Descifrar la realidad
Luis Rodolfo Morán Quiroz*
Para muchos de nosotros, un hielo es una instancia de tan sólo cuatro posibles estados de la materia: líquido, gaseoso, gel y sólido. Sin embargo, hay quien ha insistido en que diferentes lenguajes tienen especificaciones para describir y manejar la realidad, para comportarse de acuerdo a cómo se perciba el mundo. Un ejemplo reiterado de un vocabulario que remite a formas sutiles de interpretar la realidad es el de los esquimales y los términos que utilizan para describir distintas calidades de agua y hielo. Conocidos también como Inuit y Yupik, los integrantes de estos grupos que habitan en el Ártico, zona de congelamiento perpetuo, han sido mencionados repetidamente por haber integrado distintos vocablos para aludir a distintos tipos de agua y hielo. Este vocabulario les ayuda a compartir y comunicar lo que descifran del entorno.
En The Invention of Nature. Alexander von Humboldt’s New World, Andrea Wulf (nacida en 1972) describe cómo Alexander von Humboldt (1769-1859), quien estudia todo en el entorno de sus viajes de exploración, expresa su frustración porque no logra distinguir, como sí hacen los nativos, caminos en medio de la selva y sabores de distintas especies de árboles (Wulf, 2015: 81): las quince especies de árbol cuya corteza probó le supieron exactamente igual al famoso polímata prusiano. Mucho del trabajo que realizó Humboldt consistió en hacer accesible una realidad que para los nativos era parte de sus saberes y actuares cotidianos. De tal manera que su constante curiosidad y sorpresa ante acontecimientos para él novedosos contribuyeron a explicitar formas de conocer y de actuar que para quienes ya habitaban en sus lugares de exploración eran cosa de todos los días y habituales en cuanto a su lectura de la realidad.
El antropólogo Clifford Geertz (1926-2006) propone la noción de leer la sociedad como un texto (por ejemplo, en La interpretación de las culturas, de 1973). Así como los textos se deben descifrar, como se ve en la secuencia de “la m con la a, ma; ¿y otra vez, pero con tilde? ¡Matilde!”, la realidad circundante requiere de comprender los códigos por los cuales la interpretamos. Ciertamente, en algunos casos los códigos sociales compartidos han impedido descifrar el entorno de maneras distintas a las marcadas por las tradiciones: “esto significa ÚNICAMENTE esto y no otro”, ha significado que en algunos momentos los humanos se hayan conformado (o se conformen) con la interpretación que ofrecen sus contemporáneos o sus ancestros, sin cuestionar lo que los signos y los síntomas del entorno pueden revelar de una realidad que se rebela ante los intentos de un conocimiento carente de códigos. La naturaleza y la especie humana se dejan interpretar a regañadientes, reluctantes (grudgingly, es el adverbio en inglés, el cual denota que lo explorado se deja, pero a la vez se queja).
Descifrar la realidad implica habilidades cognoscitivas y contextuales que requieren de aprendizajes explícitos. No basta ser local y miembro de una cultura y sociedad: se requiere entrenamiento específico para comprender las aristas de los códigos. Como nos sucede cuando comprendemos un término, pero no somos conscientes de su etimología y su relación con otros términos y sus vinculaciones, a través de “sinónimos” y “antónimos” aproximados, con otros términos provenientes de raíces de otros idiomas. De ahí que buena parte de nuestros aprendizajes para comprender la realidad estén mediados por enseñanzas explícitas acerca de las circunstancias de la realidad y cómo éstas afectan nuestra condición humana y nuestras interacciones con la naturaleza y con lo humano. Algunos logran experimentar de primera mano, aunque otros aprovechan lo aprendido en cabeza ajena (aunque el dicho afirme que nadie experimenta tal cosa de entender las coces en coco ajeno). Las estrategias para aprender a descifrar la realidad han llevado a los humanos a generar especialidades. No es lo mismo observar con nuestros sentidos que aprovechar telescopios y microscopios para comprender otros cosmos.
