Esperar

 en Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

Aun cuando no logro localizar la referencia en internet (es la segunda vez que eso me sucede con la red mundial, pues tampoco pude encontrar a Eckestehende Nante, un personaje alemán del siglo XIX, antecesor del actual Homero Simpson), recuerdo un cuento corto intitulado “Waiting”. La trama es muy sencilla: los jóvenes de la familia están hartos de atender al de mayor edad, que se la pasa sentado en una mecedora en la terraza de su casa. La casa es propiedad del anciano, que suele mirar al horizonte, irritable, lo que a la vez genera el mal humor de sus jóvenes parientes. Hacia el final, según estipula mi desmemoria tras varios años de haber leído la narración, los jóvenes le preguntan: “¿qué es lo que hace usted con su vida?”. El anciano responde: “espero”. Y añade: “espero a que llegue la muerte”.
Parecería que, en nuestro sistema escolar y sus subsistemas, de eso de tratara el juego: de esperar a que los infantes de la guardería crezcan lo suficiente para entrar a maternal y al jardín de niños. Esperar luego unos cuantos años para que los niños ingresen a la escuela primaria y para que la terminen. Algunos docentes y padres de familia, un poco cansados de esperar, organizan incluso actos académicos y “graduaciones” de jardín de niños y de primaria. Luego hay que esperar a que los niños terminen la secundaria y el bachillerato.
Los jóvenes se inscriben en alguna licenciatura en la que pasan buena parte de su tiempo a la espera de que inicien las clases y durante ellas esperan y tienen la esperanza de que ya se termine cada sesión. Los docentes esperan que lleguen pronto los fines de semana, las vacaciones, los días festivos (o incluso la fecha de su jubilación), mientras que algunos padres esperan que las vacaciones se acaben pronto para ver a sus hijos, convertidos en estudiantes, dejar el hogar para irse a esperar a otra parte. Todos esperan que se acabe ese aburrimiento de cursos que les atrajeron por sus nombres, pero que les decepcionaron por sus dinámicas (o por ser tan estáticos).
Una vez concluidos los cursos, los pasantes de licenciatura esperan a terminar los trámites para obtener su título. Mientras esperan, consiguen un trabajo que les permita sobrevivir mientras aparece la convocatoria para un posgrado al que puedan aspirar, para esperar a que llegue la beca, a que se acaben los cursos, a que puedan terminar los requisitos para obtener sus certificados de posgrado y luego esperar otro poco más, con la ilusión de que ahora sí, la vida tenga sentido, una vez dedicados a la especialidad por la que ellos, sus padres y los docentes han esperado tantos años.
Luego hay quien espera a que cambien las condiciones del mercado laboral, o del mercado de lo que sea su especialidad, que hay que esperar a que alguien la aprecie y le dé sentido más allá de las aulas. Mientras tanto, más salas (o aulas) de espera se interponen en el camino a la felicidad profesional y escolarizada. En espera de la idea genial, de la revolución social, del líder que sepa a dónde, cómo y por dónde llegar a la sociedad nebulosamente imaginada.
Desafortunadamente, nuestro sistema educativo todavía no ha generado suficientes agentes proactivos que puedan salir de la estática de la espera a que otros decidan, para meterse en la dinámica de la creación y del sentido del ejercicio profesional. Un sistema educativo que cambia a ritmo lento y que promueve la paciencia y la necesidad… de esperar. Algunos en espera de llegar a la mecedora para, como el personaje del cuento corto, esperar la muerte viendo al horizonte.

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología del CUCSH de la UdeG. rmoranq@gmail.com

Comentarios
  • Manolo
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    Aunque hay muchos mundos todos están en éste. Desde hace años trabajo contra la inercia a punta de ingenio standup y mucha risa. Trabajo con grupos de 25-30 y dedico tiempo al encuentro cara a cara. Leemos sus ensayos y en línea asesoró sus trabajos individualmente. Tengo el privilegio de ser profesor de TC en educación superior.

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