Habermas y los educadores

 In Rubén Zatarain

Rubén Zatarain Mendoza*

El 14 de marzo, paralelo a conmemorarse el Día del Pi, día de la promoción del aprendizaje de los números, Día Internacional de las Matemáticas establecido por la UNESCO desde 2019, acontece el fallecimiento, a sus 96 años, del filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas en Starnberg, de su país natal.
Un día 14 de marzo de 1883 había fallecido Carlos Marx en Londres, Inglaterra, a sus 64 años.
La larga tradición de pensamiento alemán, Habermas, uno de sus referentes contemporáneos más influyentes.
Habermas y su obra, aportaciones y la mirada sociológica y filosófica territorializada necesaria. La acción comunicativa y dialógica comunitaria, la palabra y la interpelación a la práctica docente reflexiva y sus cimientos de lenguaje y comunicación en el tránsito del laberinto de la coyuntura del aquí y ahora, los cantos de las sirenas abundantes y somníferos en los medios de comunicación, gestionar la ignorancia colectiva en un piso frágil de felicidad consumista, Goebbels inmortal, la veta publicitaria pantalla de realidad. Aquel también alemán, los nuevos laberintos y juegos de espejos de los débiles y explotados, la emancipación posible ante los cuernos mismos del minotauro del imperio.
Habermas en las juventudes hitlerianas, el nazismo como forma organizativa en las armas y violencia que todo lo engulle, el imperialismo, la caída del Muro de Berlín, la crisis ideológica de la izquierda, el desvanecimiento doloroso de la URSS, la existencia de Israel y sus aliados incondicionales estadounidenses, los altibajos de la lucha por las ideas donde el capital compra intelectuales orgánicos y se viste de democracia para imponer presidencias serviles, lacayas, enfermas de protagonismo y avidez de traje neoliberal a medida de su palabra confusa y durmiente, gobiernitos de mil mañas, reproductores industriales de pobres y pobreza, esos que como moscas revolotean en la inmundicia del cálculo de la administración pública y se muestran siempre dispuestos a dar la espalda a sus representados y a los intereses nacionales.
La teoría crítica, el pensar como acto revolucionario, el arte de transformación y enriquecimiento de la discusión después de las sagradas escrituras marxistas del lado izquierdo del equipo y marxianas para los derechistas epidérmicos, de exceso y omnipresente oralidad, hábiles en el catecismo que envenena la interacción lingüística.
Tal vez desde los bucles, los goznes mismos de la espiral gráfica que es el pensamiento dialéctico de síntesis de su obra, podamos encontrar algunas respuestas a la realidad latinoamericana hoy que, desde la dictadura del imperio, se petrolizan y narcotizan las relaciones internacionales.
Tal vez desde los proyectos educativos, desde la coyuntura misma de construir una nueva escuela, desde el rol estratégico de la actualización del profesorado, desde el horizonte de construirse y formar el pensamiento crítico, Habermas y sus textos puedan susurrar algunas voces, algunas reflexiones sobre la dimensión filosófica (valores, fines) y la dimensión sociológica de estas sociedades siempre cambiantes en ruta de la jodidez estructural (la posmodernidad de las masas ilustradas en la vaciedad de un TikTok, un Instagram, un Facebook) y la legitimación de la ignorancia, entre otras instituciones en la escuela donde se cuajan espejitos de colores del más pobre exitismo.
Las pérdidas de los intelectuales en este momento de crisis identitaria y de significación en el campo de la ciencia y la práctica de lo social siempre duelen.
A algunos educadores la propuesta teórica y reflexiva de Habermas nos llegó tardíamente.
El curso de la formación normalista y de licenciatura, cuando mucho, hizo referencia a la línea de pensamiento filosófico marxista y neomarxista, como la escuela de Frankfurt; en general, el discurso enunciativo del profesorado y las escasas referencias constituyeron un obstáculo epistemológico inicial en un tiempo histórico negador del pensamiento de izquierda. Rezanderos de falso laicismo y con lecturas epidérmicas digitales, el pensar crítico se detuvo en las aguas aparentemente calmas del enfoque neoliberal. Los profes de mentalidad derechista, vaya contradicción histórica.
Más tarde, en el posgrado y en razón de la episteme misma del objeto social e histórico con autores como Wilhelm Dilthey y las ciencias del espíritu y los autores y referencias de la teoría crítica (Adorno, Horkheimer, Marcuse), hubo que acercarse a la propuesta habermasiana.
En su línea de pensamiento, estudiarlo es retador y no fácilmente asequible sin amplias referencias sobre la teoría marxista de la economía y el modo de producción capitalista, sobre materialismo dialéctico e histórico, sobre modernidad y posmodernidad, sobre poder y democracia, sobre hegemonía y aparatos ideológicos del Estado, sobre palabra y significación, sobre comunicación y deificación del medio, sobre el sur y el norte donde las instituciones religiosas y económicas dominantes trazan líneas y fronteras y se ponen del lado de los explotadores y poseedores.
Habermas y su preocupación sobre el destino de lo europeo, sobre cuestiones centrales como el diálogo y la acción comunicativa, sobre la palabra y la cuestión política entre pueblos y naciones. Habermas y su desafío de continuar la línea de pensamiento de la Escuela de Frankfurt, las dos Alemanias, las dos Europas, causa y consecuencia del colonialismo, los reacomodos que implican la Guerra Fría y la competencia armamentista nuclear, Corea, Vietnam, los movimientos de París y Praga en 1968, la caída del Muro de Berlín y la disolución de la URSS, lo judío, lo norteamericano, lo alemán y lo mundial como mercado de las guerras, el estrecho de Ormuz y la paz.
Los libros y la escritura de Habermas fueron prolijos. Por tanto, su herencia queda para la lectura analítica y crítica.
Hoy que seguimos una ruta de reflexión en el marco de la emancipación eurocentrista, con otras fuentes y otros autores (Freire, Dussel, Boaventura de Sousa Santos, Zemelman, Fals Borda, Maruja Acosta, Quintanar, Puiggrós, entre otros), cabe interpelar las categorías analíticas y el marco conceptual de Jürgen Habermas.
Lo social es muy amplio, lo histórico es longitudinal y nuestras capacidades de comprensión de la compleja realidad requieren de múltiples piezas.
La línea filosófica marxista y neomarxista, partiendo de los constitutivos de la realidad latinoamericana, sigue siendo potencialmente propositiva.
El contexto de festejo y normalismo rural, de los 100 años de la educación secundaria, de la amenaza de paro de la CNTE y del discurso de eterna repetición de lo mismo del SNTE. Los días contados del USICAMM y los sistemas de promoción y revalorización social del magisterio y su absurda legitimación de las inequidades.
Habermas, sus nociones y categorías analíticas y el enriquecimiento de la mirada. El debate de las ideas y la angustiosa lucha de clases donde a la clase trabajadora se le enferma de inmovilismo y ceguera paradigmática, el territorio de la impunidad mediática y las cacatúas que no cesan de atizar odio, la solidaridad internacional como un sueño entre el humo de la ira y encono de marca clasista cuando se convoca la causa del pueblo cubano.
Habermas ha partido después de una larga vida de aportaciones intelectuales. Para los educadores será una puerta por abrir para alimentar la mirada sobre lo educativo y para descubrir la fuerza de sus ideas en estas condiciones de emergencia de la coexistencia pacífica en Medio Oriente y en el mundo entero.

