Decir lo que se quiere decir

 en Verónica

Verónica Vázquez Escalante*

Enunciar lo que realmente se piensa, no es sencillo y el lenguaje es la herramienta que se puede considerar como puente entre el cerebro y la boca. Algunas personas necesitan un “acueducto” porque el torrente de ideas se agolpa provocando a veces, más confusiones que aclaraciones.
En artículos anteriores se ha especificado que el lenguaje no sólo es oral, también es escrito y/o corporal. Lenguaje de señas para sordomudos, lenguaje visual, literario y más, sólo por mencionar algunos. Mas en el presente escrito, me enfoco al lenguaje hablado, tan convencional como sea posible, dado que cada persona tiene sus propias interpretaciones, sus propios referentes e incluso, las percepciones de acuerdo a su propio contexto
Un pensamiento tiene la esencia de quien lo genera, por lo tanto también la imagen, el color, olor, en fin, las características muy particulares de quien se está dando a la tarea de gestar ideas. Así es precisamente como nace el significante de las cosas. Primero imaginar, pensar en las características y gradualmente conectar esas ideas con lo que se escucha. Cuando escuchas un concepto es el significante y cuando lo ves, lo palpas y lo entiendes, aparece el significado.
El hecho de aprender a hablar, se da paulatinamente desde que somos unos bebés, sin embargo, el significado de las cosas es inseparable o indisociable del significante.
La clase no termina ahí, la vida nos lleva a aprender constantemente, pero ese aprendizaje no florece por sí solo, las llaves que abren las puertas de la comprensión se llaman lectura, diccionario, curiosidad, escritura y lo que desees agregarle a creatividad.
El filósofo italiano Horacio (65–8 a. C.) afirmó: “Renacerán muchos vocablos hoy perecidos, y perecerán muchos que hoy están vigentes, cuando así lo quiera el uso, en cuyas manos están el poder de decisión, la ley y la regla”.
Las palabras citadas, tienen más de 2000 años de existencia y aún siguen vigentes porque se comprende claramente que en los discursos se utilizan de acuerdo al modo y tiempo en el que se vive, se contextualizan de tal manera que se “tropicalizan” y por lo tanto se entienden, se adoptan y después, habrá quien ya no sabe qué es pero usan la expresión. Es sumamente común encontrar en alumnos un signo de interrogación reflejado en su cara cuando se les pregunta “X” situación y su respuesta es: –ah… pues si sé qué es, pero no sé cómo explicarlo–”.
Finalmente, aquí se desea que haya una constante reflexión que el vaivén de palabras eviten los “galimatías” y a la vez quede la claridad y deseo por leer y comprender más para decir, lo que se quiere decir.

*Doctora en Ciencias de la Educación. Profesora de la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 145 Zapopan. veve30@hotmail.com

Comentarios
  • Julieta Pérez Fernandez
    Responder

    Referente al pensamiento; la educación recibida desde la más tierna edad no ayudará a conscientizar, qué estamos pensando.
    Recuerdo mi infancia pensando sin poder expresar pues “sabía dentro de mi” que mi comentario no iba a ser bien recibido. Podría tener un efecto contrario a mi integridad física.
    ¿Acaso a alguien le importaba lo que yo pensaba? ¿Alguno realmente me escuchaba? Así pasaron los años y yo mordiéndome la lengua. Hasta que con la edad, la escolaridad y autoconfianza logré la expresión oral, coherente. 👍🏻

Deja un comentario

Escriba su búsqueda y presione ENTER para buscar