Cambio de horario y cronotipo

 en Alma Dzib Goodin

Alma Dzib Goodin*

Cada año diferentes países mueven sus relojes para ganar un poco más de luz natural, por lo cual se suele adelantar los relojes una hora a principios de primavera y se retrasan en el otoño. La idea que venden a la población es que con ello se ahorra electricidad, aun cuando puede haber otras razones, por ejemplo, homologar los horarios.
En algunos países, esta acción tiene mucho más sentido que en otros, ya que el día dura menos, por lo que llega un momento en que la luz del día solo dura entre 8 y 6 horas, o incluso menos entre más al norte de los continentes se esté. Sin embargo, al sur, debido a la rotación terrestre, la luz del día puede durar hasta 12 horas. En México se gana un poco de luz durante el cambio de horario de otoño, lo cual puede ser fabuloso, pero el cuerpo humano requiere un poco de tiempo en ajustarse al cambio. Aunque se ajusta mejor durante el otoño a diferencia del cambio durante la primavera.
Aun cuando estos cambios, pudieran ser favorables en términos económicos, en términos biológicos resultan un poco más complejo. Por ejemplo, diversos estudios muestran que la falta de sueño afecta el desempeño académico de los estudiantes, esto se debe a algo llamado cronotipo, que se refiere a los hábitos de sueño-vigilia que cada uno desarrolla desde el momento de nacer. Cuando niños, los ciclos son más largos, y se pensaba que estos dependían de los hábitos que los padres van desarrollando en los hijos desde pequeños, mismos que durante la adolescencia se modifican, permitiendo a los adolescentes permanecer despiertos por más tiempo durante la noche, pero dejándoles sin ánimo para despertar por la mañana. Dichos patrones si bien son determinados por el ambiente, tienen una gran influencia genética y fisiológica.
De ahí que el cambio de horario no implica solamente ganar o perder una hora, sino una adaptación biológica. Todos aquellos que hayan viajado a un huso horario distinto, saben que solo una hora produce algo llamado jet lag, que también se conocido como disritmia circadiana, que se define como un desequilibrio producido entre el reloj interno y el nuevo horario que se establece cuando se viaja a través de los husos horarios.
Al principio se analizó solo la discrepancia del reloj interno entre los viajeros, pues se produce un cambio brusco, sin embargo, desde hace algunos años se han analizado los efectos en la población en general.
Una de las áreas estudiadas con mayor dedicación, es la relación entre el proceso del sueño y el aprendizaje. Se sabe hasta ahora, que algunos circuitos a nivel cerebral están compartidos por ambos procesos y que la memoria se consolida durante el sueño. Se han identificado a nivel metabólico y proteínico las necesidades que un cerebro que aprende, requiere para crear los procesos cognitivos no solo a nivel conceptual, sino motor.
Se observa por ejemplo, que la falta de sueño bloquea el recuerdo y con ello evita el aprendizaje en niños, por lo que ha de considerarse que el cambio de horario puede afectar el desempeño de los estudiantes. Aunque se establece que el cambio de una hora puede implicar solo una semana de adaptación, algunas personas no logran ajustar al cambio de horario durante la primavera. A diferencia, durante el otoño es más fácil la adaptación, sin embargo, entra en juego otro factor que es el frío, y se sabe que el frio nos invita a quedarnos un poco más de tiempo en una cama caliente.
Entre los adultos, el cambio de horario afecta de formas menos sutiles, pues se encuentran personas que son particularmente sensibles a la luz, con lo que los días nublados y el cambio de horario son una combinación propicia para la depresión; esto debido a la disminución de luz solar, por lo que las personas que pueden verse afectadas son aquellas que salen de casa antes del amanecer, y regresan al anochecer, a lo que se agrega el stress del tráfico de las grandes ciudades.
Tanto los desórdenes educativos como depresivos se producen debido en parte, a la dificultad del cuerpo para producir melatonina, que es una hormona secretada por la glándula pineal en el cerebro, la cual ayuda a regular los ciclos circadianos, que se refieren al reloj interno de 24 horas que juega un papel crítico en los procesos de sueño y vigilia.
Si bien los niños y los adultos mayores son particularmente sensibles a los cambios en los horarios, como ya se mencionó, la población entera puede ver alterados los ciclos de sueño-vigilia y consumo de alimentos. Ante lo cual debemos ser pacientes, pues algunas personas requieren de varias semanas para aceptar el cambio.

*Directora del Learning & Neuro-Development Research Center, USA. alma@almadzib.com

  • JOSE HEBER DE LEON MONZON
    Responder

    Apreciable Alma Dzib Goodin:

    Interesante descripción y reflexión que sin duda debe ser algo que los educadores debemos tomar en cuenta y lo que ello implica… ¿debemos “replantear” actividades en el aula con base a estos principios? Considero sí, pues el estado emocional sin duda se ve impactado.

    Excelente información. Gracias.

    • Alma Dzib Goodin
      Responder

      Estimado Jose Heber:

      Efectivamente, la idea es replantear horarios y tareas, pues los cronotipos sin duda tienen un impacto en el aprendizaje. En algunos países como Holanda y Australia, están considerando estas investigaciones y comienzan a platear cambios en la educación

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