Como muestra el ejemplo de Humboldt y de muchos otros científicos y pensadores que fueron pioneros en sus campos, la habilidad de descifrar la realidad conlleva un esfuerzo y una dedicación para los cuales no siempre tenemos la afición, la inclinación, la disciplina o la tenacidad para aplicarnos. Surge la cuestión de cómo aprender y cómo enseñar a descifrar los múltiples niveles de la realidad circundante. La percepción e interpretación de la realidad física, legal, religiosa/cultural, lingüística está ligada a aprendizajes que en muchos casos requieren aprender y en muchos otros romper con códigos previos. Los signos y los síntomas o indicadores e indicios suelen estar asociados a especialidades. Aun cuando existen narrativas superpuestas e interrelacionadas como engranes, se requiere de agentes que sean capaces de comprender procesos los unos como analogías de los otros. Así, hay quien ha descrito los procesos cognoscitivos y emotivos a partir de modelos de la mecánica de objetos materiales. El modelo hidráulico de la psique (propuesto por Sigmund Freud, 1856-1939, es uno de los más famosos), aunque también existen otros modelos físicos y biológicos para describir procesos sociales (por ejemplo, las analogías de Emile Durkheim, 1864-1918, https://cdsa.aacademica.org/000-045/258.pdf).
Lisa Sanders (nacida en 1956) señala en su libro Every Patient Tells a Story. Medical Mysteries and the Art of Diagnosis (2009): cómo en ocasiones podemos señalar, desde nuestra escasa experiencia de legos en las artes medicinales, si alguien está enfermo. Vemos la piel de esa persona de una tonalidad que no ubicamos dentro de los rangos de la normalidad, con una expresión especialmente desoladora. El chiste del diagnóstico diferencial es precisamente el ser capaces de descifrar esos síntomas y buscar otros indicadores que ayuden a saber qué bicho físico o psíquico le aqueja. De ahí que para llegar a ese momento de diagnosis y prognosis se requiera de años y décadas de especialización en esos códigos del diagnóstico físico y en la utilidad de otras mediciones, diálogos y auscultaciones que para otros parecerían meros rituales, pero que sirven un propósito de desciframiento.
El ejercicio que realizan algunos antropólogos y nutriólogos al interpretar las escenas y las fotos de las comidas familiares y de otros festejos como cumpleaños, bodas, graduaciones a partir de lo que se come y bebe suele estar encaminado a encontrar su relación con los cuerpos y las almas (ánimos) de los participantes. No sólo en el momento de esos momentos de ingesta, sino en relación con un contexto cultural y nutricional de quienes aparecen en esos escenarios: ¿se puede inferir una tendencia a determinados padecimientos, se pueden interpretar determinados usos culturales, determinados niveles de actividad y de consumo de nutrientes de quienes se ubican en esos contextos? De igual manera, es posible interpretar las fotos y las acciones de los rituales escolares y cívicos: ¿Quién asiste, quién está en el presídium, quién en los márgenes? ¿Quiénes son invitados, a quiénes se excluye, cómo se visten, cómo se expresan, qué señalan sus rostros, sus cuerpos, sus vestimentas?
En otras disciplinas, científicas y tecnológicas, y hasta en nuestra vida cotidiana, echamos mano de habilidades interpretativas. Desde decidir si llevar determinadas prendas, utilizar determinados gestos o vocabulario, movernos en determinada dirección y a qué ritmo. Un ejemplo desde las ciencias sociales lo ofrece Cecilia Padilla en un diálogo radiofónico en que comparte algunas reflexiones sobre estos procesos de investigación y decodificación (https://udgtv.com/podcast/guadalajara/a-traves-del-espejo/a-traves-del-espejo—16-noviembre-del-2025—temp-03—ep-08—tema-agendas-de-investigacion-en-sociologia/294132). Desde una perspectiva política, Jorge Zepeda Paterson descifra la necesidad y las consecuencias de la polarización social en el régimen de la 4T (https://elpais.com/mexico/opinion/2025-11-19/la-polarizacion-que-dana.html).
Quien “tiene tablas” y quien “ya viene con el queso cuando otros van por la leche” son expresiones acerca de personas que cuentan con capacidades para descifrar y comportarse de determinadas maneras para manejar, anticipar, promover o evadir determinadas consecuencias provenientes del entorno. En buena parte, en eso consiste la educación: aprender a descifrar y enseñar los códigos para actuar en la realidad.
*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología de la Universidad de Guadalajara. rmoranq@gmail.com
Excelente ensayo multicultural. Felicidades DR. Moran.