El sistema educativo que tenemos

 In Carlos Arturo

Carlos Arturo Espadas Interián*

A veces, preguntarse si estará planeado el desastre educativo que vive nuestro país obtiene respuestas que nos hacen pensar que no es posible planear a detalle tantas inconsistencias, contradicciones, vacíos y estructuras funcionalmente obsoletas.
La falta de recursos humanos, financieros y materiales ni siquiera permite operar modelos educativos construidos para apuntar el modelo y proyectos de Estado.
Nuestro país se encuentra en el vaivén de tendencias internacionales que adopta acríticamente porque tiene que hacerlo; de lo contrario, enfrentaría consecuencias económicas y políticas graves.
Lo único que tiene el sistema educativo dominado a la perfección, después de más de un siglo de hacerlo vía la Secretaría, distintas secretarías, sindicato y órganos gubernamentales en general, es el control magisterial y estudiantil.
Hay algunos docentes ocupando plazas sin vocación —cosa que esconden en grados, posgrados y capacitaciones—, directores que desconocen el sistema educativo —pero con capital político—, funcionarios cuya única labor es cuidar el escándalo para que no se desborden las cosas, infraestructura caduca que sigue siendo usada, incorporación de aspectos ideológicos que están llevando al país a lugares no previstos por el propio Estado y a la desestructuración de la sociedad e identidad mexicana y latinoamericana.
Así como algunas fuerzas armadas de América Latina recibieron capacitación para neutralizar revoluciones, guerrillas y aplicar torturas –según dicen historiadores en las décadas de los 60 y 70–, así las autoridades educativas, sindicales y toda la estructura legal y laboral se especializan en estrategias de desgaste, anulación, desprestigio, engaño, falta de honestidad y torturas psicológicas para eliminar “amenazas al sistema”.
No importa si hay afectaciones al grueso del estudiantado y, por ende, a la formación del ser humano de todos los niveles educativos. El Estado mexicano no tiene interés real en la educación y, sobre todo, en aquellos sistemas y subsistemas que le resultan “incómodos” o que simplemente no sabe qué hacer con ellos –tal es el caso del olvido en el que se encuentran muchas de las Unidades UPN–.
El Estado mexicano ha perdido rumbo, sustrato antropológico y, sobre todo, no cuenta con un proyecto propio que pueda ser instrumentado, aplicado y soportado por la estructura e infraestructura nacional.
El sistema educativo es experto en simulaciones, adoctrinamiento, represiones veladas y abiertas, en culpar al propio magisterio de lo que le sucede; por ello es que contrata prioritariamente cierto perfil profesional que es experto en esas tareas.
El Estado mexicano no tiene un lenguaje educativo propio ni recupera la rica tradición histórica nacional; además, se enfrenta a la falta de recursos y proyectos factibles, pues los que tiene generalmente van en contra del pueblo mismo —no en lo declarado, sí al concretarse— y usa un lenguaje ajeno que construye realidades disociadas de lo que es México y, más aún, funciona a partir de adoctrinamientos y simulaciones.
Ese es el sistema educativo que tenemos, uno que sacrifica a sus estudiantes y maestros, a aquellos que realmente quieren trabajar para el bien de nuestra sociedad; un sistema que prefiere desgastar, aniquilar y eliminar que cambiar para el bien del espíritu republicano o en favor de la libertad y libre autodeterminación de comunidades y sectores sociales o de la formación de obreros y campesinos.
¿Cuándo será tomada en serio la educación?

*Profesor–investigador de la Universidad Pedagógica Nacional Unidad 113 de León, Gto. cespadas1812@gmail.com

Start typing and press Enter to search