Educación mediática
Rubén Zatarain Mendoza*
Se esperaría que en el marco de convivencia de una democracia el derecho a la información estuviera garantizado, pero en razón de la evolución de los medios en el horizonte empresarial privado (Azcárraga, Salinas Pliego), con marcos de regulación gubernamentales coyunturales y frágiles, tal derecho no es una característica a presumir en la sociedad mexicana.
Más aún, tal libertad se ha convertido en libertinaje de expresión cuando hay voces ofensivas recurrentes sobre la figura de la presidenta de los Estados Unidos Mexicanos y hay sembrado de odio clasista permanente, lo que evidencia ojos y manos externas sobre la evolución política del Estado mexicano.
La democracia en construcción tiene en la libertad de expresión (palabra, imagen, sonido, intención) una de sus fortalezas, pero paradójicamente también una de sus debilidades. Ahí los ejemplos de gobernantes indeseables (electos por mayorías ciegas y manipuladas) en los tres niveles de gobierno. Ahí la libertad de “excreción” en púlpitos y medios de comunicación masiva de las clases en el poder sobre el objeto de deseo en toda democracia, la voluntad y el voto de las mayorías.
El caso de pseudoperiodistas como Carlos Alazraki o Pedro Ferriz de Con y vástago de gym es icónico en materia de ofender las figuras presidenciales de Andrés Manuel López Obrador (2018-2024) y Claudia Sheinbaum Pardo (2024-2030). Palabras, falsedades y diatribas sin consecuencias para el emisor y sus empleadores.
Desde la libertad de expresión hay entonces un cobijo manifiesto de intereses de la oligarquía nacional, pero también el ocultamiento de un proyecto de desestabilización de la paz y de la democracia nacional.
En la geopolítica internacional, el retroceso de la izquierda en países como Argentina, Chile, Bolivia, Costa Rica, Honduras, Colombia y Perú ilustra el poder de la propaganda y el posicionamiento de personajes afines a los propósitos del imperio.
En el manto de tal libertad pululan entonces personajes opinólogos muy visibles cuyo discurso enmarca y transgrede el derecho a la información de los mexicanos.
El cambio político y la lucha por el poder institucionalizada en los partidos políticos tienen entonces en quienes ejercen el oficio periodístico debilidades y fortalezas y tiene precio.
Ahí están los casos de entidades federativas, trincheras del conservadurismo como Jalisco, Nuevo León, Chihuahua, Aguascalientes, Guanajuato y Querétaro, por mencionar algunos, donde se boicotea el proyecto político democráticamente electo a nivel nacional; estados donde se reorganiza de cien formas la resistencia y se miente como proyecto donde la práctica gubernamental, para tal fin, toman de la mano algunos medios periodísticos y personajes afines y literalmente maicearlos como en aquellos feudos, cacicazgos de regiones y estados durante el porfiriato.
Mucha sangre corrió en la Revolución Mexicana para efectuar los cambios constitucionales, como el artículo 6.
Garantizada la libertad de expresión como síntesis de luchas históricas que se remontan hasta la época colonial con los temas de la estructura administrativa virreinal, el tribunal del Santo Oficio como garante del catolicismo como religión dominante, el ejercicio del periodismo, sobre todo por aquellos que han formado parte del entramado propagandístico de las décadas neoliberales, ha desvirtuado en un oficio de palabras y notas de confrontación con los dos proyectos de gobierno federal desde 2018.
La libertad de expresión jamás ha significado el manejo profesional de la mentira y la diatriba como táctica de confrontación. Tampoco significa hacer gobernanza mediante cámaras o teatros de obras inaugurales recuperadas en fotografías a modo.
La existencia del “chayote” como recurso propagandístico de gobierno en el pasado se ha confirmado a través del modelo de comunicación de las mañaneras y el odio y reticencia de más de una docena de comentócratas y opinólogos financiados por los poderosos con una agenda de nostalgia (no pagar impuestos, por ejemplo) sobre las prácticas y acomodos en el modelo neoliberal.
La libertad de expresión garantizada por el artículo 6 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos viene como producto de una lucha cuya etapa previa al constituyente de 1917 tuvo como contexto y realidad la ley mordaza de la indeseable dictadura de Porfirio Díaz. Pueblo bueno analfabeto de la palabra en los siglos XIX y XX y pueblo bueno de subdesarrollo digital que hipoteca su lectura de realidad con los merolicos de las mediaciones digitales y los espejitos de colores.
Ahí está la aportación de los hermanos Flores Magón como ejemplo en la parte inicial de la Revolución Mexicana.
Ahí están los grandes ejemplos de periodistas que transitaron hacia la literatura universal y que debieran ser inspiradores de las nuevas plumas, como Gabriel García Márquez y José Saramago.
Menudo juego simbólico el que se juega cuando se analizan los medios de comunicación como entidades de origen empresarial, menuda gestión de los sentidos ante el alud de información digital, menudo reto el filtro de realidad sobre lo dicho y visto.
Las débiles democracias en los países del Sur profundo son objeto de negocio para los fenicios de la nota, para los analistas trajeados ante las cámaras y micrófonos, informar a la pobreza económica e intelectual desde sus espacios que habitan (López Dóriga y su departamento de lujo, Adela Micha y su residencia vecina del Bosque de Chapultepec).
Mucho juego simbólico de la sociedad, como Odiseo atada al mástil que resiste al canto de las sirenas.
Los medios y su mercado clientelar que difunden y difaman, que tantas veces en su práctica deshonran valores éticos esenciales.
La mentira y la difamación como trincheras constantes que ponen bajo la cortina de humo los tufos clasistas que subyacen a la manipulación.
La sociedad consumista crédula que lanza su apetito al banquete de asuntos deportivos, sociales o de seguridad insegura.
Elegir el entretenimiento sobre la veracidad de la información y el compromiso colectivo de pensar.
El mercado del consumidor, entendido unidireccionalmente por los estudiosos en las escuelas de periodismo o por los universitarios de las ciencias de la comunicación de universidades patito y fifis.
Las noticias trascendentales que se pierden entre el ruido y la renovación constante de los mensajes distractores.
El uso y manejo de la información deseable como medio de aprendizaje en campos formativos como lenguaje y comunicación.
La psicología como medio de conocimiento del comportamiento humano para el diseño de mercancías y cultivo de ilusiones.
Los comunicólogos, lingüistas y sociólogos auténticos y sus advertencias: McLuhan, Chomsky, Mattelart, Prieto Castillo, Baudrillard y Marcuse, Bauman, entre otros.
La sociedad de la información invertida necesaria y la alerta temprana y emergente de una ciudadanía crítica, la necesaria educación mediática escolar y extraescolar para acotar la mentira y sus variadas formas e intenciones.
Educar al hombre y la mujer videns como alternativa ante el avasallamiento cada vez más sofisticado de los inversionistas en publicidad y comunicación, ingenieros ideologizantes de los medios masivos y las democracias.
*Doctor en Educación. Profesor normalista de educación básica. zatarainr@hotmail.com