Carácter y ocio revolucionario
Rubén Zatarain Mendoza*
Alejandro Moreno, alias Alito, el líder nacional del PRI, exgobernador de Campeche y, a opinión de muchos, un producto vulgar y corrupto de la política, refiere en sus discursos, desde su temprana carrera, la alusión al carácter como componente de su personalidad y proyecto político; su decir de ladronzuelo barato es de un navegante cómodo en las aguas turbias del poder tricolor, del cual le tocó disfrutar sin mayores méritos ni capacidades.
Ese tipo de falsos valentones, consumidor de tratamientos de cirugía plástica y con evidente personalidad sobrada por su fortuna mal habida, no es el tipo de ciudadano al que se aspira en el perfil de egreso de una formación humanista.
Tampoco lo es el silencio ominoso y el ocultamiento de pruebas ante la desaparición de los 43 estudiantes normalistas rurales de Ayotzinapa en Iguala, Guerrero; el carácter inhumano de ocultamiento de pruebas y casi 12 años de ausencia de sensibilidad y capacidad de colaboración con la justicia nacional, la aprehensión de una pieza de la impunidad en la figura del exgobernador priista Ángel Heladio Aguirre Rivero. El carácter de la justicia y la complicidad en un crimen de Estado doloroso sobre el que siguen las preguntas y búsquedas.
“Echado para adelante”, así describía Pedro Ferriz de Con a Enrique Alfaro Ramírez (hoy con aspiraciones de director técnico de futbol, pero siempre merodeando espacios y tiempos políticos), su etapa temprana como gobernador, mientras Jalisco se bebía su tarifazo, el reemplacamiento, el préstamo para pruebas de COVID en la crisis de salud física y emocional del COVID y mientras se cocinaba el negocio de la verificación obligatoria y se daba vueltas a la noria a asuntos torales como el SIAPA, el IPEJAL y la Fiscalía, donde había señales e indicadores de profundos hoyos de corrupción.
Desde las instituciones partidistas, una misma clase de políticos al lado de sus propios intereses y de grupo; otra generación, la moderna ciudadanía que aún no corrige, mismos resultados: los administradores públicos más caros, las esperanzas muertas de la ciudadanía ingenua que los eligió, personajes impunes de una u otra manera cuyo modelo de formación de carácter lábil con los amos del dinero y el empresariado, de retórica confusa y de coordenadas de herencia familiar oportunista y sin principios ideológicos definidos. Incapaces y ambiciosos.
Sí, en la formación del carácter político ideológico de los hombres y mujeres de hoy y del futuro, el canto de sirenas desde los ideales reproductores de la clase que muerde privilegio no es el ideal en la formación escolarizada con conciencia de clase, de sujetos serios con claridad de principios con la clase trabajadora.
Jalisco y los estados coloniales, los fallidos independentistas y sinarquistas que marcaron huella en la historia nacional hace 100 años con el antijuarismo y la contrarrevolución cristera.
100 años de un largo periodo conservador de despolitización imparable en estados del centro como Aguascalientes, Guanajuato, Zacatecas, Michoacán y Jalisco. La formación del carácter del creyente y la fracturación silenciosa de la educación laica y científica.
Y los medios y periodistas acomodaticios quemando incienso en hoguera cargada a la derecha, las oscuridades sobre la riqueza de Norberto Rivera, el clero susurrante, el negocio pingüe que no paga impuestos.
El trabajo sistemático de los medios de comunicación que en la parte inicial de los cambios del proyecto lopezobradorista estaban en búsqueda de líderes para encabezar la revuelta al proyecto de gobierno y organizar la oposición desplazada en las urnas en 2018, buscar gente echada para adelante y con carácter, capaces de retar a golpes en la cámara (Alito Moreno) o de diluir los cambios necesarios en materia de seguridad pública y desaparecidos con mandas a la Virgen de Talpa, crucecita en el pecho y voz de mando ausente de veracidad y solidaridad social, con anuncios anticipados del grupo que amenizará en la noche del 15 de septiembre (ojalá, ahora sí, con honores a la bandera bien hechos).
“La formación del carácter”, el proyecto característico del ciclo escolar 2025-2026 del sector educativo en Jalisco en la transición gubernamental y la toma de la estafeta entre gobiernos emecistas. La formación del carácter confesional por el tipo de fuentes (Universidad Panamericana, Opus Dei) a las que se acudió con sustento en la ya franca rebelión pedagógica neocristera impune.
