Humanum est

 en Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

A fines de octubre de 2021 se anunció que se había iniciado el proceso de beatificación de un profesor de la Universidad de Guadalajara (UdeG) (https://www.expreso.com.mx/seccion/expresion/colaboracion-especial/365002-profe-de-la-udeg-santo.html). Entre sus méritos podría citarse el de la consistencia y quizá, como en el caso de otra figura de reciente canonización como fue San Juan Diego (el mensajero semi-involuntario de la guadalupana en el siglo XVI), el de su humildad y obediencia. Varios noticieros pasaron nota del proceso formal de santificación del profesor Arturo Álvarez Ramirez (1935-1992; por ejemplo: https://www.youtube.com/watch?v=bs3qcPPyn0c). Fuera de los esfuerzos cotidianos de los estudiantes por poner a prueba nuestra paciencia a la manera de Job y acercarnos a la santidad a la que, dicen los creyentes, todo humano debería aspirar, este caso representa una de las facetas posibles entre quienes formamos parte de las instituciones escolares. Esta instancia muestra la posibilidad de ampliar la ECLESIÓSFERA hacia instituciones declaradas e identificadas como laicas en el sentido de no profesar credo religioso alguno (no en el sentido de ser creyentes sin roles sacerdotales). Cabría preguntarse si la promoción de su causa es parte de intentos de determinados sectores de una iglesia específica (una que lleva un registro o canon de los santos habidos) por extender su influencia a los ámbitos educativos, más allá de las escuelas particulares que explícitamente se adscriben a un credo religioso. Como señala Renée de la Torre, “la curia católica, por un lado, se percibe amenazada e implementa cruzadas para reconquistar eclesiósferas en los ámbitos de la salud; la educación, la legislación de la familia; y los derechos Humanos; y por otro, encuentra los canales para acceder a las decisiones de estado. esta nueva situación va demarcando progresivamente el traslape de la línea que dividió durante décadas al político del católico” (en: http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/gt/20121213010651/Crucesinterseccionesconflictos.pdf). El término de eclesiósfera, apunta De la Torre, “fue acuñado por Emile Poulat (1994), para referirse a las esferas sociales donde la iglesia y el cristianismo se mantienen vigentes dentro de un mundo cada vez más secularizado”. Si ya Max Weber (1864-1920) insistía en que el aula no debe ser escenario de la promoción de las afinidades políticas, ¿debemos considerar cómo evitar las prédicas de otras esferas ante aquellos con quienes nos relacionamos en las aulas?
Conocemos todos que, como docentes y como aprendices, roles a los que estamos ligados en nuestras condiciones humanas, también nos exponemos a equivocarnos, a mentir sin querer por falta de información, a conocer parcialmente y no disponer de todas las vías posibles de acción, a que nuestras decisiones deriven en consecuencias inesperadas (deseables o no). Es por eso que, más allá de las “heurísticas” que nos proporcionan teorías o doctrinas que guían nuestras acciones, hemos de ser vigilantes respecto a los límites que establecen nuestras necesidades, urgencias y proyectos de vida. De ahí que no nos extrañe, aunque nos indigne, que existan casos hacia el otro lado del rango de la moralidad en las instituciones educativas. Tal es el caso del magistrado con licencia, José de Jesús Covarrubias Dueñas (profesor y exjefe del Departamento de Derecho Público de la UdeG), denunciado por abuso sexual por parte de una estudiante en 2014 y acerca del cual se ha iniciado en días recientes, a raíz de una nueva denuncia por abuso sexual infantil, un proceso de desafuero como magistrado (https://lider919.com/prepara-congreso-el-desafuero-del-magistrado-acusado-de-abuso-sexual-infantil). Los cientos y miles de casos de abuso sexual infantil develados en 2021 en la iglesia católica, de manera notable en las acciones de ésta en Francia, se unen a las instancias en las que estas “debilidades” e “inclinaciones” de quienes están a cargo de vigilar y promover el comportamiento moral y de enseñar a otros el camino recto de la santidad, acaban por desviarse dados los apetitos y también las protecciones institucionales que los dotan de contacto y poder sobre sus víctimas.
¿Qué enseñanzas nos dejan estos casos en los que las instituciones son capaces de albergar en sus espacios a santos y a perversos? ¿Cómo es que estos individuos logran desviarse (excediendo o quebrantando) de las expectativas de buen comportamiento estipuladas por las instituciones? ¿En qué medida las normas y comités de vigilancia dentro de las instituciones están también limitadas por su carácter humano y la siempre presente posibilidad de desviarse de sus encargos? ¿Hay posibilidades de promover las tendencias solidarias y a la vez prevenir las tendencias predatorias de las personas en las instituciones?

