Hacer la vida imposible

 en Luis Rodolfo Morán

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

Mal si tu respuesta es “sí” y mal si aventuras un “no”. Incorrecto que lo hagas pero también que lo dejes de hacer. Hay situaciones en las relaciones humanas y en el aprendizaje formal e informal en que parece que nos enfrentamos con problemas (resolubles) cuando en realidad son aporías, las que por definición carecen de solución.
En la escuela (y en la vida) a veces nos topamos con docentes, estudiantes y personas que creen plantear un reto de aprendizaje, cuando en realidad plantean imposibles. Hay quien se toma el desafío en serio y logra planteamientos creativos e incluso oportunos. Y parecería que el supuesto problema queda resuelto. Al menos a ojos de quien plantea alternativas. Pero no a los ojos de docentes o de personas que critican la solución por su sencillez, porque no se adivinó la solución “correcta”, porque es demasiado elaborada o porque simplemente se encontró una salida de un callejón que carecía de ella.
Lo trágico es que no se trata únicamente de tareas pequeñas en el camino del aprendizaje, sino que en muchos casos hay quienes ponen obstáculos a todas las posibles alternativas y acaban por declarar que cualquier esfuerzo por aprender se realiza en la aridez. Que nada fructificará, que ningún producto vale, que la creatividad no tiene cabida, pero que tampoco se puede recurrir a las soluciones que ofrece la tradición.
A veces se trata de personas o docentes perfeccionistas que, en dado caso de que alguien les planteara esos retos, tampoco podrían solucionarlos. Pero, aun así, los plantean a sus estudiantes o a otras personas (pensemos, por ejemplo, en los burócratas que exigen documentos inexistentes o términos y plazos imposibles de lograr) más que con el ánimo de solucionar o de estimula la creatividad y el aprendizaje, con el ánimo de frustrar todo intento de solución. Todo estará mal. Todo esfuerzo será insuficiente. Toda actividad cerebral está prohibida; toda respuesta verbal, escrita, dibujada, construida, les parecerá insuficiente.
Se han dado casos en que los estudiantes se dan cuenta de que en vez de tener docentes que estimulen el aprendizaje, tienen verdugos que, como en el cultivo de los árboles bonsai, se encargan de cortarles cualquier brote a los estudiantes y a las personas que los rodean. Intentan que a quienes les rodean les sea imposible vivir. Ya sea porque su propia incapacidad para aprender, crear, construir, los ha dejado atrás de tantos otros; ya sea porque no quieren que haya otros que avancen más de lo que ellos lograron hacerlo.
Para que no haya competencia profesional, declaran incompetentes a los posibles sucesores. Para que nadie aprenda los trucos del oficio, cuando encuentran algún discípulo tenaz que se acerca a develarlos, se encargan de señalar que sus soluciones y sus esfuerzos son vanos.
¿Cuántos de estos docentes, que se sienten perfectos y perfeccionistas, hemos encontrado en nuestros caminos escolares? ¿A cuántos estudiantes y aprendices hemos visto caer frustrados ante la imposibilidad de resolver aparentes problemas que son aporías puestas por sus supuestos mentores como obstáculos para frustrar los esfuerzos, las soluciones, los aprendizajes y los crecimientos ajenos? Cada quien su conciencia… o su inconsciencia; pero valdría la pena analizar en qué medida los problemas que planteamos se convierten en retos superables, o en contraposición, en maneras de hacer la vida imposible a los aprendices del oficio (profesional o de la vida).

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología del CUCSH de la UdeG. rmoranq@gmail.com

Comentarios
  • MANOLO
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    de un tiempo para acá los hechos me indican que los problemas educativos centrales: deserción, baja calidad entre urbano rural privado indígena etc en realidad NO son problemas sino RESULTADOS alcanzados exitosamente por un sistema educativo puesto al servicio de un sistema económico que requiere de estas desigualdades para explotar mejor, para cambiar un voto por un pobre, una foto de la gaviota por una solidaridad real…y así

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