Ni SNTE nacional ni local (el líder nacional del SNTE elogió públicamente el proyecto educativo de Jalisco; los líderes estatales, raros, calculadores de política servil, sonrientes y sin ideas del debate pedagógico laico, condescendientes e histriónicos, mientras gobernador y SEJ tiran como bolo parroquial a niños su basura tecnológica).
La formación de valores, proyecto educativo necesario en los ámbitos del hogar y la escuela, no debe ser espacio de neoevangelización o de neocolonización de visiones clericales ni de “bienintencionados” mercaderes improvisados en la gestión gubernamental de obtusos calculadores de la administración y recursos públicos que ven en la distribución del agua y la educación un nicho de mercado.
La formación de valores ha de convocar a la investigación y la propuesta pedagógica de las instituciones serias formadoras y profesionalizadoras de docentes; ésta no debe acotarse a una formación “del carácter” individualista, competitiva y coyuntural sustentada en el “bien común” de los privilegiados de sotana y de aquellos que habitan en cotos exclusivos o casas de gobierno con vigilancia 24 horas, entre rejas espanta manifestantes, para alejar la ciudadanía y apelar (cohesión social, la evangelización silenciosa) al buen comportamiento social de la gente, mientras ellos se enriquecen y otorgan a sus mayorías electorales miserias de retorno.
La formación armónica e integral, sentido de la educación pública, tiene en su seno la obligación ética de aportar al desarrollo sano de todas las dimensiones humanas y está de más gastar recurso público y orientar un proyecto estatal para extender el largo camino hacia la educación del carácter cristero y de resignación de la pobrería.
Vaya proyecto educativo estatal financiado con dinero federal, con debilidades manifiestas cuando se sustenta en una perspectiva de formación de carácter de currículum oculto para la clase trabajadora y de currículum real para los más privilegiados económica y socioculturalmente.
Vaya visión parcial cuando hay urgencia de trabajo formativo en docentes y directivos, cuando hay un diagnóstico de la realidad educativa estatal con indicadores de insuficiencia en asignaturas tradicionales como Matemáticas y lectoescritura.
Formar el carácter, el “Peor es no tener nada” como proyecto educativo estatal, la negación de la negación de las instituciones formadoras y profesionalizadoras de docentes; dar la vuelta a la misma noria mientras transita el tiempo real de formación generacional y el sector educativo se constituye en plataforma política blanda para sus tomadores de decisiones que aspiran a otro escalón.
En prospectiva y sin mayor planeación, los suspiros de algunos para 2027.
El carácter como polisemia distractora del explotado y su espejito de colores “individualizante”, de buen comportamiento y dominio de habilidades blandas a la luz evaluadora del empleador, regateador de prestaciones sociales y buenos salarios.
El carácter como garlito y “mano dura” contra la delincuencia organizada mientras aparatos de seguridad, tribunales y cárceles están coptados.
La esperanza lastimada y denuncia pública que calla y desaparece, como urgencia de la sociedad; los colores de la ingobernabilidad y corrupción en tricolor, blanquiazul y naranja, mientras pululan los grupos delincuenciales, el panismo nacional del foxismo y el calderonato, el panismo estatal de Alberto Cárdenas Jiménez, Emilio González Márquez, Francisco Javier Ramírez Acuña, hoy flamante senador; el emecismo de Alfaro en el pasado inmediato y el paseo por la casa de gobierno de hoy.
El descanso en el receso escolar, la autogestión del propio aprendizaje del magisterio donde tiene lugar la lectura de su historia, el ocio revolucionario como forma de autogestión de su propia formación, el carácter como práctica de las virtudes aristotélicas donde el centro es la convivencia social, la lucha de clases que también se dirime en las mentalidades. La línea histórica de continuidad por identificar y la memoria por despertar, la construcción de la organización colectiva y comunitaria como agenda necesaria, antes de llegar a la odisea personal del desencanto y la inmediatez de que todo da lo mismo y confirmamos lo que los fenicios de los medios desean, que la agenda noticiosa de los poderosos tienda la venda sobre la mirada de las nuevas cohortes de ciudadanos en sus decisiones democráticas.
*Doctor en Educación. Profesor normalista de educación básica. zatarainr@hotmail.com