El juego y el juguete
Luis Rodolfo Morán Quiroz*
Me dispongo a jugar frente a una pantalla. El juguete principal es un teclado, en el que jugaré con otros objetos e ideas que convertiré en palabras sobre una imagen de una hoja en blanco. Se trata de un juego en el que yo desempeño el papel de autor y en el que interactúo con otros juguetes más: páginas de internet, algunos libros, algunas notas en papel o en la pantalla de mi teléfono móvil (un juguete al que una enorme cantidad de humanos recurrimos constantemente a lo largo del día, para jugar con él distintos juegos). Tan sólo en México, existen cerca de 150 millones de esos aparatejos en uso. Aunque es probable que muchas personas dejarán de utilizar ese juguete conectado con otros por medio de internet ante la amenaza de que se desconectará su servicio este 2026. Estas regulaciones, que son parte del juego propuesto por algunas autoridades, acabarán por quitar el juego sin quitar el juguete a muchos jugadores habituales. Es como cerrar la cancha de juego sin poder retirar el balón porque es propiedad de los jugadores potenciales. Cuando termine mi sesión de juego, enviaré el registro “final” o “definitivo” de mi juego al editor de la revista, quien luego desempeñará ese papel y hará público el resultado de mi juego de hoy. Llegarán quienes jueguen el rol, papel o posición de lectores y que podrán luego expresar, en un juego dialógico, las ideas asociadas con este juego. Habrá quien decida no participar en el juego y ni siquiera seguir el vínculo al texto, o no leerlo, o leerlo con alguna actitud, voz, entonación, prejuicio.
Si mucho se ha hablado de que los humanos somos de los pocos animales dotados de lenguaje (y las posibilidades de juego que esto abre), en realidad, la actitud y la actividad lúdica es bastante más amplia: hemos podido observar cómo juegan algunos ejemplares de distintas especies entre sí; y los humanos hemos podido jugar con otras especies, en especial con las consideradas mascotas o, cuando menos, domesticables: perros, gatos, caballos, cabras, vacas, ovejas. En algunas crueles ocasiones, los animales o los humanos se convierten en parte de juegos de otros que los consideran simples juguetes: quienes cazan animales o personas y encuentran divertido manipularlos, hacerlos reaccionar, generar su huida o provocarles la muerte desde un rol de poder. Ya sea en relaciones de pareja, en contextos institucionales, en contextos de enfrentamientos armados, los humanos tienden a jugar, a veces pagando el precio de la integridad o de la vida propia o ajena. Alguna vez un funcionario en Jalisco afirmó que “las bicicletas son juguetes”, intentando enfatizar que no se les puede considerar “medios de transporte” [serios]. Se trata, según interpreto esa visión, de juguetes que permiten jugar al payaso al mismo tiempo que el usuario se desplaza de un lugar a otro. Pensándolo bien, también los coches son un juguete que permite desempeñar ese rol de guasones, burlarse de los demás que conducen otros coches, mostrarse orgullosos o avergonzados del armatoste que los transporta. Quizá las unidades de transporte público son más herramientas que juguetes, aunque se puedan considerar también como ámbitos de un juego en el cual la gente desempeña roles: poner cara de seriedad, de estar a la defensiva, de sonreír y con disposición al diálogo y a bromear a lo largo del viaje. Lo que también constituye un juego, como señalara Ludwig Wittgenstein (1889-1951) al hablar de los juegos de lenguaje en Investigaciones filosóficas (publicado póstumamente en 1953), concepto que comienza a desarrollar en sus clases en los años treinta. Esta noción de juegos de lenguaje es la base de la idea de gramática social que desarrolla Hans-Georg Gadamer (1900-2002) en Verdad y método (1960) (https://archive.org/details/hans-georg-gadamer-verdad-y-metodo-tomo-1-octava-edicion/page/n1/mode/2up) cuando señala que los humanos participamos en estos juegos a partir de unas reglas compartidas, aunque no siempre escritas/explícitas. Mientras más practicamos el juego, mejor podemos comprender las interacciones y aportar a la explicitación de las reglas. En cierto sentido, se trata de un juego de nunca acabar. Por otra parte, la palanca y el volante de los coches son parte del manejo del juguete, aunque la apariencia, el sonido y las sensaciones derivadas de su manejo son parte del juego. Se trata de un juego de pasear y