De color(es)

 In Cuentos y relatos del magisterio, Videos

Mayela Eugenia Villalpando Aguilar*

Hoy en la mañana desperté asustada, tenía miedo de mi primer día en el nuevo colegio, pero mi mamá me dijo que podría tener nuevas amigas. Conocí a muchas niñas y a mi maestra Marisa, que nos regaló una galleta de bombón y jugamos a contar historias divertidas. Ella me aseguró que pronto aprenderíamos a leer porque yo le dije que me gusta mucho el libro de cuentos que me regaló mi papá en mi cumpleaños.
Lo que no entendí fue cuando la directora le dijo a la encargada de la puerta de salida del colegio, que mi nombre era Sarah, que yo era nueva alumna y que mi familia y yo somos gente de color. ¿De qué color seré yo? Cuando mi mamá apagó la luz para que me durmiera, ya no pude ver los colores, pero mañana sí.
La pequeña Sarah se fue quedando dormida y en sueños se sintió feliz. Jugaba en el parque, corría por todos lados con un rehilete multicolor en la mano.
—Me gusta mucho el color amarillo —le dijo a su mamá, que estaba con ella en el sueño. Y continuó, casi gritando: —¡Mira! Puedo ser como una mariposa, tengo alas para volar y me acerco al dulce de las flores. Ellas son mis amigas y me alimento sin molestarlas.
—¿Y si yo fuera de color verde? —continuó la niña preguntando a su mamá—. Estaría redondita y cantaría todas las noches con mis hermanas las ranas que viven junto a los charcos de agua de lluvia.
—El azul brillante también es muy bonito, ¡Y te verías tan linda! —opinó sonriendo la mamá, y Sarah estuvo de acuerdo. —Sí, con ese color me parecería al pequeño pajarito que llega todas las mañanas a beber del agua azucarada que tienes en el botecito rojo, colgado del árbol afuera de la casa, ¿verdad, mami?
A la mañana siguiente, Sarah despertó contenta. Recordó que había jugado toda la noche con su mamá en el parque. En el camino al colegio, se dio cuenta de que algunos árboles en las calles estaban llenos de flores de todos los colores: rosa, anaranjado, amarillo, rojo y morado. Entonces se le ocurrió algo y preguntó: —Papi, ¿los árboles eligen su color?
El papá iba conduciendo el auto en pleno tráfico y, un tanto distraído, contestó: —Estamos en primavera y es tiempo de que los árboles florezcan Son de diversas tonalidades y se llaman jacarandas, tabachines, lluvia de oro y palo de rosa, por eso la ciudad está tan colorida en esta época.
Con esa respuesta, que no la sacaba de dudas, la niña pensó que mejor le preguntaría a su maestra.
Después de comer la fruta con yogurt que su mamá le preparó para el recreo, Sarah se acercó a su maestra Marisa y le contó que había jugado con su mamá a ser de diferentes colores, pero que tenía una duda e inquirió: —¿Una persona puede elegir ser de color?
La maestra entendió la preocupación de la niña y decidió explicarle algo antes de aclarar su duda, y a su vez la cuestionó: —¿Sabes cómo se forman los colores?
Sarah se le quedó mirando y movió su cabeza para decir que no.
—Te voy a explicar —dijo Marisa, y continuó—: los colores existen por la luz. En los rayos del sol que nos llegan cada mañana desde muy, muy lejos, vienen viajando todos los colores del arco iris… ¿Has visto alguna vez el arcoíris?
—Sí, maestra. Un día que fuimos de paseo al campo, llovió. Pero luego salió el sol y mi papá me dijo que volteara al cielo. Vimos líneas de colores que brillaban y, al rato que volvió la lluvia, desaparecieron.
—Sí, claro, porque las nubes cubrieron la luz del sol y los colores viven en la luz. Algunos comparten mucha claridad, como el amarillo y el rojo. Otros son más comelones y no quieren compartir; son poco luminosos como el azul y el violeta. Pero todos necesitan de la luz para vivir.
—¡Ah! Ya entendí. Entonces, por eso, cuando la luz de mi cuarto está apagada, no veo el color de mis juguetes, ni de mi libro de cuentos.
—Muy bien, Sarah, creo que ya te quedó claro que sin luz no hay colores. Ahora te quiero contar que las personas también necesitamos la luz del sol para vivir. Hace muchos, muchos años, en algunos lugares, la luz del sol casi no llegaba y la gente podía comer poca luz y su piel se puso descolorida. Y en otras partes, el calor del sol era tan fuerte que la piel de la gente se hizo oscura porque había comido demasiado y ya no podía comer más luz.
—¿Y así se les quedó?
—Sí, por eso ahora hay personas de diferentes tonos de piel; unos son descoloridos y otros son oscuros. Pero más importante que el tono de la piel es la luz que tú compartes con otras personas, porque con esa luz que reflejas es el color que los demás ven en ti.
—Gracias, maestra, creo que ya entendí lo del color de las personas.
En ese momento, se escuchó la música que marcaba el fin del recreo y juntas regresaron al salón de clase.
Hoy fue un día divertido; me gustó ir al colegio. Aprendí lo que mi maestra me explicó de las personas y los colores. Desde mañana voy a comer y compartir mucha luz para ser de mi color favorito, ¡amarillo como las mariposas!

Doctora en Educación. Docente jubilada e investigadora independiente. mayela.villalpando@cips.edu.mx

Showing 2 comments
  • Francisco Millan

    Leyendo este bonito relato te saludo estimada Mayela.
    ¡Felicitaciones!

    • Eugenia Villalpando

      Hola Francisco, qué gusto recibir tus saludos, gracias. Un abrazo!

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