Clase media y legitimidad de la inversión educativa

 en Rubén Zatarain

Rubén Zatarain Mendoza*

En algunos estudios sociológicos que se publicaron en los setenta se cuestionaba ya la relación entre escolaridad y movilidad social, se cuestionaban ya algunos preceptos de la teoría del capital humano.
Muchos de los referentes de las críticas al modelo expansionista de la escolarización tenían contexto en los países subalternos como los países latinoamericanos, algunos de sus planteamientos son válidos para comprender la propia dinámica de capilaridad social en los países ricos, cómo el caso de los Estados Unidos.
Para llegar al “sueño americano” apostar por una educación media y superior ha tomado nuevo impulso en su nuevo programa educativo.
Hay claridad en el sentido de que la educación es un factor, es una vía para que los jóvenes desbrocen su llegada al éxito, como medio para la movilidad social, y en ello la apuesta del gobierno de Biden para impulsar la inversión y los apoyos a la escuela pública.
Biden y el tema de los inmigrantes, del dicho de campaña al hecho reciente de expulsión de indocumentados. La división entre el Norte y el Sur.
El problema educativo de los hispanohablantes y de otras lenguas.
La clase media en las sociedades modernas de hoy sería incomprensible sin ese componente de fe en la educación personal como pasaporte al éxito y a la mejora económica.
El bono social que se deposita en la escolarización y en la capacitación de los recursos humanos justifica de hecho las grandes inversiones públicas de los países en el sector educativo.
Sin el combustible vital de la expectativa de mejora de las masas que impulsan los valores y creencias sobre cultura y educación el sistema no funciona.
El juego se reproduce y de vez en cuando una nueva generación de perdedores aparece.
La competencia se complejiza, la clase media se difumina y la capilaridad puede ser hacia arriba y hacia abajo.
Ahí está el juego simbólico y real, ahí está en gran parte el corazón y la inteligencia que da vida a la compleja sociedad contemporánea.
A más educación corresponde una ampliación de la base de la clase media y una ampliación de la expectativa de movilidad socioeconómica individual. Corresponde también mayor talento e inteligencia formada, constitutivos de riqueza nacional y efectivos para la competitividad mundial.
Ese es en parte el credo norteamericano, el proyecto educativo del exprofesor Biden, ahora presidente de los Estados Unidos de Norteamérica en estreno.
Entre sus primeras acciones, está el mensaje explícito y el cumplimiento de sus promesas como candidato de impulsar la educación pública en una perspectiva de mejorar la competitividad de los estadounidenses y de ampliar la base social de clase media a través del fortalecimiento del bachillerato y la universidad.
Los hechos lo hablarán.
Entre sus decisiones está el nombramiento del secretario de educación, el latino de padres puertorriqueños, profesor Miguel Ángel Cardona quien en su currículum fue comisionado de educación en el estado de Connecticut desde 2019 y le correspondió enfrentar la pandemia del Covid-19 y hacer supervisión de la enseñanza a miles de alumnos.
Cardona, nacido en 1975 obtuvo en 2011 su doctorado en educación por la Universidad de Connecticut con su tesis sobre la enseñanza, como cuestión de Pedagogía y Política “Afinando el enfoque de la voluntad política para abordar las disparidades en el rendimiento, estudió las brechas entre los estudiantes de Inglés y sus compañeros de clase” (Kevin Carey, The New York Times, 20/01/21).
Entre sus acciones destaca el apoyo del gobernador demócrata Ned Lemont con la distribución en Connecticut, de cien mil computadoras personales para hacer frente al reto de aprendizaje en los hogares en la coyuntura de la pandemia, cubriendo a todos los estudiantes que lo necesitan.
En política estricta el proyecto demócrata encabezado por Biden-Cardona será sustituir el proyecto educativo repúblicano Trump-Devos que en términos globales era opuesta a las escuelas públicas.
Dar marcha atrás a cuatro años de desastre según algunos juicios.
La anterior Secretaria de Educación estadounidense Betsy Devos, de una visión cargada hacia la escuela privada, se caracterizó por los progresivos recortes en millones de dólares al sector educativo y la mirada obtusa acerca del valor de las pruebas estandarizadas.
Joe Biden, cuya esposa Jill Biden es profesora en el Colegio Comunitario de Virginia, ha prometido apoyo a los educadores para preparar a sus alumnos a triunfar en la economía del mañana. Miguel Ángel Cardona de profe de escuela a Secretario de Educación, ejemplo de movilidad social en el sistema educativo estadounidense, cuyo perfil según el propio Biden “Puede abordar las desigualdades sistémicas” tendrá que materializar dos grandes grupos de acciones:

1. Apoyo a los educadores en materia salarial, para posicionarlos en la dignidad profesional que se merecen y mejoren la enseñanza.
Aplicar recursos a las escuelas para que los estudiantes se transformen en adultos física y emocionalmente sanos. Según diagnóstico, los datos arrojan que el 20% de los niños del país tienen problemas de salud mental, por tanto se duplicará el número de psicólogos, consejeros, enfermeras y trabajadores sociales en las escuelas para que cada niño sea atendido.
Triplicar los fondos federales del título I para las escuelas más necesitadas, esto es, ampliar expectativas para asegurar el mejor futuro de un niño.
Brindar diversidad de caminos a estudiantes de Secundaria y Preparatoria para la consecución de una carrera exitosa.
Invertir en la formación y atención de las nuevas generaciones desde el momento mismo del nacimiento.

2. Educación más allá de la preparatoria.
Invertir en los colegios comunitarios y capacitación.
Fortalecer la universidad como el camino confiable hacia la clase media, revisión de las deudas de los estudiantes.
Apoyar los colegios comunitarios y universidades, incluyendo aquellos que atienden población escolar de contextos afroamericanos y de minorías raciales y culturales.
Fondos para mejorar la infraestructura de las escuelas, mejorar tecnología y laboratorios, informática, realidad virtual e inteligencia artificial.
Modificar las leyes regulatorias de armas para abatir la violencia en las escuelas.

Para su programa educativo se anuncian 50 mil millones de dólares para efectos de capacitación y colaboración entre empresas y universidades comunitarias, sumados 8 mil millones de dólares adicionales para aplicar en salud, seguridad y equipamiento de escuelas.
El cambio de gobierno en los Estados Unidos ya anuncia el camino por el cual se transita a los desafíos sistémicos de aquella sociedad, incluyendo añejos problemas interraciales y el desafío de la violencia.
Para operar, el mando está en manos de Miguel Ángel Cardona, defensor de la escuela pública, profesor de escuela con experiencia, que suma, según analistas, las ventajas de ser un secretario de educación bilingüe.
Por ahora, paralelo a una extensiva dinámica de vacunación contra el Covid-19 y expulsión de inmigrantes, en la vía Biden-Cardona, los primeros esfuerzos se direccionan hacia la reapertura con seguridad de la mayoría de escuelas estadounidenses hacia el final de su primeros cien días de mandato.
Cardona, aún con la oposición de algunos padres y sindicatos de maestros asegura que es perjudicial mantener los educandos en casa y que la pandemia sólo ha aumentado la desigualdad social.
Tomar decisiones y conciliar será parte de su agenda.
Para la vía más larga, los cambios educativos –aún con la decidida inversión de recursos económicos– necesarios, para abonar a la movilidad social de los jóvenes estudiantes.
Por lo que nos ilustre, será bueno extender la mirada al Norte, mientras se concretan algunos de los planes.

*Doctor en educación. Profesor normalista de educación básica. zatarainr@hotmail.com

Comentarios
  • Griselda Gómez de la Torre
    Responder

    Extender la mirada a otras experiencias educativas para reflexionar nuestros propios retos sistémicos, es una forma de posicionarnos respecto de la agenda pendiente aún por resolver en materia educativa. Apostar en inversión educativa, como forma de alentar el capital humano, debe representar un acto de justicia social, la esperanza democrática de las aspiraciones y expectativas de los habitantes, será el aliento en lograr una sociedad igualitaria, incluyente e inclusiva.
    “De tanto ahorrar en educación, nos hemos hecho ricos en ignorancia” (Mantilla Prada).

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