El pueblo tiene paciencia, dijo un señor General

 In Carlos Arturo

Carlos Arturo Espadas Interián*

 

Así reza la canción “Para el pueblo lo que es del pueblo” [Piero]: esa paciencia aprendida por confiar en el valor de la palabra, saber escuchar y esperar, esperar… porque eso hace el pueblo.

No tiene recursos ni medios ni redes de influencia política o económica ni capital político ni posibilidad de visualizar cómo se entretejen las variables porque siempre ha estado recibiendo impactos de todo: políticas públicas, modelos económicos, manipulaciones para hacer revoluciones y movimientos… pero no se le ha tomado en cuenta para decidir, elegir y, en consecuencia, permitirle visualizar que sus elecciones proceden, que sus necesidades son válidas…

Dar a elegir entre opciones cerradas y determinadas por el poder no es elegir. La elección es producto de la formación [educación] que no solo da información, sino capacidad de proponer, realizar, actuar y, en consecuencia, concretar.

Por ello, el pueblo ha aprendido a esperar, esperar y esperar, aunque cada vez más con indignación. Hoy más de un partido político, pero uno, sobre todo, saca en sus argumentos que el pasado no tiene valor alguno; hay que hablar de hoy, hoy, hoy… porque tener presente la historia los coloca en una posición incómoda… a este partido en especial y a la clase social nacional [que habrá que ver si es nacional realmente] y extranjera que representa.

Así, esta clase acostumbrada a privilegios y a tomar decisiones porque está en esa dinámica y lugar que las toma, ejecuta y concreta por muchos medios que no son realmente suyos, sino del Estado mismo y de todo el pueblo que se encuentra, aunque él [el pueblo] no lo quiera: a su servicio. Así esta clase no espera, no tiene paciencia, son irónicos, cínicos, desmemoriados, narcisistas y voluntariosos… y todo porque están acostumbrados a serlo.

El pueblo, en cambio, sabe que las cosas no están bien y que está siendo engañado, usado y que se le pide esperar, ser comprensivo, no pecar de enojo o impaciencia, ser mansos y obedientes, cuando ni la mansedumbre ni la obediencia es lo que nos han enseñado, incluso en las escuelas.

Aquí entra en juego la escuela y el magisterio. Si la vocación es enseñar desde el cobijo de la luz de la razón, el pensamiento crítico o el verdadero cristianismo [doctrina social, teología de la liberación y demás] o incluso el verdadero catolicismo conservador [y no el que nos han hecho creer que es], es necesario recuperar la visión y lógica histórica [que no los datos] para que el pueblo decida ya no seguir esperando, esperando, esperando… aquello que no llegará.

Únicamente recordar que a la par hay que educar para hacer uso de herramientas que les permitan actuar y hacer valer sus necesidades porque, caso contrario, se tendrá un movimiento armado o sublevación y con ello el desgaste de todos los recursos nacionales. Recordar que generalmente un movimiento armado o sublevación hace más ricos a los ricos y más pobres a los pobres.

Lo importante entonces es romper los argumentos, discursos o, como le dicen ahora, las narrativas del poder, para que no tengan eco las mentiras y el pueblo pueda usar recursos legales, políticos y de lucha social para trabajar por el bien de su gente.

Si no se hace esto, el pueblo seguirá inconforme y molesto, no tendrá posibilidad de actuar para mejorar y, en consecuencia, lo que se está generando es una bomba de tiempo que nadie quiere que estalle.

 

*Profesor-investigador de la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 113 de León, Gto. cespadas1812@gmail.com

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