El conteo como la raíz de la comprensión del universo

 en Alma Dzib Goodin

Alma Dzib Goodin*

Stanislao Dehane es un neurocientífico cognitivo nacido en París, Francia en 1965, estudia la relación entre las matemáticas y el lenguaje, lo que lo llevó a definir el concepto sentido del número que implica que existe una base genética para que los bebés puedan comprender el conteo de objetos.
Sus estudios los comenzó con palomas a quienes les daba granos para ver si eran capaces de reconocer la diferencia entre un par de granos o más y sorprendentemente encontró que eran capaces de reconocer dichas diferencias, lo que por supuesto implicó que no sólo los humanos cuentan.
Más tarde, debido a un estudio clásico de la década de los años 70, en el que participaron bebés de 6 meses de edad en una tarea de conteo de objetos, lo que cual sorprendió a todos, pues se encontró que eran capaces de reconocer que uno es menos que tres y que cuatro es más que 2, lo cual iba en contra de la idea de la educación pues la relación entre objetos nos debería surgir hasta que desarrollamos el lenguaje que surge al año. Dicha investigación le dio al doctor Dehane inspiración para comenzar a trabajar con bebés para replicar el estudio y fue gracias a ello que acuñó el concepto del sentido del número que es la base de mucha de su investigación que más tarde extendió a otras especies para demostrar que el sentido del número es innato, no sólo en los humanos.
Posteriormente, extendió sus estudios a los procesos de lectura y escritura para explicar el proceso, por el cual el cerebro es capaz de leer, pero no sólo eso, brinda a los maestros herramientas desde las ciencias experimentales para que puedan implementar estrategias en el aula, para beneficiar a los estudiantes en el aula y sin importar las dificultades que estos tengan, sean capaces de tener éxito en sus estudios, uno de sus libros más conocidos se titula “aprender a leer de las ciencias cognitivas al aula”.
Su investigación explica que el lenguaje y el sentido del número son sistemas con vías cerebrales específicas, y por ende se aprenden de manera mucho más natural que la lectura y la escritura, que no están programadas a nivel cerebral, pues es necesario el modelado social, pero si éste es el caso, ¿por qué muchos estudiantes simplemente odian los números?
Todos los procesos cognitivos pueden verse afectados de un modo u otro. El lenguaje puede verse comprometido por diversos problemas, uno de los más reconocidos es la dislexia que impide tener un reconocimiento adecuado de los signos o de los sonidos, lo cual afecta por supuesto los procesos de lectura y escritura.
En el caso de las matemáticas, se encuentra la discalculia, que es la dificultad para reconocer los signos numéricos que afecta entre un 2 y 7% de niños, de la población a quienes se les dificulta reconocer cantidades, reconocer entre izquierda y derecha al momento de hacer operaciones o bien cuando deben ver las cantidades de arriba hacia abajo. Al igual que los trastornos del lenguaje, se presentan en un porcentaje de la población muy pequeña, a diferencia de las dificultades asociadas con la lectura y la escritura, que pueden hacer sufrir a muchos, maestros y niños.
En tal sentido, los estudios del Doctor Dehane le han llevado a analizar cada fonema grafema y signo posible reconocido y analizado a nivel cerebral con el fin de reconocer en nivel de procesamiento necesario para que seamos capaces de aprender los procesos de aprendizaje, brindando apoyo a los maestros para que comprendan estrategias simples especialmente para aquellos niños que requieren un poco más de apoyo.
Cabe mencionar un punto importante de su investigación, y es el hecho que otras especies también cuentan con el sentido del número. Esto es importante, pues como especie, significa que no somos los únicos que requerimos al menos el conteo para sobrevivir, otras especies requieren de saber donde hay más o menos comida y si bien es un aprendizaje que nunca será tan sofisticado como en el caso de los humanos, es importante para le pervivencia de las especies.
Sin embargo, otros investigadores de otras áreas alejada de las ciencias neurocognitivas, encuentra que por ejemplo, las aves requieren de un análisis de la velocidad del viento respecto al espacio para volar. Esto se encontró cuando las aves comenzaron a enfrentarse al tráfico de las grandes ciudades hace muchos años. Cuando los transportes comenzaron a circular de manera masiva, las aves debieron ajustar su vuelo, pues de otro modo se estrellaban contra los autos cuando estos se comenzaron a mover a gran velocidad. Eventualmente, las aves aprendieron a relacionar velocidad y distancia, que implica un sofisticado sistema que podría considerarse tan sofisticado como la física para determinar como volar y adaptarse a las nuevas situaciones en el ambiente.
Eso no se aprende en las escuelas, y sin embargo, es un aprendizaje necesario para sobrevivir, lo cual implica que el resto de las especies tienen que desarrollar estrategias sofisticadas para seguir sobre la faz de la tierra, que al igual que los humanos, nos adaptamos a la cultura y modificamos nuestro ambiente para mejorar.

*Directora del Learning & Neuro-Development Research Center, USA. alma@almadzib.com

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