Entender a los maestros

 en Jaime Navarro Saras

Jaime Navarro Saras*

Después de haber pasado por un periodo complejo, donde su imagen se vio lacerada, vilipendiada y denostada por propios y extraños, en especial por los medios de comunicación quienes, por los cientos de millones de pesos que recibieron a lo largo del sexenio peñista, se encargaron de publicitar y difundir cuanta nota sensacionalista presentara a los maestros como los villanos de la telenovela, tal como Televisa y TvAzteca (entre otros) lo realizan en sus producciones melodramáticas y cuyo centro de la trama es basado en un maniqueísmo simplón y frívolo, cero matices entre lo negro y lo blanco, una guerra total entre buenos y malos, en este contexto y ante una reforma educativa que requería caminar, los docentes fueron convertidos en los malvados permanentes y sin derecho ni espacios para la réplica y autodefensa.
Ante ello, lo poco o mucho que se hacía en su defensa por unos cuantos intelectuales, docentes reconocidos y las resistencias en estados controlados por la CNTE, nunca logró minimizar el daño de dicha campaña mediática y, de la manera más vil convirtieron (estos medios perversos) al maestro en un producto comercial nocivo para la salud de la educación pública y la niñez de México. Fueron tiempos donde las escuelas Normales perdieron protagonismo ya que eliminaron de tajo la exclusividad que tenían para el ingreso al servicio docente, principalmente en educación preescolar y primaria.
Sabemos de sobra que el gran grueso del magisterio no proviene de las clases pudientes, los maestros son de extracción popular, antaño se caracterizaban por ser hijos de campesinos, obreros y empleados, en ese orden, justamente cuando las Normales rurales eran las instituciones formadoras de docentes por tradición y las responsables de generar oportunidades de desarrollo para las comunidades y poblaciones alejadas de las grandes urbes.
Con el paso de los años se han integrado al magisterio profesionistas de diversas áreas: medicina, leyes, psicología, ingeniería, letras, sociología, biología, etcétera, la gran mayoría sin formación pedagógica pero, como todo en la vida, esa ausencia no los hace ser mejores o peores que quienes egresaron de una escuela Normal, el asunto no es el origen de donde provienen, sino la actitud con que asumen la profesión, sé de casos excepcionales (porque he trabajado con ellos) de universitarios que se han convertido en docentes de excelencia, empáticos y facilitadores del conocimiento con sus alumnos, colaboradores con sus compañeros, propositivos e innovadores en la escuela.
El magisterio en México, sobre todo quienes laboran en las escuelas públicas, se mueven en un escenario ajeno a la propuesta educativa, no son parte de la construcción del diseño curricular de X o Y modelo o plan educativo, sino de la interpretación y práctica de los planes y programas de estudio, es un dilema complejo porque si las cosas salen mal el problema es de los maestros y si todo sale bien (que rara vez ocurre) es gracias al modelo educativo, suena cruel pero así es.
Desde que se empezaron a popularizar las evaluaciones nacionales e internacionales de los alumnos (PISA, Enlace, Planea), el tema es el mismo: la razón por la cual los estudiantes mexicanos se ubican en los últimos lugares a nivel internacional es por culpa de los maestros, esta idea tan sesgada sólo toma en cuenta, y de manera intencionada los resultados que se obtienen, no así el contexto socioeconómico y cultural del alumnado y las comunidades donde se encuentran ubicadas las escuelas, tampoco se discuten las condiciones socioculturales de los alumnos, la inversión a la educación, el salario del profesorado, el equipamiento de las escuelas tan como lo hacen los países líderes (Singapur, Corea, Finlandia, Hong Kong, Canadá, Estonia, entre otros).
La tarea educativa desarrollada por los maestros es y seguirá siendo un proceso demasiado complejo porque, entre otras cosas, son demasiadas las obligaciones que las autoridades educativas, los padres de familia y la sociedad le han adjudicado a la educación pública, si hay crisis de valores la escuela y los maestros deberán resolverlo, si han cambiado las prácticas de autoridad en el hogar también les toca a los profesores, si hay problemas de falta de hábitos y disciplina que le corresponde a la familia resolverlos son adjudicados al docente. En fin, de pronto el maestro se convirtió en médico, psicólogo, orientador, tutor, amigo, cobrador de cuotas, maestro de ceremonias, policía, custodio, etcétera, etcétera.
Los maestros no pueden ser más que eso, solamente son los responsables de la relación educativa entre ellos y sus alumnos, también los encargados de que éstos experimenten y aprendan contenidos que les sirvan para su vida cotidiana y poder construir las bases para su futuro como profesionistas, lo cual, aunque parece sencillo pero es demasiada tarea, lo demás, que no es parte de los procesos de enseñanza y aprendizaje, no les toca a ellos de manera directa, para eso existen los profesionales (pedagogos, orientadores, trabajadores sociales, psicólogos, terapeutas y demás) y, que, por falta de presupuesto es una carencia significativa en las escuelas.
Los maestros son y seguirán siendo sujetos que estarán con la población, su papel es fundamental en la vida de las personas, sobre todo con los niños y adolescentes. Los siguientes meses serán fundamentales para recuperar parte de su imagen noble que, de la manera más irresponsable, sujetos sin una visión social de la educación se encargaron de señalarlos como problemáticos, flojos, inconscientes e incultos, es pues, una tarea para las siguientes autoridades educativas provocar esa mejora de imagen del magisterio porque, se quiera o no, sin ellos no es posible la tarea educativa.

*Editor de la Revista Educ@rnos. jaimenavs@hotmail.com

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