Al cabo aguantan todo

 en Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

Tal es la lógica de muchas de las autoridades. Quienes gobiernan países, o quienes administran empresas, o quienes dirigen escuelas, se presentan como indolentes ante los reclamos de los habitantes del reino, o de los trabajadores, o de los miembros de la comunidad educativa. “Aguantan eso y más”, resume la actitud de los encargados de dirigir los destinos de otros seres humanos a los que deberían llevar a vivir una buena vida. Pero en muchas ocasiones les basta con asegurar que sobrevivan medianamente. Que ni se mueran ni se enfermen, pero que tampoco se enriquezcan ni se desanimen. Esos seres humanos son necesarios y a la vez reemplazables para sus organizaciones. Así que hay que apretarlos hasta un poco antes del límite.
Lo que nos enseñan acontecimientos como las recientes protestas en Chile es que la inconformidad no se genera de la noche a la mañana. Tampoco se oculta: ya sabíamos, al menos desde hace un lustro, que, en Chile, los trabajadores, los estudiantes y los usuarios habituales de los medios de transporte colectivo (cuyo aumento en la tarifa desencadenó las protestas masivas), no estaban conformes con un servicio caro que se insertaba en una serie de condiciones socioeconómicas precarias. El régimen de Piñeiro mostró esa misma actitud que manifiestan algunos otros gobiernos, y que se repite en algunas empresas y en algunas instituciones educativas: “mientras aguanten, no es necesario responder a las demandas de los subordinados”.
Aunque esas demandas se expresen continuamente. De tal modo, para enfocarnos en la realidad escolar, a diversas autoridades (de nivel básico hasta universitario) les tiene sin cuidado que los estudiantes se manifiesten por la carencia de opciones de comida, de descanso, de transporte, de materiales para el estudio, para la atención de la salud, para la convivencia. Tampoco les “quita el sueño” (como expresó un exrector ante el suicidio de un depuesto rector general en la Universidad de Guadalajara) que los profesores exijan mejores salarios o condiciones laborales, ni les inquieta que los trabajadores administrativos consideren inadecuadas sus condiciones laborales.
Mientras la protesta no se convierta en un escándalo mediático, las peticiones, solicitudes, invitaciones, mociones, negociaciones, preocupaciones, cuitas, sentimientos y vidas de los subordinados poco les importan pues se rigen por la lógica de “mientras aguanten y sigan trabajando o estudiando, aunque protesten, no es urgente encontrar solución a los problemas planteados”. Ello a pesar de que en el contexto local hemos tenido manifestaciones claras (como en el #me salto cuando la tarifa subió a $9.50 en Guadalajara y derivó en varios estudiantes aprehendidos en las estaciones del tren ligero) de necesidades sentidas, que reflejan inquietudes que se han expresado ampliamente ante las autoridades aun cuando no hayan llegado todavía a los medios de comunicación.
¿Que es necesario un transporte digno?, ¿que se requieren comedores y horarios más amplios en las instalaciones escolares?, ¿que se requieren mejores salarios para los docentes y mejores becas para los estudiantes?, ¿que los estudiantes adultos requieren de servicios de guarderías para sus hijos y así poder continuar sus estudios?, ¿que se requieren servicios médicos, psicológicos y de primeros auxilios?, ya lo solucionará el que sigue, que por lo pronto, mientras aguanten, las autoridades evitarán mortificarse con necesidades ajenas de quienes, como ya se ve, todavía aguantan. A los estudiantes les gusta tanto aprender y a los docentes enseñar que ya ellos arreglarán los asuntos de maneras que resulten menos costosas para la institución. Por lo pronto, mientras unos aguantan todo, hay otros que prefieren que no los molesten por “nimiedades”. Total, como señaló un funcionario chileno: existe la posibilidad de madrugar para tener tarifas más baratas en el transporte público (chileno). En el contexto local, existe la posibilidad de que las abuelas se hagan cargo de los nietos, de que la seguridad social se convierta en autogestiva y que los abuelos jubilados se mantengan… cuidando chamacos.

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología del CUCSH de la UdeG. rmoranq@gmail.com

Comentarios
  • Pablo
    Responder

    Refleja claramente nuestra realidad

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