El destino de las plazas no docentes

 In Jaime Navarro Saras

Jaime Navarro Saras*

En días pasados me enteré, mediante una transmisión en Facebook, del caso de un trabajador federalizado de la Secretaría de Educación Jalisco (SEJ) de los denominados PAAE (Personal de Apoyo y Asistencia a la Educación). En esta transmisión se da cuenta del estatus del trabajador, quien, en síntesis, tiene a la fecha 9 años consecutivos como interino, es decir, cubre una plaza que le corresponde o le correspondió a algún trabajador de la propia SEJ, ya bien sea porque tiene licencia, renunció, fue cesado o se pensionó.
El reclamo o petición del trabajador interino tiene que ver con los derechos que ha generado desde hace 9 años, ya que cotiza como cualquier trabajador de la SEJ; en tanto, tiene los mismos derechos que un trabajador de base. De hecho, y para muestra de ello, un trabajador puede cubrir interinatos toda su vida y, una vez que alcance los años laborados, puede jubilarse sin ningún problema.
Este tema no es menor, ya que desde la llegada del PAN al gobierno de Jalisco por segunda vez con Francisco Ramírez Acuña como gobernador (2001-2006) y Luis Guillermo Martínez Mora como secretario de Educación (2001-2005), las cosas y las dinámicas con las plazas de los trabajadores tomaron otro rumbo y muy diferente a cómo se otorgaban, tanto las nuevas como las que iban quedando vacantes por jubilación, renuncia o despido.
Antaño, digamos 2004 y 2005, los procesos de modificación para el otorgamiento de plazas fueron paulatinos; antes de esas fechas, las plazas nuevas se entregaban aplicando una fórmula que dividía el presupuesto entre 3: (33%) para la Secretaría de Educación, (33%) para la representación sindical (Sección 16 o 47, dependiendo del origen de la plaza) y (33%) para la escuela donde se requería el recurso; en el caso de las plazas en servicio que quedaban vacantes (por jubilación, renuncia o despido), la mecánica era más simple: al haber un escalafón, éste era el mecanismo para la propuesta; si había una plaza por jubilación, quien cubría los tres meses del prejubilatorio automáticamente recibía la plaza.
Una vez que llegó a ocupar la SEJ Luis Guillermo Martínez Mora y estando como secretario general de la Sección 47, José García Mora (2004-2008) y en la Sección 16, Javier Gil Olivo, se fraguó un escenario que eliminó el modelo vigente para la obtención de plazas, acusando, entre otras cosas, de que existía corrupción y la manipulación de plazas por los propios trabajadores de la educación, de directivos, supervisores y demás autoridades.
A partir de entonces, salvo algunas excepciones, el pastel de las plazas se dividió en dos: 50% para la SEJ y 50% para la parte sindical, con lo cual dejaron a un lado a las escuelas y los diferentes personajes que allí conviven. Ante esa tentación, la parte sindical (comités de las secciones 16 y 47) se vio persuadida por intereses muy particulares para aceptar dicha resolución. De la noche a la mañana tuvieron a su alcance cientos de plazas y miles de horas en educación secundaria y superior para entregarlas a quienes decidieran, por lo regular familiares, amigos y personas cercanas. Basta indagar y rastrear en las nóminas de los trabajadores federales (Sección 16) y estatales (Sección 47), a miembros y familiares de ambos comités en el periodo referido (2004-2008), y se darán cuenta de cómo, de manera meteórica, se hicieron de plazas y ascensos al por mayor.
El tema de las plazas docentes y el modelo de adjudicación discrecional llegó a su fin con la llegada de la reforma educativa y el Servicio Profesional Docente en el sexenio de Enrique Peña Nieto (2012-2018), aunque poco antes en la SEJ se empezó a aplicar examen para el otorgamiento de plazas docentes; el ingreso y promoción por examen terminó con el modelo de 50/50; sin embargo, las plazas denominadas PAAE, al no estar regulado el ingreso por examen, la adjudicación discrecional sigue vigente.
Por desgracia, este modelo de adjudicación de plazas que estuvo vigente por una década en Jalisco y que aún continúa con las plazas PAAE, no acabó con la corrupción; al contrario, sólo la centralizó. Son del conocimiento público casos de venta de plazas, tanto de la parte oficial como la sindical, sin que (por desgracia) se haya castigado a nadie. Lo cierto es que las plazas o los mecanismos para su entrega, incluidos los ascensos (plazas directivas y de supervisión), son y han sido el baúl de la tentación. Lo señalado por el trabajador demandante (Saúl Osvaldo Alcalá López) es una muestra de lo mismo. El pacto entre Luis Guillermo Martínez Mora y José García Mora no cambió las cosas, sólo las trasladó de dueños, lo cual sigue vigente; no por algo hay tanto interés y acuerdos entre las secciones sindicales y las áreas de recursos humanos de la SEJ para distribuir los recursos o, como ha sido lo común, congelar por meses y años plazas sin dar cuenta de ello; a lo sumo proponen interinos (cuando bien les va) y dejar desmanteladas las escuelas sin que se inmuten ni propios ni extraños.

*Editor de la Revista Educ@rnos. jaimenavs@hotmail.com

Showing 2 comments
  • Martín Linares Ramos
    Responder

    Los colores azul, naranja, azul-naranja, han sido descarados hasta la grosería en las formas de gestionar lo que deberían ser recursos para el servicio público y transformarlos en usufructo con dominio de quienes dicen ser servidores públicos.

    Gestión empresarial de la cosa pública.

  • Gris Gomez
    Responder

    Es necesario la transparencia

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