Impactos educativos del amiguismo

 In Carlos Arturo

Carlos Arturo Espadas Interián*

Amigos, cuates, conocidos entrañables unidos por simpatía, afinidad, compadrazgo, proyectos, visiones de mundo, aspiraciones y demás. Se identifican, reúnen y trabajan por causas que les son comunes o al menos afines; por ello hay una especie de alianza que los hermana, vincula y busca logros compartidos.
Estos vínculos se manifiestan en tres formas claras –con variaciones y formas de manifestación intermedias–: La primera se mueve por altruismo, afectos, de satisfacción personal o profesional, humanos, desinterés en cuestiones materiales y poder, entre otros. La segunda: vínculos momentáneos, débiles, enfocados y focalizados en diversos aspectos. La tercera: económicos-personales, laborales, poder y de escalar puestos, entre otros.
Todos están presentes en nuestra civilización, sistema educativo y centros escolares incluidos. Estos vínculos direccionan la vida, configuran y definen cómo funciona, opera y late el espíritu en cada sistema, estructura-organización y centro de trabajo.
La suma de estos vínculos –con los sustratos que los animan– dinamiza, da vida y configuraciones al margen de la formalidad de marcos normativos y estructuras formales. Si son comunes, las estructuras –incluyéndose los centros escolares del nivel educativo que sea– caminan en una dirección, sin sobresaltos; esto no quiere decir que con ello cumplan cabalmente con la misión social, cultural y civilizatoria encomendada a esa estructura.
Cuando no coinciden los sustratos de estos vínculos, se generan situaciones detonantes de conflicto, los mismos que, dependiendo de variables, pueden ser latentes o manifiestas. El diálogo genera posibilidades de articulación entre estos sustratos y con ello el sistema, la estructura, regresa a su equilibrio. Sin embargo, cuando esos sustratos son irreconciliables, por ejemplo, cuando un sustrato apunta hacia el bien común-libertad y el otro hacia el poder-sometimiento, se tienen conflictos que van más allá del diálogo.
Aquí es donde los amiguismos entran en juego; más allá de los marcos normativos-derechos producto de luchas históricas, esos amiguismos pasan como aplanadora sobre ellos, con mentiras, distorsiones discursivas, argumentos ad absurdum, reduccionismos, desprestigios, anulación u ocultamiento de logros, amenazas veladas o directas, asesinatos o desapariciones, dependiendo del nivel de poder que se ambiciona o tiene, así como la cantidad de dinero, bienes que se controlan.
Al final se someten voluntades, seres humanos, y con ello los vínculos se fortalecen porque, además de los sustratos, existe un componente que cohesiona a partir de cubrirse las espaldas; son los famosos compromisos de grupo que van más allá de las personas y que, incluso sin conocer a la persona, por ser integrante de ese grupo, recibe todo el apoyo.
La dinámica y resultados derivados, que quisieran fueran desapercibidos, se traslucen y llegan hasta el estudiantado y con ello se les enseña algo que, en ocasiones, contradice el deber ser de los centros escolares desde la perspectiva cultural y civilizatoria; se contradicen todos los ideales altruistas y se promueve mezquindad.
El amiguismo dirigido por esos sustratos de deterioro civilizatorio lacera, humilla, empobrece y denigra a todos. Lo lamentable en nuestro país, sistema educativo y algunos centros escolares es que ese sustrato se ha convertido en la columna que vertebra su funcionamiento y por ello existen situaciones que van más allá del diálogo y se desbordan las situaciones.
Algo a recordar: cuando se dialoga con alguien que se ha sometido –por ejemplo, un grupo de personas amenazadas–, no es diálogo, es acatamiento y sometimiento.

*Profesor–investigador de la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 113 de León, Gto. cespadas1812@gmail.com

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