Ahora sí… pero tampoco

 en Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

En un salón de clases, una niña que apenas comienza a manejar el idioma de la sociedad a la que su familia lucha por integrarse, responde un examen. Una compañera no sabe la solución a uno de los problemas, así que esta niña voltea con ella y dialoga para resolver juntas el planteamiento. La maestra, enfurecida, las separa y les advierte que ese comportamiento bajará su calificación. Más tarde, escribe un reporte oficial y cita a la mamá de la niña en la escuela. Cuando llega el día de la entrevista con la madre, le reclama que tenga una hija tan tramposa que sea capaz de dar las soluciones de un examen a una compañera. La madre, sorprendida, sólo atina a señalar que su hija aprendió muy bien, en la escuela de la que proviene, en otro país y en otro idioma, a colaborar con sus compañeros de escuela a resolver los problemas que se les plantean. Ciertamente, su hija no estaba haciendo trampa ni estaba ocultándose. Habría sido incorrecto no apoyar a quien le pedía ayuda.
Ese caso muestra uno de los muchos retos a los que nos enfrentamos cotidianamente en nuestras escuelas: ¿qué es lo correcto? ¿Qué debemos hacer en determinadas situaciones? ¿Hay un principio o criterio que nos permita decidir para resolver determinadas dificultades? ¿Cómo algo que nosotros consideramos importante que aprendan los estudiantes a ellos puede parecerles irrelevante?
Por más que deseamos que la escuela y la familia nos ayuden a ser más sensatos y a cooperar con los demás, a veces estas mismas agencias sirven de contexto para aprender a ser insensatos y a meter zancadillas a los demás para detener su avance. El movimiento “Black Lives Matter” muestra eso en una escala social que puede resultar hasta penosa. En el contexto de una sociedad individualista y que tanto recurre a la narrativa del esfuerzo, es común encontrar, tanto en su literatura como en sus medios de comunicación y en su cultura popular el recurso a la actitud del bravucón. En contraste con la cultura de que gane el más fuerte, señala el autor inglés Nate White, la cultura británica prefiere a David y no a Goliat, por lo que (según él) los ingleses se inclinarán más por apoyar a los débiles que a los bravucones. En todo caso, esa herencia esclavista de la sociedad estadounidense ha seguido viva hasta el final de la segunda década del siglo XXI.
Y “ahora sí”, dicen en el contexto de las marchas en las que se utiliza el lema “Black Lives Matter”, ha llegado el momento de reconocer que los afrodescendientes han llevado la peor parte en esa sociedad. Ha llegado el momento de una reforma a los procedimientos policiacos y evitar que los policías maten a más afroamericanos. Y añaden que ha llegado el momento de que se reconozca como una fecha oficial nacional el fin de la esclavitud en ese país (19 de junio de 1865), el momento de que se derriben las estatuas de los generales de la confederación que defendían los intereses esclavistas. De paso, en este contexto de indignación social, de que se reconozcan las aportaciones culturales y económicas de los inmigrantes, los derechos de todas las personas, independientemente de sus orientaciones y preferencias sexuales.
Pero… “tampoco” en este momento se logra solucionar muchas de las aspiraciones de determinados grupos sociales, porque eso afectará los intereses de otros grupos que aprovechan las condiciones de explotación y marginación de otros. Conservamos muchas inercias y muchas contradicciones en nuestras sociedades. Aunque pensemos que “ahora sí debe resolverse”, habrá quien oponga un “pero tampoco es para tanto”. Seguimos teniendo muchos huecos en la educación para la comunicación asertiva y la legalidad, los sistemas sociales están más orientados al control que al diálogo y la negociación; y continuamos metidos en una lógica de esfuerzos interrumpidos o boicoteados simplemente porque alguien no ve con buenos ojos las reivindicaciones y los valores de otras personas o grupos. Ciertamente, la humanidad avanza lentamente, y más si hay quien se resiste a que avance.

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología del CUCSH de la UdeG. rmoranq@gmail.com

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