Botón rojo interminable, ¿para cuándo podrán abrir las escuelas?

 en Jaime Navarro Saras

Jaime Navarro Saras*

Pues sí, aunque parezca un chiste, pero así es, al parecer esta pandemia no tiene fin y no sabemos para cuando se volverá a la normalidad, sobre todo porque por más que se esmeren los gobiernos locales y federal en sus discursos halagadores, terminan por no resolver las cosas de manera confiable, también es cierto que hay prioridades y demasiadas prisas por regresar a la normalidad a costa de lo que sea, incluida la salud y la tranquilidad de la población.
El inicio de la vacunación generó muchas esperanzas para poder regresar a nuestra vida normal o, lo más parecido a lo que hacíamos antes de que se prohibieran todas las actividades en colectivo, tanto en lo laboral, lo económico, lo educativo, lo cultural, lo familiar, etcétera.
Pero siempre hay un pero, la población no cree todo lo que se le ha dicho en lo que va de la pandemia y en otro tipo de situaciones como desastres naturales y accidentes por negligencias (se me viene la memoria las explosiones del 22 de abril de 1992 en Guadalajara y los sismos del 19 de septiembre de 1985 y 2017 en la Ciudad de México).
El problema de la falta de respuesta de los gobiernos está muy presente en las personas que lo han sufrido más directamente la pandemia porque tuvieron contagios y decesos lamentables, ellos y ellas han dado testimonios donde dan cuenta de las malas experiencias para conseguir atención médica, tanques de oxígeno, medicamentos, camas hospitalarias y, en ese trajín han sido presas de la crisis por los abusos de quienes controlan la comercialización de los medicamentos y los demás insumos para enfrentar al Covid-19, además de las nulas respuestas de los gobiernos para controlar ello y poder hacerles la vida más fácil.
Las autoridades nunca se han caracterizado por dar respuestas tajantes ante una crisis, la mayoría de ellas son de lento aprendizaje pero autoritarias, como muestra de ello, se me viene a la memoria aquel secretario de educación en Jalisco, quien lanzó un mensaje contundente dirigido al magisterio y en donde ordenó que de ninguna manera se suspendían las clases cuando surgió la Influenza Virus tipo A H1N1 allá por 2009, cosa que maestros, maestras, directivos, padres de familia y estudiantes cumplieron al pie de la letra, al mismo tiempo, ese mismo secretario en su papel de padre de familia, daba la orden en su hogar que sus hijos no fueran a clases por temor a que se contagiaran de Influenza.
Las escuelas no abrirán pronto, las condiciones no son las óptimas ni para docentes ni para estudiantes y tal como van las cosas al magisterio no se le vacunará antes de Semana Santa porque primero va el personal de salud que no atiende la contingencia de manera directa, después los adultos mayores, más adelante el personal que no ha estado confinado como policías, el Ejército y la Guardia Nacional y en el siguiente grupo estaría el magisterio, es decir, se les consideraría para recibir la vacuna allá por abril o mayo, a menos de mes y medio que termine el ciclo escolar y básicamente casi daría lo mismo regresar o no a las escuelas en este ciclo escolar.
Lo mejor para las escuelas, docentes y estudiantes, sería que los gobiernos estatal y federal se pongan de acuerdo para poner en óptimas condiciones los espacios físicos y dotarlas de todos los servicios (electricidad, agua, drenaje y buena conectividad), además de actualizar al personal para que se adapten y aprendan estrategias para enfrentar la nueva normalidad cuando se regrese a clases.

*Editor de la Revista Educ@rnos. jaimenavs@hotmail.com

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