Cuando la tecnología llegó al rancho

 In Cuentos y relatos del magisterio, Videos

Jaime Navarro Saras*

Debió haber sido durante los primeros años de la década de los setenta del siglo pasado. Era una de esas mañanas lluviosas de las vacaciones escolares largas (julio y agosto); fuimos al rancho en compañía de uno de los hermanos de mi madre, mi tío Chico. Como siempre, llegamos a hospedarnos con la tía Chavela, hermana de mi papá. Como era la costumbre, hicimos el trajín de visitar a toda la parentela, principalmente a mi tío Lencho, otro hermano de mi papá, y a sus medios hermanos, como mis tíos Tomás, Chon, Cuco y Raúl, además de a mi tío Alfonso, el único hermano de mi mamá que no migró hacia otras ciudades, principalmente a Guadalajara. También la demás parentela, entre otras, comadres, compadres y amigos de mis papás, además a mi tío Goli, hermano de mi abuelo materno Gilberto, y mis tíos Cleofas y José, hermanos de mi abuela materna Biata, y al infaltable, mi tío Eleodoro, primo y compadre de mi papá.
Por la tarde estuvimos reunidos escuchando las anécdotas de toda la vida contadas por personajes como El Pata y su hermano Ramón Hernández. En eso, mi tío Chico mostró un aparato desconocido por la mayoría de quienes estábamos reunidos; era una especie de radio que mi papá nos la había enviado de EEUU. Comentó que era una grabadora y, sin más, empezó a hacer que la gente hablara y comentara todo lo que se les ocurría. Después de unos minutos, apretó unos botones del aparato y veíamos que algo se movía; era un sonido parecido a un chillido, pero suave. Después volvió a apretar los mismos botones y el chillido se detuvo. Con el mismo botón lo giró a la izquierda y se oía como que algo se recorría. Con otro botón sacó un cartucho rectangular de color gris, nos dijo que se llamaba cassette y que había grabado todas las voces. Lo volvió a introducir y sucedió algo mágico: las voces de quienes estábamos allí y habíamos hablado se empezaron a escuchar. Fue algo maravilloso saber que un aparato podía capturar la plática, las risas y al mismo tiempo poder escucharlas. Para la mayoría fue sorprendente escuchar esos sonidos y, al conocer por primera vez su voz, más de uno dijo: “Habla como Piporro; tiene la voz de Pedro Infante; se oye muy jotito…” y cosas por el estilo.
Le pidieron a mi tío Chico que volviera a poner una y otra vez la grabación y, como arte de magia, la noticia corrió como polvorín y la experiencia se repitió varias veces más. También anduvo con la grabadora en varias casas haciendo que la gente hablara; el invento había logrado impactar a una ranchería de al menos mil habitantes. Con los meses, muchos de los que vivieron la experiencia mandaron pedir esos aparatos novedosos a sus familiares en EEUU para experimentar la captura de voces y demás sonidos.
En alguna ocasión y ya con la grabadora en casa, la llevé a la secundaria para hacer una actividad donde realizamos una entrevista en la materia de español. En la escuela a nadie le sorprendió el aparato porque ya era conocido; sin embargo, seguimos experimentando con éste y realmente no sé qué sucedió con ese aparato; lo cierto es que no lo conservamos. Para ello ya habían aparecido todo tipo de grabadoras, las que además eran radios, y lo interesante es que se podían grabar las canciones de la programación de las estaciones; incluso había programas de radio donde se hablaba para pedir canciones, las cuales, una vez grabadas, se guardan como tesoro para cuando queríamos escucharlas y subirnos el ánimo o simple y sencillamente para pasarla bien.
Quienes nacimos en el siglo XX pudimos maravillarnos y disfrutar de muchos inventos tecnológicos; la mayoría surgieron de manera individual, entre otros, la radio, la televisión, la cámara fotográfica instantánea, la grabadora de voz, el reloj, el tocadiscos, la cámara de cine y el proyecto de diapositivas, entre otros, los cuales, y aunque suene como un chiste, vienen incluidos hoy en día en cualquier teléfono celular, el cual, y gracias a un mandato de la SEP, está por prohibir su presencia en las escuelas de educación básica de todo el país. El celular es un aparato maravilloso que puede ser un medio para hacer múltiples mediaciones y experimentos con él. Lo lamentable (y gracias al descuido de los adultos, los gobiernos estatales y federal y libertades ilimitadas y sin consecuencias y responsabilidades legales a empresas como Facebook, TikTok, Instagram, X, etcétera) es que las redes sociales han inhibido la creatividad para que los estudiantes puedan explotar todo lo inimaginable en términos sociales y culturales, no sólo la aspiración de ser influencer y poder hacerse millonarios de ello, lo cual está muy lejos de que pueda suceder, pero a eso aspira la mayoría de usuarios de dichos aparatos por la falta del desarrollo del sentido crítico de las cosas y de lo cual se desentendieron de ello las familias, los gobiernos y las escuelas.
La tecnología es y será una maravilla para el desarrollo de los procesos educativos, culturales y científicos; lo contado acerca de la grabadora es sólo un ejemplo de las maravillas que pueden provocar los inventos en las personas. Lo interesante aquí es poder generar mediaciones para operarlos con fines creativos, incluso hasta recreativos. Lo cierto es que actualmente vivimos en un mundo que ya no sorprende a nadie y donde ya no sabemos diferenciar entre la realidad y la ficción gracias a la penetración de la inteligencia artificial (IA) en casi todo, y, en tanto, habrá que trabajar mucho para revertir esas realidades y fenómenos donde las personas puedan utilizar la inteligencia verdadera y los medios necesarios que les permitan hacer cosas y que la tecnología sea para su uso y no a la inversa. Sabemos que va a costar mucho tiempo y trabajo, quizá no vaya a suceder y tal vez, en unos años, nuestros niños de hoy convertidos en adultos nos sorprendan en que son mejores en todos los campos que las generaciones que les precedieron (lo cual está por verse), pero tampoco está descartado que no pueda suceder.
Lo único verdadero de esta historia es que las generaciones del siglo XX vivimos en cámara lenta los cambios tecnológicos y siempre estábamos dispuestos a sorprendernos; a muchos nos despertaba la creatividad y a otros simple y sencillamente nos pasaba de noche porque podíamos vivir con ello y sin ello y no pasaba nada. Sin embargo, hoy en día, si no te subes a la tecnología, no puedes operar, ya que las instituciones, como los bancos, por ejemplo, al haber migrado a lo digital, y si no estás actualizado, no puedes hacer uso de ello. En tanto se quiera reconocer o no, ello se llama discriminación y eso es lo que nos trajo, por desgracia, el siglo XXI, del cual ya pasaron 26 años y no se detendrá lo que hoy en día llamamos la era digital y lo que se viene después.

*Editor de la Revista Educ@rnos. jaimenavs@hotmail.com

Comments
  • SILVIA RUVALCABA
    Responder

    Como siempre, excelente comentario!

    Así es, estimado maestro, somos una generación que hemos vivido en los últimos 50 años un vertiginoso crecimiento tecnológico, que nos llenó de sorpresas, que de repente rechazamos pero que terminamos por aceptar.

    Y sí, el “teléfono móvil” que se convirtió en muy poco tiempo en la multiherramienta tecnológica es el mejor ejemplo.

    Muchas felicidades!

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