de lucir, de simular y de ser admirados por jugar y por ser ocupantes de ese juguete con determinadas características, determinada antigüedad/novedad y diseño. Al igual que el balón, el coche es un juguete que puede usarse en diferentes juegos y deportes. La postura, el arrojo, la actitud ofensiva y defensiva son parte de los juegos en los que participan estos juguetes. Hay algunos juegos en que se combinan estos juguetes. Así como los zapatos y el balón se tornan en herramientas de un espectáculo, también hay quien utiliza los pies y las manos para jugar con un juguete que puede impulsar a otro en un juego múltiple (https://www.youtube.com/shorts/Gth3jps1TJI). El gato usa al ratón como juguete unos minutos antes de engullirlo. El ratón no juega ya a provocar al gato, pero prueba suerte a ver si logra escapar; a veces tan sólo juega a ser más veloz y más sagaz para encontrar comida sin ser encontrado por los ejemplares gatunos de su entorno. Es muy frecuente que participemos en estas simulaciones: “Hagamos como que éramos una familia y entonces…”; “Como que estábamos en la escuela y llegaba una maestra…”; “Hay que jugar a que nos querían asaltar en el camión, y luego…”, que en la vida infantil representa algunas de las situaciones de las que se enteran que suceden en el transcurrir vital de sus ancestros. Esta noción de “como si” ha sido reflexionada por varios filósofos en otros contextos respecto a la “ilusión”, lo imaginario en nuestras vidas. “As if” o “als ob” que se expresa, según Immanuel Kant (1724-1804), “Als ob sie Anordnungen einer höchsten Vernunft waren, von der die unsrige eine schwaches Nachbild ist” (como si fueran ordenadas por una razón suprema, de la cual la nuestra es apenas una copia débil) [citado en Giovanna Borradori (2003: 192; nota 33)] Philosophy in a Time of Terror. Dialogues with Jürgen Habermas and Jacques Derrida. Así, esta forma de simulación tiene una correspondencia lúdica aún más antigua, como señala Jacques Derrida para la deconstrucción [posmoderna] en el juego de Sócrates como su base al poner a prueba los límites del pensamiento. Un juego más abstracto en el que la filosofía busca y juega con los límites en el sentido de desafío, de riesgo y de sorpresa.
Las expresiones lúdicas se han señalado como previas a la llegada de las etapas de “la seriedad de la vida” y que anteceden la práctica adulta: jugar a la escuela, a la pareja, a la guerra, a juegos de habilidad en combinación con el azar. Jugamos lo mejor que podemos con las fichas o las cartas que nos fueron entregadas. No es casualidad que el término “game” equivalga a “presa de caza” en inglés, además de juego. Ni que “play” se utilice como verbo para representar teatralmente y para ejecutar un instrumento. Encarnamos/jugamos diversos papeles (a veces señalados como “roles” por su referencia a un guion en un rollo de papel) en diversos contextos, como analizó Erving Goffman (1922-1982) (https://www.academia.edu/38181144/Goffman_E_La_presentacion_de_la_persona_en_la_vida_cotidiana), en donde utilizamos una “máscara”: ahora soy un docente, aquí soy un aprendiz, acá soy un cónyuge, acá soy un progenitor, acá un miembro de una institución, en aquel contexto una autoridad, acá un simple arrepentido de mis pecados pasados, actuales y futuros…
El propio cuerpo o el de otras personas y sus adminículos también nos sirven como juguetes y como participantes en juegos de interacción, contacto, fricción o de lo contrario (juegos de silencio, de desconocimiento, de simulación, por ejemplo, de antípodas). No sólo afirmamos, admirados, extasiados, amargados, desengañados, ilusionados, que hemos sido “juguete de tu amor”, sino que incluso el autoerotismo nos ha servido de juego previo para los juegos de interacción con los cuerpos de las personas deseadas. Hay juegos más sincronizados y más armónicos, a los que algunos equiparan con la situación de tocar jazz: cada interpretación solista se engarza con las interpretaciones de los demás para construir un ensamble y un sonido en el que cada ejecución solista cobra sentido al embellecer el tema. De hecho, la expresión jazz por sí sola y la de all that jazz tienen connotaciones lúdicas, pero también eróticas a partir del lenguaje criollo en Estados Unidos. Y ha sido una de las expresiones más buscadas para comprender cuándo comenzó a jugar parte de nuestros juegos de lenguaje (https://en.wikipedia.org/wiki/Jazz_(word)).
