Hace falta tiempo
Rubén Zatarain Mendoza*
Para superar barreras en el “territorio” de aprendizaje desde la escuela (instancia socializadora que surge en la revolución industrial para atender y sincronizarse con las necesidades sociales) es necesario atender los tiempos lectivos establecidos por norma. Tiempos y movimientos hacen la producción, en la visión administrativa clásica. Tiempos y movimientos en la escuela no son tiempos y movimientos gerenciales de mutuo besamanos, roza mejillas y palmaditas hipócritas de lejanos líderes omisos y actorales de inquilinos de Torre de Educación y ex-OSEJ tomada por asalto; de teatro Degollado con cúpula de musa de cuerpo y rostro angelical o espacios de murales de Diego Rivera con una maestra rural sin vida en la SEP central de la CdMX.
No hace bien a la estabilidad del sistema ajustar discrecionalmente el calendario escolar en detrimento del tiempo presencial en las aulas; no hace bien… bajo el manto de la soberanía de tufo recaudador, que los estados hagan ajustes a discreción. El federalismo educativo y su praxis es un tema de reflexión urgente a 34 años del Acuerdo Nacional de la Educación Básica (pasado 18 de mayo).
La rectoría del Estado mexicano sobre su sistema educativo no debe vulnerarse con tibieza dialógica temerosa del ejercicio de poder, sobre todo donde moran los autoritarios y antidialógicos, los universitarios fifís impostores que ven el mundo de la educación infantil como parcela política partidista.
Tampoco hace bien recortar tiempo real de aprendizaje a los procesos y ritmos que cada educando sigue y construye.
No es racional cortar procesos por decisiones administrativas reactivas, peor aún mantener en la zozobra los tiempos de cierre por titubeos o sobrevivencia política, por emancipación del error en la caótica toma de decisiones.
Paz y armonía para el trabajo del oficio educador es la obligación más alta de los encargados de gestionar el sistema.
El ciclo escolar 2025-2026 ha estado manoseado por distintas fuerzas políticas oficiales, sindicales y administrativas que trastocan objetivos de un pueblo ayuno de buena educación.
Por distintas razones se han suspendido clases, incluyendo razones de capacitación y actualización de docentes, directivos y supervisores (CTE en fases ordinarias e intensivas) o particularidades como los eventos de Jalisco, llámese Recrea Academy o subsecuentes, o capacitación de formación del carácter; el 9 de marzo, un día después del Día de la Mujer, o el 21 de abril, Día de la Educadora, o el 11 de mayo, día regalado por ser madre, o el 18 de mayo, secuela del Día del Maestro, más agregados de contingencia ambiental o eventos del 22 de febrero de 2026.
Aunado a esto, están los gestores de la holganza en flamante fotografía del Teatro Degollado el 15 de mayo, expidiendo medallas cual bonapartes sin batallas ganadas a sus soldados y generales, por cumplir 30 años y 40 años de servicio respectivamente; llámese secciones sindicales que, en su propia crisis de unidad y resultados, condescendientes caricaturescos que para nada asumen como eje de su hacer y decir el interés superior de la niñez.
El calendario escolar de plastilina y sus fuerzas restrictivas desde dentro, que recientemente impactan la normalidad imposible por eventos como los juegos magisteriales, Día del Maestro extendido y otras “sublimes” maneras de romper los ritmos de aprendizaje como las reuniones sindicales ordinarias o extraordinarias o los permisos económicos arquitectónicamente sembrados.
La profusión de fotografías en la sede de la SEP en el centro histórico de la CdMx, también en el teatro Degollado porfirista colonial.
El 15 de mayo, la presidenta hablando poesía sobre el valor del maestro a voz baja, el gobernador prometedor invirtiendo en legitimidad, los secretarios de educación nacional y estatal en pose, preferentemente con las maquilladas, peinadas y homenajeadas; operación limpieza con bono y medallas de oro y plata del desacierto. El ritmo somnoliento del discurso que nadie escucha de uno de los secretarios seccionales del SNTE en una retórica argumentativa flaca cuando el 9% de aumento ya galopaba en el cálculo mental y los guarismos de las futuras quincenas.
En la plaza liberación Guadalajara la escasa docena de manifestantes del CNTE, la causa magisterial en una izquierda manoseada que no acaba de representar ni en 15 de mayo, la CNTE nacional, marchas y escenarios.
Las tradiciones sociales y culturales como los eventos del Día de las Madres o fiestas patronales locales como otras maneras de impactar los tiempos de aprendizaje.
Si en el proceso democrático que vive el país se aplaude la alternancia, en lo que atañe al proyecto de la educación nacional hay áreas de mejora. Se requiere dirección, rectoría, apego a la normatividad y hacer política educativa de altura a favor de las niñas, niños y adolescentes.
Las aguas políticas versus aguas pedagógicas y curriculares que permean en la SEP y la SEJ son fuerzas restrictivas soterradas a golpe de brindis y discursos aviesos de rentabilidad política hacia el 2027.
Vaya manera de desdibujar el enorme capital que otorga la sociedad mexicana a sus escuelas y sistema, vaya manera de fracturar esa cohesión social cuando hay miopía en materia de interés superior.
Si en un aspecto de forma como es el ajuste del calendario escolar no se es capaz de ser consistente, se pone en duda la capacidad estratégica de direccionar asuntos torales como son la consolidación de la reforma curricular y la denominada formación continua de los docentes.
Los resultados del sistema educativo están en riesgo mientras se ensayan reuniones de acuerdos inoperantes de secretarios viajeros de avión y hospedaje de cinco estrellas en un contexto de educación pública con indicadores de emergencia.
En la cultura magisterial hay saberes sobre la manera como se construye la propuesta del calendario escolar en el sentido de los procesos de siembra y cultivos durante la temporada de lluvias, por ejemplo; difícil es comprender la argumentación y razones que hoy se esgrimen en el sentido del Mundial y la ola de calor. ¿Calor en dónde y de quién?
En la orografía del país, a lo largo del sur, centro y norte, las costas y la montaña, existen áreas, microclimas, donde hay calor la mayor parte del año. A los ajustes pedagógicos climatológicos se impone más bien un ajuste cínico de tufo neoliberal y clasista (contra los más desfavorecidos cognitivamente).
Qué absurdo es también el argumento de suspender días de clase o adelantar la clausura del ciclo escolar porque hay algunos partidos de fútbol. El fútbol de pasión pasajera puede, en el mejor de los casos, ser medio didáctico de nacionalismo o tolerancia a la frustración; es cierto, consume bastante energía en los mayores de edad, pero a la infancia debiera proponerse el débil sentido didáctico que la euforia colectiva sobre ese deporte provoca; tal vez su práctica y manejo de reglas debiera generar proyecto formativo coyuntural, pero sin detrimento de los contenidos sintéticos que hay que abordar en los programas de estudio.
Mal parados quedaron los tomadores de decisiones a nivel central y local (el daño está hecho), no sólo por dar la espalda a las necesidades sociales, a las necesidades cognitivas de quienes aprenden, sino porque en esa lucha ideológica implícita de estados izquierdosos (los de MORENA) contra estados derechosos (los del PAN, PRI y MC), otra vez la educación es rehén y pantomima, donde la factura la pagan otra vez los más necesitados que tienen por cerrar campos formativos, ciclos, grados y perfiles de egreso.
Hace falta tiempo de aprendizaje y respeto a la infancia y adolescencia.
*Doctor en Educación. Profesor normalista de educación básica. zatarainr@hotmail.com