niñas y adolescentes cursen por lo menos su educación básica aún hay trecho por alcanzar.
La corresponsabilidad de las madres y padres es otro dicho donde hay todavía brecha por acortar.
Las infancias como tema y como mensaje político son un tema recurrente en las izquierdas, centros y derechas.
En su origen, las familias y su modelo formador tienden a los buenos valores y modales aspiracionistas; en lo político, la familia mexicana tiende, sin ser monolítica, a los valores conservadores.
El “pórtate bien”, verbalista y de estrategia elemental, es una de las direcciones de formación moral de reproducción generacional.
En este sentido, muchas veces, las prácticas familiares de relaciones humanas y comunicación no son concurrentes con los preceptos y consejas verbalistas; una cosa es lo que el niño o la niña escucha y otra cosa es lo que ve en la interacción y vida cotidiana. Nuevamente y desde el microanálisis, la frase “del dicho al hecho”.
La mirada de la sociedad adulta sobre las infancias, lo que se trata de comprender, las áreas a fortalecer y necesidades propias de su desarrollo y sociales cambiantes aún por interpretar; la infancia no es una etapa objeto sobre la cual hay que inyectar valores y miedos de una sociedad adulta en proceso de realización.
La mirada de las infancias sobre la sociedad adulta que les educa en su imaginario educador, las rupturas y la mutua débil decodificación.
La inalienabilidad de la educación de las niñas y los niños en esta sociedad producto de ensayos de supervivencia y pseudoconcreción de las maternidades y paternidades.
Las voluntades humanas y las formas de amar a las generaciones jóvenes, la salud social en la táctica y los espacios oscuros y de riesgo para un sector de las infancias donde la madre y el padre amorosos son una excepción.
La formación de los educadores en las coordenadas socioemocionales y cognitivas de estas infancias que transitan ahora por las aulas. Los saberes necesarios en materia de Psicología evolutiva y Pedagogía.
Las propuestas teóricas y su territorialización en cada una de esas biografías que cantan, juegan, disfrutan el aprendizaje, ensayan y padecen el proceso de socialización y aprendizaje de reglas.
Los niños y niñas, sus etapas de cambio y aprendizaje, el equipamiento metodológico necesario en los distintos objetos de conocimiento que promueve la escuela. Las culturas que portan su rico lenguaje verbal y conductual, el centro del debate en la práctica educativa, como plantea Piaget: “Nuestro problema, desde el punto de vista de la Psicología y desde el punto de vista de la epistemología genética, es explicar cómo la transición se hace de un menor nivel de conocimiento a un nivel que parece ser mayor”.
Las infancias y las pedagogías interdisciplinarias derivadas de las ciencias sociales en donde es objeto de estudio. El paradigma psicologista dominante desde el que se transfiere saber al magisterio, los pseudoestudios sobre la problemática educativa que dan para titulaciones a modo en las instituciones de formación inicial y de los endogámicos posgrados credencialistas, nicho de negocio cuasipersonal donde nadie mete mano rectora.
Los siempre presentes políticos y administradores de la educación de los niños que construyen feudos y desde esa dimensión sindical partidista aportan su granito de arena al deterioro del estado de cosas. La holgazanería, nepotismo, corrupción y militancia como sistema de vida de algunos y algunas.
Los caminos cortos de las carreras sindicales partidistas como antítesis de la lenta y accidentada carrera del científico de la educación y del buen maestro, donde hay arte y afectividad en el encuentro cara a cara con los educandos.
Las lógicas de las logias del subsuelo, el malestar de los maestros y maestras que leyeron el Día del Libro y leerán mañana en la estrategia nacional de lectura, los que se manifiestan contra la inoperancia de las representaciones sindicales; las lógicas empresariales y clericales que coexisten y contaminan la palabra con lemas tramposos como “ciudad de los niños” o con proyectos clasistas de formación del carácter u otras prácticas insultantes que devalúan el normalismo con eventos con presencia oficial, que legitiman cacicazgos y franquicias institucionales, escenarios particulares engañabobos con caricaturas de reina y rey de la primavera en eventos de aniversario del normalismo rural.
Todo el marco institucional de las entidades federativas debe ser evaluado con criterios de eficacia y eficiencia en materia de políticas de protección de las infancias; instituciones y burocracias como las Secretarías de Educación y Secretaría de Salud, en un ideal proceso de contraloría social, tendrían que rendir cuentas en su vocación operaria funcionalista de normas, instituciones de informes falaces de hechos en recintos de cantera, mientras deja de rodar el sistema y no hay resultados visibles en materia de concreción de una educación de calidad, que sería el mínimo aceptable de un Día del Niño digno y respetuoso, de ellas y ellos, los menores.
A nivel nacional es posible identificar estrategias como la beca Rita Cetina para los niños, niñas y adolescentes de educación primaria y secundaria.
A nivel local se aprecia ausentismo e inercia en las acciones concretas, más allá de eventos teatrales de entrega de Chromebooks en videos y fotografías en redes sociales y prensa. Más allá de emergentes mesas de negociación y de asunción fingida, operarias a medias de las disposiciones de observancia nacional a favor de las infancias.
Hay una caja negra burocrática que todo el mundo sostiene con acciones cosméticas y con omisiones; hay una clase política cuya presencia misma y continuidad es ya la antítesis de aplicación de las políticas públicas inteligentes a favor de los niños.
Lo real es acostumbrarnos a la ausencia de dirección y leer sin comprender metas a 2030 o 2040 como requisito de ley de planeación de plan de desarrollo Pinocho o como batido de acuerdos y negociaciones entre dos o tres hablantes como mínimo aceptable de lo que se hace.
Lo urgente es plantear acción y reflexión de si el sistema educativo atiende su misión social y si la lista creciente de innombrables oficiales y sindicales siente más allá de la epidermis y la palabra cafetera fácil; el filos sobre la ética y amorosa educación de la infancia.

*Doctor en Educación. Profesor normalista de educación básica. zatarainr@hotmail.com

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