(Foto tomada del periódico El Excélsior)

*Doctor en ciencias sociales. Departamento de sociología de la Universidad de Guadalajara. rmoranq@gmail.com

  • Tomás de Híjar
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    El conocimiento directo que tengo de la vida y obra de Arturo Álvarez Ramírez me permite opinar con conocimiento de causa que lo notable de su caso fue la congruencia a su vocación docente y el modo sistemático gracias al cual pudo entregarse en cuerpo y alma a esa vocación, más allá del modo y forma en la que él sostuvo sus motivaciones. Hijo de un maestro albañil, forjado en el seno de una familia humilde y de raíces indocristianas del sur de Jalisco, Arturo decidió consagrarse por entero a las ciencias exactas y al ejercicio magisterial como una manera de aportar a la sociedad, desde las trincheras de la universidad pública y gratuita en la época pesada del anticlericalismo, en la que la consigna era borrar de la conciencia de los escolapios la fe religiosa: Artículo 3o. “La educación será socialista Y además de excluir toda doctrina religiosa combatirá el fanatismo y los prejuicios, para lo cual la escuela organizará sus enseñanzas y actividades en forma que permita crear en la juventud un concepto racional y exacto del universo y de la vida social”, de modo que cuando todavía era operativo lo de “excluir” y “combatir” esos aspectos espirituales, un varón de una pieza, al que todos los que fueron sus pupilos (todos, en este caso, es exacto) recuerdan con veneración bien podemos verlo como un beneficio social en un clima institucionalmente enrarecido ahora mismo para la Iglesia católica y para todas las confesiones religiosas. Por otro lado, el análisis del articulista es tanto más objetivo como puntual, es decir, no ajeno a seguir de cerca la seriedad con la que se estructure este proceso canónico para agregar a la lista de los santos de la Iglesia católica a un varón laico que sin duda jamás deseó tal cosa o tuvo el menor interés por ello.

  • Gaby arthur
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    Mis respetos para el padre Tomas, párroco insustituible de nuestra Parroquia de Guadalupe

  • Rubén Rodríguez Balderas
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    Para el Dr. Luis Rodolfo Morán Quiroz.
    Estimado Doctor: soy el Dr. Rubén Rodríguez Balderas. En los últimos 4 años he intervenido en la investigación histórica para valorar si era justo iniciar esta causa de Canonización.
    Comencé con cierto escepticismo, pero he acabado convencido de la gran altura humana, científica y espiritual del “Inge” Arturo (así le apodaron cariñosamente sus alumnos y colegas).
    Con gusto pongo a su disposición más de 900 documentos que reflejan la vida ejemplar de este personaje, que supo embonar armoniosamente su vida de “excelente profesor, formador y forjador”, con una vida de fe católica muy sólida y una simpatía personal increíble.
    Me dará mucho gusto conocerlo. Quedo a sus órdenes.

  • Rubén Rodríguez Balderas
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    Para el Dr. Luis Rodolfo Morán Quiroz:
    Estimado Dr., soy el Dr. Rubén Rodríguez Balderas. En los últimos 4 años he trabajado en reunir los documentos históricos que permitieran valorar si era justo intentar la causa de canonización del “Inge” Arturo, como le apodaron cariñosamente sus alumnos y colegas.
    La verdad es que inicié con un cierto escepticismo, pero pronto me convencí de que estaba y frente a un personaje de talla universal, que supo ensamblar en su vida una alta categoría profesional como “profesor, formador y forjador” de 33 generaciones de alumnos de la Facultad de Ciencias Químicas de la U de G, con una sólida vida de fe católica y una simpatía increíble.
    Si usted quisiera conocerlo más a fondo, pongo a sus órdenes más de 900 documentos que reflejan su vida ejemplar. Además, me encantaría conocerlo a usted, pues comparto su interés por educarnos. Le mando un abrazo y quedo a sus órdenes.

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