El valor de fungir sin fingir

 en Verónica Vázquez

Verónica Vázquez Escalante*

Siempre la educación buscará la perfección
y la optimización, las divergencias surgirán
al delimitar el contenido concreto
de tal perfección u optimización:
qué valores, qué sentido y qué orden
jerárquico fundamentan la educación,
o la mejor educación.

Enrique Gervilla Castillo, Filósofo español

Al hacer una encuesta en una primaria del Norte del municipio de Zapopan, Jalisco, se le preguntó a 500 padres de familia tres preguntas sencillas:

1.-¿Qué asunto considera como prioridad a tratar en la escuela de sus hijos?
a. Estudio del Español
b. Estudio de las Matemáticas
c. Refuerzo de valores humanos

2.-Usted considera que el docente frente a grupo debe ser experto en:
a. Español y Matemáticas
b. Educación física y activación física
c. Difundir y demostrar valores humanos

3.-Para usted y sus hijos la educación es valiosa e importante por saber mucho de:
a. Español, Matemáticas, Historia
b. Ciencias Naturales y Ciencias Sociales
c. Educación en valores humanos

Un alto porcentaje –95% de las encuestas– arrojó la opción “c” en las tres preguntas. Dichas respuestas, encienden una llamada de atención sumamente importante y de aquí se pueden hacer varias observaciones aunque en el presente artículo sólo se hará uno de forma reflexiva.
A la sociedad le puede interesar mucho el aprendizaje pero en realidad el deterioro evidente en lo que se observa como falta de valores, emerge con gran deseo de que no se deteriore más de lo que ya está, el tejido social. Se desea un valor que vaya más allá del simple deseo de mejorar, en realidad lo que se espera es crear en los alumnos una convicción por mantener un orden, un valor de respeto y de confianza. Reconocer que los límites si existen y se deben de marcar perfectamente. Una frase popular dice que: “A grandes males, grandes remedios” por lo que se deben de tomar medidas reales para demostrar que hasta el mismo océano tiene límites. La reflexión aquí es: ¿el docente debe fungir como un portador de valores humanos?, ¿los padres de familia saben, conocen y reconocen su responsabilidad y la coordinación con los planteles educativos? En realidad ¿quien está fungiendo y quién está fingiendo?
Retomando el epígrafe con el que se inició el presente artículo, ¿qué valores y qué jerarquía les damos? A la sociedad le interesan unos valores, a las familias otros, a las escuelas otros. Total que todos distintos, todos dispersos. Sin embargo, una forma de intentar unificar un punto de vista, sería exigir, sin temor a equivocarnos, valorar que los alumnos hablen sin palabras altisonantes. Que funjan como alumnos y no finjan serlo.

*Doctora en Ciencias de la Educación. Profesora de la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 145 Zapopan. veve30@hotmail.com

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