Causas últimas y deber docente

 In Carlos Arturo

Carlos Arturo Espadas Interián*

En todo centro escolar, sea sistemas, subsistemas estatales, federales o autónomos en retroceso, al presentarse una situación interna, se identifican posibles causas para atenderlas y con ello atenuar o neutralizarla; sin embargo, la situación es reiterativa.
La mayoría de las situaciones al interior de un centro escolar, en sus causas, son trascendidas y emanan del subsistema que se encuentra dentro del sistema educativo nacional, que a su vez responde a trazos nacionales e internacionales en general ligados a bloques de visiones de mundo.
Pensar y atender en consecuencia las situaciones desde los centros escolares es fundamental; sin embargo, circunscribirse a ellos oculta a actores y engranajes externos que dan sentido, direccionan e incluso las producen.
La trascendencia determinante que ejercen actores e instancias de distintos niveles de las estructuras de visión de mundo se percibe en el momento en que se actúa para superar alguna situación, saliendo a la luz los mecanismos que se encuentran en el trasfondo.
Así existen mecanismos que pasan desapercibidos mientras nadie detecta su influencia o determinación; se evidencian cuando se busca atender de raíz las situaciones de los centros escolares.
Puesto que nuestro sistema educativo es centralizado –incluso el nivel superior–, la mayoría de las causas últimas se encuentran en las Secretarías, con todas sus “filiales” en los estados, así como en organismos y entidades que financian o direccionan la educación, pero quedarse ahí es no trascender, pues, aunque se superan las causas inmediatas, las mediatas y últimas no.
Las causas se encuentran detrás de los organismos y estructuras –de todo orden–, en los componentes que intencionalmente se apuntalan en los terrenos ideológicos, culturales, antropológicos, filosóficos… y que generalmente pasan desapercibidos.
Por ello, el papel del profesorado mexicano debe direccionarse hacia estos elementos de orden estructural inmaterial para poder atender las situaciones diversas; con ello se notará claramente el doble discurso de las Secretarías cuando buscan trabajo en equipo y colaborativo, siendo que pretenden el conflicto para que las energías se disuelvan hacia otros focos y el telón de esos elementos fundamentales siga sin descorrerse.
Esos elementos de soporte son inmateriales y materiales; se encarnan en actores de diversos niveles de autoridad y acción que son sometidos por las macroestructuras que se presentan como inamovibles y “eternas”.
También se requiere fortalecer la formación profesoral, no hacia procesos de “moda” como descolonización, diversidad y demás, sino hacia elementos de análisis profundo que permitan trascender esos elementos que ocultan visiones de mundo que al final derivan en controles y sometimientos de otra índole.
El motor del magisterio mexicano debe ser recuperar la posibilidad de la libertad humana en el sentido de su naturaleza intrínseca con la existencia y que implican la libertad de decisión y acción imbricada en el bien de nuestra especie [en configuraciones de estructuras materiales-inmateriales que quizá aún no han existido], a partir de la voluntad y todas las facultades, dones, talentos… heredados como humanidad.

*Profesor-investigador de la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 113 de León, Gto. cespadas1812@gmail.com

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