El proyecto “Xantolo, el Día de Muertos de la Huasteca”

 In Cuentos y relatos del magisterio, Videos

Julieta Vega Morales

México, un país inmerso en una vasta diversidad cultural, alberga celebraciones que se erigen como emblemas del territorio nacional. El Día de Muertos es, sin duda, una de las festividades más representativas, funcionando como un testimonio de una nación que anualmente refrenda su valor y respeto por la muerte a través de rituales que inician con meses de anticipación.
El proyecto “Xantolo, el Día de Muertos de la Huasteca” surge de la propuesta de explorar la celebración de los fieles difuntos en distintas regiones del país, trascendiendo la connotación meramente religiosa para centrarse en el bagaje cultural, comunitario y geográfico.
Este proyecto se materializó a partir de la invitación a un grupo de estudiantes de quinto grado de la Escuela Primaria “Lic. Felipe Rivera” de la Alcaldía Cuauhtémoc, a participar en el Tercer Festival de Xantolo en la Ciudad de México que el Colectivo Movimiento Sonoro ha realizado por tres años consecutivos. Es crucial señalar que la región huasteca abarca seis estados de la República Mexicana (Hidalgo, San Luis Potosí, Tamaulipas, Querétaro, Puebla y Veracruz), cada uno con particularidades propias, pero que convergen en una tradición unificada por el recuerdo de los difuntos y el agradecimiento a la Madre Tierra por la cosecha anual.
Para contextualizar a los estudiantes en la riqueza de esta región y su festividad, se implementó una serie de actividades previas en el aula:

• Reconocimiento geográfico: Localización de los estados huastecos en el mapa.
• Expresión artística y lingüística: Elaboración de versos a partir de la lírica de un son huasteco tradicional, diseño de máscaras típicas y práctica dancística de un son de la temporada.
• Articulación interdisciplinaria: Se abordó el concepto de fracciones a partir del análisis del “morral” (la provisión de semillas o el itacate) que las familias huastecas preparan para la jornada agrícola, vinculando las matemáticas con la cultura y la vida cotidiana.

Culminadas las actividades preparatorias, el sábado 25 de octubre, diez de los veinte estudiantes inscritos, en compañía de sus familias, asistieron al festival. Gracias al referente cultural construido en el aula, los participantes pudieron comprender y disfrutar plenamente la fiesta, cumpliendo el propósito de conocer la diversidad de formas en que se celebra y recuerda a los difuntos en diferentes partes del territorio nacional.
Al retornar al aula, resultó fundamental llevar a cabo una reflexión profunda sobre la experiencia y el proyecto trabajado. En el marco de la Nueva Escuela Mexicana (NEM), esta reflexión constituye el núcleo de la evaluación, entendiéndola como un proceso inherente al aprendizaje.
Como señalan Jolibert y Sraïki (2014: 283), la evaluación hace referencia a la metacognición, es decir, a los conocimientos que el estudiante posee sobre sus propios procesos cognitivos y de aprendizaje. En este sentido, la evaluación formativa permite la estructuración de nuevos saberes a partir de los conocimientos previos y la constante medición del progreso individual y colectivo.
Esta visión se contrapone al modelo que, históricamente, ha predominado en el sistema educativo. La educación homogénea y estandarizada, con sus antecedentes en la Revolución Industrial del siglo XIX, privilegió la repetición y las pruebas uniformes, limitando el potencial de una evaluación que considere la totalidad de los actores del proceso de enseñanza-aprendizaje (Vega, 2024: 13).
La evaluación formativa no es un acto aislado o terminal; es un proceso continuo que se genera a lo largo del ciclo escolar. Su propósito, de acuerdo con la NEM, es acompañar la trayectoria de las y los estudiantes, reconociendo sus:

• Singularidades: Sus historias, saberes y contextos culturales.
• Procesos socioemocionales: Sus formas de situarse ante el conocimiento.

En este modelo, didáctica y evaluación formativa están imbricadas, siendo un proceso vivo que no puede realizarse mecánicamente. Las estrategias didácticas y las acciones evaluativas deben emanar de la autonomía profesional del colectivo docente. Es imperativo revisar los Procesos de Desarrollo de Aprendizaje (PDA) del proyecto para determinar los logros y áreas de refuerzo, pero siempre priorizando la reflexión del estudiante. Como proponen Jolibert y Sraïki (2014: 285), la evaluación se vuelve indispensable cuando los estudiantes asumen la corresponsabilidad y se convierten en participantes activos a partir del análisis de su propio aprendizaje.
La evaluación del proyecto “Xantolo, el Día de Muertos de la Huasteca” evidenció que la observación, el diálogo y el registro son herramientas formativas más ricas y significativas que una prueba estandarizada.
Para los estudiantes que asistieron al festival, la evaluación se centró en su rol como cronistas de la fiesta, en el relato de su experiencia, sus vivencias y sus emociones, lo cual constituye una evidencia directa de aprendizaje situado. Para aquellos que no pudieron asistir, el registro y la participación activa en las actividades previas fueron imprescindibles para su valoración formativa, asegurando la inclusión y la equidad en el proceso.
En este contexto, un examen escrito no habría logrado describir el verdadero aprendizaje significativo que implica conocer el bagaje cultural, las tradiciones huastecas y la diversidad del país. La clave de este acierto, alineado a los principios de la Nueva Escuela Mexicana, radica en:

• Convertir la experiencia cultural en un objeto de estudio interdisciplinario.
• Hacer de la reflexión del estudiante el eje central del proceso evaluativo.
• Involucrar a las familias en el proceso de aprendizaje, fortaleciendo el vínculo entre escuela y comunidad.

Comments
  • Cayetano Barajas

    Sólo alguien que ama tanto la música podría describir de manera tan elocuente y profunda lo que es vivir un festival de Xantolo en la Huasteca.

    Felicidades, maestra.

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