Héroes anónimos

 en Rubén Zatarain

Rubén Zatarain Mendoza*

En el tema de Historia, muchos de los elementos aprendidos en la lejana educación secundaria, mi generación los aprendió del texto “Esbozo de Historia universal” escrito por el alemán Juan Brom Offenbacher.
Este texto fue publicado en 1962 por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.
Después, con adecuaciones se publicó a nivel nacional por la editorial Grijalbo en 1973.
Esta última versión, antes de las sucesivas correcciones, era la que se ordenaba en mi mochila de adolescente de secundaria técnica agropecuaria.
De aquel pequeño libro de pasta amarilla que llegó a mis manos de manera reciclada (en razón de que había sido propiedad de dos de mis hermanos) nace mi gusto por comprender la Historia, un objeto de conocimiento apasionante cuya estructura lingüística particular y su ordenación en secuencia cronológica, es producto de distintas fuentes y evidencias, es producto del esfuerzo didáctico de variadas plumas.
Más tarde tendría oportunidad de asistir a una conferencia del profesor Brom, licenciado, maestro y doctor en Historia Universal por la UNAM y entender un poco sobre el método científico en el campo de lo social.
Entonces –recomendaba en su disertación– máxima objetividad cuando se analizan hechos históricos; pretendía que sobre los textos históricos había que formar un lector reflexivo y que cada uno de ellos elabore su propio juicio basado en una rica documentación de los hechos.
Mucho del por qué estudiar historia quedó más claro aquella mañana en voz de este académico. Después vendrían nuevos maestros, nuevas voces y aportaciones.
Autores como Ciro Eduardo González Blackaller o en Geografía económica el maestro Bassols Batalla (fallecido en Guadalajara en 2012), por ejemplo, fueron referencia de la formación de maestros en temas sociales en la reforma currícular de 1974 en el nivel educativo de secundaria.
Aportarían en sus textos escolares color y representaciones gráficas para ampliar la mirada sobre la dinámica social y conocer tópicos como la permanencia y continuidad de las luchas del pueblo mexicano.
La confluencia de la interdisciplina para entender y enseñar la estructura compleja de nuestra sociedad en el tiempo histórico se habría paso muy lentamente.
Manipulado desde su origen mismo en las tablillas mesopotámicas, en los textos sagrados como el Código Hammurabi, el Zend Avesta, el libro de los Muertos, el Mahabharata, la Biblia selectiva desde los rollos del mar Muerto o el Corán, no es fácil entender el contenido histórico al margen de la historia oficial o del sentido de pertenencia y adscripción política e ideológica de quien la escribe.
Hacer ciencia del pasado del hombre, de las civilizaciones humanas abrigadas por los grandes ríos y vasos lacustres, o bañadas por las aguas del Mar Mediterráneo ha sido objeto de atención de pocos científicos sociales.
La oportunidad de la escritura, la afinación de los instrumentos de investigación histórica, las tecnologías mismas han abierto brechas de respuesta a algunas interrogantes sobre nuestro devenir.
La Historia y el desbrozamiento de los registros desde escritores como Heródoto, Tucídides, Alfonso X o Voltaire, entre otros.
Los historiadores modernos, fenicios centaveros como el Ingeniero Industrial Enrique Krauze o algunos improvisados cronistas de pueblos y ciudades, apologistas de administraciones municipales y estatales urgidos de chapa “académica” y de registros a modo.
Del libro aquel de Juan Brom viene a cuenta la cita inicial del poema del dramaturgo alemán Bertolt Brecht “Preguntas de un obrero” que ya subraya el rol de los héroes anónimos:

“En los libros se mencionan los
Nombres de los reyes
¿Acaso los reyes acarrearon las piedras?
(…..)
Cada página una victoria
¿Quién guisó el banquete del triunfo?
Cada década un gran personaje
¿Quién pagaba los gastos?

A tantas historias, tantas preguntas”

Del poema de Brecht tiendo el puente a la noche del 15 de septiembre y el discurso presidencial y arenga final:

¡Vivan los héroes anónimos!

Si. Los ciudadanos del país cuya memoria histórica y conciencia patria es intermitente, tenemos una deuda con las masas anónimas que han contribuido a esculpir esta nación con estas particularidades.
Esta patria cuyo devenir histórico a veces desconocemos, pero que se cimenta en aquellos hombres y mujeres que desde 1810 a 1821 siguieron la causa de la independencia.
En los hombres y mujeres que ofrendaron su vida por la causa juarista y contra la invasión francesa y el imperio de Maximiliano.
En esas masas de campesinos y obreros que a la convocatoria de la Revolución dieron la batalla para sacudirse la dictadura porfirista.
A los constructores de este país y sus instituciones, a los representantes del pueblo que dieron fisonomía, marco jurídico y derechos en los recintos legislativos de los Congresos constituyentes de 1824, 1857 y 1917.
A los hombres y mujeres con sombrero y huaraches que desde sus jacales humildes y fogones humeantes forman la familia en los valores del trabajo en el campo y las costas.
A los hacedores de la industria en los talleres y las fábricas, a la clase obrera que hace caminar la vida en las ciudades y en las áreas petrolera y minera.
A los hombres y mujeres que tendieron cada una de las vías de tren, cada uno de los puertos y aeropuertos, cada uno de los caminos y carreteras donde nos llenamos de país en cada uno de los viajes con su rica biodiversidad.
Esos que han puesto orgullo nacional en la ciencia y tecnología, en sus letras, obras de arte, música, danza y teatro.
A los héroes anónimos vivos que en escuelas y hospitales construyen todos los días educación y salud en los últimos rincones de la patria.
Los hombres y mujeres que hoy resisten y hacen presente patria socioemocional y producen alimentos, resiliencia en hogares y barrios a través del cuidado mutuo, con el protocolo de salud en hogares, escuelas, espacios públicos y transportes.
A los patriotas menores de edad que hoy cultivan el amor a la patria en sus pupitres, libros y cuadernos.
A los héroes anónimos de la gestión en la construcción de escuelas en casi 100 años de vida de la Secretaría de Educación Pública.
Mientras aún resuena el eco del inspirador discurso del Presidente de la República en el tradicional grito de la noche del 15 de septiembre donde alude al valor histórico de los héroes anónimos; mientras, la república aún guarda la poesía hecha música en Voz de Lila Downs y guardamos la imagen del baile de nuestras mujeres de los pueblos originarios.
La tarea inconclusa de hacer patria nos sigue convocando en distintos frentes de lucha física y de debate de ideas.
Mientras agradecemos a los héroes que los registros históricos recuentan, extendemos la gratitud a aquellos héroes anónimos que tras bambalinas y desde las masas invisibles también colaboraron en la arquitectura nacional de nuestro destino.
La gratitud también para los héroes anónimos vivos de hoy, abundantes en las huestes trabajadoras y estudiosas que siguen aportando para que este país recupere la libertad, dignidad e independencia que merece.

*Doctor en educación. Profesor normalista de educación básica. zatarainr@hotmail.com

Comentarios
  • Griselda Gómez de la Torre
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    Gratitud a los héroes anónimos de quienes aprendemos cada día, que nos permiten crecer a su lado, conocer, plantear otro punto de vista, a los que llamamos: MAESTROS

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