El español moderno

 en Alma Dzib Goodin

Alma Dzib-Goodin*

Los idiomas, al igual que las personas nacen mueren y se desarrollan en función de cómo se emplean. Cada generación crea nuevas expresiones que se mantienen vivas y se comparten socialmente entre los distintos grupos sociales que enriquecen el vocabulario.
En el mundo existen 7097 idiomas hablados hoy en día, aproximadamente 2,000 de ellos tienen menos de 1,000 hablantes. El idioma más popular en el mundo es el chino mandarín pues lo hablan 1,213,000,000 personas, por supuesto el español es el segundo idioma más hablado con 399 millones, seguido por el inglés 335 millones, el hindi con 260 millones, el árabe con 242 millones, el portugués 203 millones, el bengalí 189 millones, el ruso con 166 millones, la lista es enorme y a ellos se agregan los lenguajes artificiales como la matemática o los lenguajes de programación.
Ese número cambia constantemente, porque estamos aprendiendo más sobre los idiomas del mundo todos los días, y más allá de eso, los lenguajes mismos están en flujo, ya que son vivos y dinámicos, hablados por comunidades cuyas vidas están moldeadas por nuestro mundo que cambia rápidamente, por lo que cerca de un tercio de los idiomas ahora están en peligro, mientras tanto, sólo 23 idiomas representan más de la mitad de la población mundial.
Una de las lenguas que más se acepta es aquella que actualmente se habla en las escuelas, se usa sin recato y con todo permiso, aquella a la que no le importan las faltas de ortografía, la que dice atun sin que importe el acento o asiendo o articulo, lo vergonzoso no es que los estudiantes lo usen sino, tal parece que tanto los padres como los maestros han aceptado que han perdido la batalla, pues no hay modo de que los niños aprendan a escribir correctamente.
Personalmente, cuando alguien escribe con faltas de ortografía, no respondo un mensaje, por años luché con mis estudiantes para que aprendieran a escribir correctamente, no importaba cuan complicado fuera la estrategia que debía emplear, soy capaz de convencer a cualquiera para entender la belleza del lenguaje.
Algo que me cuesta mucho trabajo comprender es como los padres y los maestros pueden aceptar que los niños no aprendan a escribir. Cuando veo que una palabra se escribe de cierto modo, y comparo con lo que escribí, en teoría debería ser capaz de copiar y corregir el error, sin embargo, cuando pasa la vida sentados durante largos años en los pupitres y no se es capaz de reconocer que uevo no sólo se ve mucho mejor, sino que es la forma correcta de escribir HUEVO, entonces se debería suponer que hay un problema, pero si tanto los padres como los maestros aceptan las nuevas formas de ortografía dictadas por el alumnado, entonces esto debería contarse como otro idioma en el mundo.
Los niños (en tal caso) no tienen culpa alguna, simplemente siguen sus propias prácticas y mientras sean evaluados correctamente en los exámenes, sólo tienen que seguir y seguir, pues siempre encontrarán la forma de lograr comunicar lo que quieren sin importar la decencia del idioma, pues los códigos se rompen para estructurar ideas que, si bien, no pueden ser adecuadas en términos de secuencia lógica, al menos alcanzan el nivel de comunicación que es lo mínimo requerido para que un mensaje llegue al receptor.
No hay duda que cada generación de maestros ha luchado en contra de las faltas de ortografía, sin embargo, a diferencia de los niños con dislexia a quienes se les fuerza a corregir sus errores, a pesar de que no cuentan con las habilidades cognitivas a nivel cerebral para reconocer errores en los patrones lingüísticos y se les fuerza a largas horas de trabajo extracurricular hasta alcanzar su máximo potencial, a un niño que exhibe un problema que debería ser considerado grave pues no sabe escribir correctamente, a lo sumo se le da una palmada en la espalda y se le deja continuar hasta la universidad, se le da título, se le dice que está listo para trabajar y conquistar al mundo. Ese ese el premio.
Aprender un idioma, cualquiera que este sea, artificial o lingüístico abre la ventana a un mundo inesperado, donde las personas aprenden lo que sea y cuando sea. Desde una receta de cocina, hasta a navegar por el cielo entre las nubes, capaz de alcanzar cualquier sueño posible. De ahí que la enseñanza de un segundo idioma sea tan importante y, sin embargo, no todas las personas pueden ser bilingües, de hecho, por cada alumno que toma una clase de idiomas, sólo el 1% logrará ser fluido en esa lengua, y únicamente el 3% de la población habla más de dos idiomas.
La forma natural para ser bilingüe es simple, cuando una pareja de distintas culturas se enamora, rompe la barrea del lenguaje. Usualmente, los matrimonios van a compartir los dos idiomas y lo hablarán en sus hogares y lo enseñaran a sus hijos quienes no dejarán que sus idiosincrasias lingüísticas mueran. De tal modo que las palabras en inglés se vuelve spanglish con todas sus nuevas formas de analizar la realidad.
La riqueza de combinar dos culturas es que aprender a vivir juntos implica la posibilidad de reconocer patrones. Existen familias en las que sólo un miembro de ellas es bilingüe, mientras que el otro puede ser monolingüe. Mi esposo y yo (por ejemplo) yo hablo tres idiomas, mientras que mi esposo sólo inglés, por lo que en casa siempre se habla dicho idioma, a pesar de ello, yo mantengo el español, pues cuando una lengua se deja de usar se olvida, ya que el cerebro no puede darse el lujo de mantener en la memoria aquello que no le es útil. De ahí que muchos recuerden cuando en sus años mozos estudiaron un idioma, que, con el tiempo, pasó al olvido.

*Directora del Learning & Neuro-Development Research Center, USA. alma@almadzib.com

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