*Doctor en Educación. Profesor normalista de educación básica. zatarainr@hotmail.com

Comments
  • Griselda Gómez de la Torre

    Tal vez, desde la mirada del horizonte decolonial encontremos luces para repensar “La teoría de la acción comunicativa” y los aportes de Jürgen Habermas, desde nuestro territorio comprender la racionalidad de la acción social. Como docentes, tomar conciencia de la realidad que impera en nuestras comunidades para la comprensión categorial que implica primeramente situar nuestra realidad latinoamericana para desmantelar las estructuras coloniales y económicas que mantienen a medio continente fuera de la mesa del diálogo de los tomadores de decisiones que dirigen el destino de los desposeídos, que anulan la conversa y que impactan el devenir de lo social. A Habermas se le valora por darnos herramientas para desmantelar discursos autoritarios. Mas sin embargo, la urgencia está en descolonizarnos del pensamiento eurocentrista porque, somos testigos de que la acción comunicativa en nuestras realidades no se logra con instaurar “espacios democráticos desde una situación ideal de habla”, en el que la inequidad de circunstancias coloca al sujeto en desventaja por sobre el que ostenta el poder y acaparan la vos, hemos aprendido que el diálogo es una farsa que depende del posicionamiento de la clase social del sujeto.
    “Repensarnos desde el potencial crítico emancipatorio, exige dejar de abstraernos. Se requiere enraizar la crítica en la urgencia de asegurar la producción y reproducción de la vida de los empobrecidos, asumiendo sin vergüenza que sus mitos, su fe y sus narrativas son el motor legítimo de su propia liberación, la liberación integral es una urgencia vital” (Diálogo entre Dussel y Habermas)

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