Hay juegos y juguetes caros: golf, futbol, automovilismo, ciclismo, surf, navegar en yate, tenis; significan poseer, anhelar, envidiar los juguetes de otros jugadores, pues hay niveles de juego y de poder adquisitivo. Jugamos a lo que podemos, pero a veces quisiéramos jugar eso mismo, pero desde otra posición, o en otra cancha más pareja, más fina, mejor iluminada, con mejores fichas o con superficies más cuidadas. Hay juegos que se convierten en espectáculos que pagan a los premiados y clasificados en sus rankings, como lo hemos visto recientemente en el campeonato de futbol, o en los triunfos de Isaac del Toro (https://www.espn.com.mx/otros-deportes/nota/_/id/17155423/isaac-del-toro-vuelta-alemania-ganador-uae-team-emirates), mientras que hay algunos que permanecen amando el juego (como amateurs) sin que busquen ganarlo ni participar en los circuitos en donde se paga por practicarlo para que sea admirado desde las gradas. Son muchos cientos de millones los que simplemente gustan de ver jugar a otros al ajedrez, al golf, al basketbol, al volleybol, a las canicas, al ping pong y otros juegos de habilidad y de destreza. Hay otros que analizan, narran o critican otros juegos y señalan lo que debe, debió o debería hacerse ante determinadas jugadas. ¿Debió anunciar su jugada determinado político a los árbitros o a sus superiores en su equipo?, es una de las preguntas que suelen plantearse con frecuencia y que se ha planteado recientemente, a pesar de que algunos sean reacios a aceptar los juicios de los jueces de línea oficiales o espontáneos (https://es-us.noticias.yahoo.com/sheinbaum-consideraba-pertinente-regreso-rocha-161407453.html). De algún modo, habrá quien señale que determinado jugador no jugó como debería. Hay quien aplica la expresión de “no se vale” y ello lleva a la anulación de lo ganado (un gol en el futbol, una ventaja temporal, la superación de una etapa).
Mientras que para algunos la realidad es el juego de Juan Pirulero, donde cada quien atiende su juego, otros tenemos nuestras dudas y de vez en cuando volteamos hacia quien aparenta autoridad y, confundidos, preguntamos “¿a qué estamos jugando?” o, cuando menos, “¿cuál es la regla que aplica en esta situación del juego?”. Como hemos visto muy repetidamente con los jugadores inconformes con algunas jugadas y las sanciones positivas o los castigos derivados de quien interpreta y aplica las reglas de los juegos. Finalmente, hay una estrategia de invalidación que puede ser más radical: “Tú no debes jugar”, que se aplica a veces por sanción y, a veces, por capricho o por paranoia, como se ha visto en las declaraciones de Israel Katz y Benjamin Netanyahu, que no desean que los niños gazatíes puedan jugar con cometas, pues su juego es “más serio”: considerar estos juguetes como amenazas (https://www.parabolica.mx/2026/internacional/item/10565-amenaza-israel-a-palestina-por-el-vuelo-de-cometas-de-papel). El terror no tiene pausa en este juego de poder y exterminio.
*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología de la Universidad de Guadalajara. rmoranq@gmail.com