En la encrucijada. ¿lecciones de civismo?

 In Invitados

Martín Linares Ramos*

Para los trabajadores de la educación, agremiados en la Sección 16 del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación en Jalisco, sonó la campanada del reloj que anuncia que aquello por lo que muchos propugnaron durante décadas, se encuentra a punto de convertirse en un hecho: la elección de sus representantes seccionales a través del mecanismo del voto libre, universal, directo y secreto, sin tener que delegar la propia facultad en una tercera persona.
Finalmente, y como consecuencia de factores externos tales como la presión internacional de la OIT (Organización Internacional de Trabajadores) al igual que los Acuerdos establecidos en el TLCAN (Tratado de Libre Comercio para los países de América del Norte); y factores internos tales como el cumplimiento de compromisos llevados a cabo por la llamada 4T y asumidos por el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, así como el permanente reclamo que manifiestan expresiones sindicales desde el interior del SNTE –preponderantemente la CNTE (Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación)–, a los sempiternos dirigentes del Sindicato más numeroso de América Latina no les quedó otra alternativa más que aceptar la llegada de los aires de la democracia electiva para el relevo de los representantes seccionales y nacional, respectivamente.
No es la intención describir el largo preámbulo plagado de dificultades que hubieron de vivir quienes empeñaron sus esfuerzos, talentos, recursos y compromiso, para que, en éste ya cercano once de octubre de 2022, con la confluencia de factores externos e internos, en Jalisco se viva la fiesta de la democracia en el ámbito de la Sección 16 del SNTE.
Un escenario novedoso e inédito ha sido construido con el andamiaje proporcionado por las estructuras legales que están dando soporte al proceso de elección de la nueva directiva seccional.
La emisión de la Convocatoria da rumbo y certeza a la participación libre a quienes, siendo miembros acreditados de la Sección 16 del SNTE, desean contender para obtener la representación sindical de todos los agremiados.
Todo parece indicar que los trabajadores de la educación en Jalisco se disponen a dar lecciones de civismo tanto al interior del sindicato como a la ciudadanía en general. El registro de ocho planillas, sancionado normativamente de acuerdo a las bases establecidas en dicha Convocatoria, parece demostrar las altas expectativas que este nuevo modelo para la elección de representantes ha generado. El interés por obtener la representación de los trabajadores es evidente.
La participación de quienes, por así señalarlo, las reglas de la elección están fungiendo como árbitros del proceso, garantizando la asepsia del mismo, está siendo –a dicho de los propios aspirantes– imparcial y respetuosa bajo un marco de diálogo y flexibilidad.
Revisar, analizar, criticar y enjuiciar los propósitos que realmente animan a los integrantes de cada planilla es competencia de la responsabilidad cívica y ética de los electores; corresponde a ellos el alto deber de elegir libre y conscientemente a quienes los representarán y utilizarán su fuerza para obtener mejores condiciones laborales, prestacionales y profesionales. Dependerá de su decisión el destino de las formas e intenciones de llevar a cabo la representación de sus intereses durante los próximos cuatro años.
Las instituciones, civil y sindical, están cumpliendo con la parte que les corresponde. ¿Cumplirá la base trabajadora con la suya?, ¿realizará un análisis serio acerca de las diferentes posibilidades que significan tener a su disposición ocho ofertas diferentes?, ¿asumirá conscientemente su deber/derecho de emitir su voto con discernimiento?, ¿acudirá a emitir su voto éste ya cercano once de octubre, o se abstendrá de hacerlo?, ¿respetará y hará respetar escrupulosamente las formas sancionadas para llevar a cabo una elección impregnada de civilidad?
Hasta este momento aún no se despejan algunas incógnitas. Sin embargo, es posible percibir en el ánimo de muchos la esperanza de lograr un cambio profundo en las prácticas sindicales; de lograr que los trabajadores de la educación den un golpe de timón y en las urnas confirmen lo que desde hace tiempo se ha venido escuchando de una y muchas formas: ya no se quiere más de lo mismo. El anhelo de contar con representantes que respondan verdaderamente a los intereses y necesidades de la base trabajadora anima e ilumina a muchos, se siente en el ambiente político sindical cada vez con mayor intensidad.
Los trabajadores de la educación en Jalisco se encuentran hoy ante una encrucijada: o dan lecciones de civismo y ética acudiendo a manifestar su voluntad en las urnas, o se hunden por un largo tiempo más en la apatía, en la indiferencia, con las ya sabidas y padecidas perniciosas consecuencias que se han vivido.
Es ésta una oportunidad que puede fortalecer a la democracia de y en la institución sindical, pero su acción y efectos no se reduce a este ámbito. Se quiera o no, el tipo de participación en la elección, el porcentaje de votantes que haga válido su derecho al voto, la limpieza con que se lleve a cabo la elección, entre otros aspectos, se convertirá en mensaje rotundo a la sociedad civil; de acuerdo al tipo de participación que se dé, será el mensaje que se estará emitiendo: le estaremos diciendo a la sociedad acerca de nuestro nivel de conciencia cívica y de responsabilidad ética.
El porcentaje de votos, y la preferencia por las opciones que marque el voto, nos dirá mucho sobre quienes somos los trabajadores de la educación en Jalisco.
¿Habremos dejado atrás el calificativo con el que se nos conoce a nivel nacional relacionado con que somos la entidad más pasiva del país? Este próximo once de octubre lo sabremos.

*Profesor Normalista. Subdirector de la Escuela Secundaria General núm. 59 “Francisco Márquez”, La Tuzanía, Zapopan, Jalisco. martinlr6@gmail.com

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