Educarse en el desorden
Miguel Bazdresch Parada*
Si algo enseñan las guerras es convencernos de la capacidad educativa de los ambientes llenos de tensión y con numerosos cambios de hábitos y costumbres. Las crónicas de las diferentes (y numerosas) situaciones de conflicto bélico en el siglo veinte y en el curso del cuarto de siglo veintiuno, además de ofrecer una cuenta y un recuento de las situaciones de conflicto y las pérdidas materiales y de vidas humanas, nos hacen ver cómo, en medio de las dificultades de la vida cotidiana lastimada y el terrible ambiente social, es posible ofrecer un aliento educativo a los niños, niñas y jóvenes en condiciones precarias, espectadores de sucesos aterradores y más; sucede que, al mismo tiempo, se propician aprendizajes para la vida. Uno de esos es el orden.
El orden es algo muy demandado en el mundo escolar. Las horas, las ideas y procesos a enseñar, los momentos para realizar las actividades planeadas y atender el desarrollo del aprendizaje de los estudiantes conforme las realizan, las repiten según las explican los maestros, se imaginan aplicaciones y cómo hacerlas en cada contexto. Todo planeado y realizado casi al minuto o a la hora, según se establece en planes y programas.
Y, vaya, en tiempos de conmoción social, cómo puede ser una guerra o cómo ahora el desorden económico y social, dada la ruptura de los acuerdos y los modos largamente sustentados entre varios países, suscitados por las decisiones y los actos del presidente de Estados Unidos, alcanzan a las actividades cotidianas usuales de escuelas y otras instituciones educativas y sociales.
También hay desorden nacional, al menos en ciertos lugares, con la movilización de sindicalistas de la educación puestos a presionar por mejores prestaciones y el gobierno que parece estar de acuerdo y, sin dudar, se encontrará en el futuro cercano con presiones de otros sectores en la misma línea sindical. Mientras tanto, los centros educativos están vacíos y los estudiantes están en su casa. La política también educa a veces a reconocer lo que no se debe hacer. No sabemos si los contenidos educativos son los pertinentes para estudiantes en espera de una ayuda intelectual para entender el mundo en que viven para luego entenderse a sí mismos.
Y como cosa mandada a hacer, hoy salen a la luz pública los cantores y los adoradores de la vida “narca”, pues se reunieron, en no poca cantidad, y cantaron y vitorearon a uno de los líderes, quizá el más conspicuo de esa actividad económica y según dicen educativa, pues con frecuencia, además de cantos y porras, organizan sesiones de educación y entrenamiento, con vivienda y comida incluida, para unirse a las filas del rápido enriquecimiento rápido y violento, sin necesidad de ir a la escuela. ¿Cuándo se terminará ese pésimo ejemplo de nuestra ética-país?
Es importante reconocer, para no repetir, los esfuerzos instruccionales alrededor de la elección de los nuevos juzgadores del otrora Poder Judicial. Ahí se utiliza el sistema de “vean, vengan al reparto y escojan al más simpático” o al que, dice, es el bueno. De paso aprendemos, no sin aprehensión, cómo se sustenta la justicia en este país.
La esperanza no muere y esperamos que nuestro sistema educativo responda con esa educación necesaria en estos tiempos un tanto confusos y necesitados de maestros, familias y autoridades capaces de poner, otra vez, orden en el país.
*Doctor en Filosofía de la Educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). [email protected]
Desde hace más de 15 años cada vez que se acerca el mes de mayo, los maestros inician su lucha, sus banderas, mejorar la educación, mejores salarios y mejores prestaciones, movilizan a contingentes numerosos, hacen sus reuniones para hacer una escuela democrática. La ciudadanía siempre protestando, los ganones, los líderes, los maestros con lo mínimo que consiguen y las aulas abandonadas, la educación sigue en caída libre. Repensemos compañeros, nuestras tácticas, esto ya se volvió rutina, práctica repetitiva, jamás Praxis.