El sistema escolar y las reformas educativas innecesarias
Jaime Navarro Saras*
El Flaco Menotti, en un diálogo con Scaloni,
comentó que poco importaba jugar con un 4-3-3 o un 4-4-2.
Sí es que la mayoría de los futbolistas tienen un perfil defensivo.
el dibujo táctico pasa a segundo plano;
lo relevante son los nombres que el entrenador elige y,
sobre todo, a qué quiere jugar el técnico.
Ahí empieza el estilo de juego de un equipo.
Manolo “El diez” González
Han pasado unas semanas de que terminó el Mundial de futbol; sin embargo, y para no dejar la pasión, la Liga MX ya llegó a la jornada 3. Hablar de futbol, además de ser un juego que, en el caso de México y la mayoría de países de América Latina, es el más popular que se juega y en algunos países es la aspiración de muchos jugadores el hacerse profesional, migrar a ligas extranjeras para obtener dinero y sacar a su familia de la pobreza. No hay reunión donde el tema central sea hablar de futbol, cada quien defendiendo al equipo que sigue y a los jugadores que más le llenan la pupila.
Pero el futbol es también un referente poderoso que puede servir de ejemplo o referente para analizar lo social; el epígrafe con que inicio este texto es una buena excusa para poder hablar de política educativa.
Las autoridades educativas y los expertos que les presentan ideas para desarrollar son personajes letrados, formados en campos diversos y en diversas instituciones con más o menos prestigio; llevan mano las universidades privadas, pero en su defecto desconocen la realidad escolar que pretenden intervenir, lo cual deja mucho que desear, sobre todo porque venden la idea de que una reforma educativa, por mínima que sea, va a cambiar las cosas casi de manera mágica. Lo creyeron quienes impulsaron la reforma educativa de 2013 y lo creen quienes defienden la Nueva Escuela Mexicana, incluso (a nivel Jalisco) los impulsores de Recrea y lo que siguió después, pero no es así.
¿Qué éxito puede tener un modelo educativo si quienes lo idean no están pensando en el perfil de los operarios (docentes, directivos y supervisores), les piden que realicen ciertas acciones con X o Y metodología, para la cual no fueron formados y mucho menos tienen las bases teóricas para enfrentarlo?
Un ejemplo bastante claro es cuando allá por los ochenta y noventa del siglo pasado llegaron como moda los modelos constructivistas a las aulas de educación preescolar y primaria; teóricos como Piaget, Vygotski, Ausubel y Brunner, entre otros, aparecieron en las bibliotecas de las escuelas formadoras de docentes y en los posgrados. La mayoría de docentes venían de una tradición conductista y de la noche a la mañana hicieron con sus prácticas una tropicalización para que sonara lo más creíble la nueva política educativa.
Cuarenta años después de haber hibridado el constructivismo conductista, seguimos en las mismas; la educación básica mexicana no ha logrado conformarse del todo y su personalidad tiene mil caras. Ello hace que cada que llegan nuevas autoridades, a toda costa le quieren imponer su estilo y al final termina en nada.
Por más que se quiera impulsar cualquier tipo de reforma, si el cuerpo de docentes y directivos no tiene el perfil que se requiere para ello es tiempo perdido. Y volviendo al epígrafe, Menotti le dice a Scaloni: “¿Qué caso tiene que pongas un equipo con 3 o 2 delanteros si es que dichos delanteros tienen un perfil defensivo?”. Igual sucede con las políticas educativas: ¿qué caso tiene que inundes las aulas de pantallas si quienes están instruyendo carecen de las habilidades creativas para usar cualquier tipo de tecnología digital? ¿Qué éxito pueden esperar los estudiantes al formarlos con visiones críticas de la realidad si sus maestros carecen de las herramientas y estrategias para provocar que los pupilos desarrollen concepciones argumentadas propias, escenarios divergentes y creativos? Incluso, ¿cómo se puede formar un país de lectores si las estadísticas nos hablan de que la población lectora lee de 3.2 a 3.5 libros anuales y una población no lectora del 20%, amén de los otros analfabetismos? En tanto, ese es el punto, ¿reformar para qué?
*Editor de la Revista Educ@rnos. jaimenavs@hotmail.com
Touché.