Acalorados
Luis Rodolfo Morán Quiroz*
Un par de niños tijuanenses llegaron de visita a la capital bajacaliforniana y comenzaron a expresar su incomodidad: “Ya no queremos estar aquí; nos sale mucha agua”, mientras trataban de quitarse el sudor con las palmas de las manos. Las ciudades cuyos apelativos combinan los nombres de los países en cuya frontera se encuentran, Mexicali (fundada en 1903) y Calexico (fundada como campamento en 1899 y como ciudad en 1908), están asociadas a la historia de la Colorado River Land Company, que comenzó a cultivar directa e indirectamente las tierras del valle Imperial. Las obras de irrigación, principalmente asociadas con la producción de algodón y, posteriormente, con otros cultivos, se lograron gracias a las canalizaciones y, posteriormente, a la presa Hoover, construida en la época de la Gran Depresión, entre 1931 y 1936. Quienes hemos estado en la capital bajacaliforniana solemos preguntarnos: ¿cómo se les ocurre tener una ciudad capital en un lugar tan caluroso? No obstante, la canalización del río Colorado da respuesta a la existencia de una ciudad de la que haremos por salir lo más pronto posible. Aunque la temperatura promedio anual es de 24 grados centígrados, el rango se extiende entre los seis y los 42 grados. Principalmente en los meses de julio y agosto, cuando el máximo va de los 35 a los 42.
Cabe señalar que la sensación térmica incide en gran medida en nuestro confort y productividad. Entre 20 y 25 grados es la temperatura recomendada para no sentirse agobiados, aunque suele recomendarse una temperatura más baja para dormir plácidamente, entre 15 y 19 grados. Ya se verá quién prefiere conservar el calor corporal bajo pijamas, sábanas y cobijas. Más allá de los 40 grados, estamos en riesgo de sufrir un golpe de calor y sabemos que sudar nos ayuda a disminuir la temperatura, mientras que el cuerpo suele aumentar su temperatura para combatir a algún agente patógeno, de ahí que la fiebre sea un síntoma de que nuestro cuerpo se defiende y el sudor una señal de que intenta disminuir la temperatura. También sabemos que los golpes de calor pueden ser mortales cuando el mecanismo de la sudoración ya no ayuda a regular la temperatura. El atarantamiento que se deriva del calor puede ser también importante, pues se ha enfatizado que por cada grado Fahrenheit de calor excesivo se reduce en 1% la capacidad cognitiva, lo que impacta en el aprendizaje en las escuelas con temperaturas elevadas (aquí una nota periodística: https://www.hks.harvard.edu/announcements/when-heat-student-learning-suffers) y aquí el acceso al estudio de 2014 (https://www.hks.harvard.edu/publications/heat-and-learning). Goodman y colaboradores en 2018 se plantean qué medidas se podrían adoptar para mejorar la temperatura de las aulas y las escuelas, además del aire acondicionado. Señalan que esa disminución en el aprendizaje puede incidir potencialmente en el crecimiento económico.
Por otra parte, las altas temperaturas han sido señaladas como causantes de varias muertes en las cárceles estadounidenses, aunque faltaría documentar qué sucede en las cárceles de otros países. El hecho de que el 25% de los presos del mundo lo estén en ese país es un dato ya preocupante, como señala el documental XIII, en referencia a la décimo tercera enmienda, que señala la abolición de la esclavitud, “excepto como castigo por un delito del cual el partido haya sido debidamente condenado” (https://www.netflix.com/mx/title/80091741). En días recientes nos hemos enterado de decesos por golpes de calor en cárceles de ese país (http://youtube.com/post/UgkxkjJi85XOx952pAwJcOJvd4aAiSVwNTDD?si=TXFLkuUbMZNRhEA- en las prisiones de Texas), aunque se señala que entre 2001 y 2019 “un estudio de las universidades de Brown, Boston y Harvard documentó que 271 prisioneros murieron por calor en Texas entre 2001 y 2019. Un informe adicional del Brennan Center for Justice señala que en los meses de calor, alrededor del 13% de las muertes tras las rejas en dicho estado pueden atribuirse directamente a temperaturas extremas”. Aunque las autoridades cuenten con los recursos para mejorar las temperaturas, es frecuente que se escatimen y que se conviertan en parte del castigo. Un ejemplo es la proyectada prisión en el Sahara argelino (https://www.facebook.com/share/v/1HuyHjZPeu/), donde las altas temperaturas son parte de los argumentos para disuadir a los potenciales traficantes de droga. Efectivamente, puede ser una pena de muerte sin que haya sido parte de la sentencia explícita de un juez (https://www.swissinfo.ch/spa/el-calor-extremo%2C-otra-forma-de-pena-de-muerte-para-los-presos-en-texas/87661005). Esa condena de muerte sigue vigente en el desierto en donde comenzó este texto: en la zona entre Arizona y Sonora se recuperaron al menos 73 cadáveres en los primeros siete meses de 2026, de personas con intenciones de migrar a Estados Unidos (https://www.youtube.com/watch?v=Zbshi4H33xo). Por otra parte, las tendencias al calentamiento global no se limitan a aulas y celdas calientes que carecen de ventilación natural o de sistemas electrónicos para controlar la temperatura. Y el uso del aire acondicionado tiene también efectos en el calentamiento global por el consumo de energía eléctrica y la fuga de gases de esos aparatos. Y esos aparatos no son los únicos que están “trabajando” para enfriar y a la vez contaminar y calentar el planeta. Los motores, entre ellos los de los coches que vemos y, en muchas ocasiones, abordamos para movernos de un punto a otro. En las recientes protestas en Francia, los estudiantes exigieron que las “aulas que no sean un horno” (https://www.facebook.com/share/v/1F44gFDBnU/). En ese mismo país, el ataque reciente de parte de hackers a los refrigeradores causó que se pudrieran toneladas de comida desde la plataforma SCADA (https://www.malwarebytes.com/blog/news/2026/10/hackers-heat-up-supermarket-fridges-spoiling-food-across-france). Por otra parte, la inteligencia artificial, la “superinteligencia”, como la llama Trump con su estupidez natural y a la vez cultivada por otros que la asusan, está asociada a estas tendencias al calentamiento del ambiente en todo el planeta por su consumo de energía (https://www.unia.es/vida-universitaria/blog/impacto-medioambiental-de-la-ia). ¿Qué pasará en meses y semanas por venir? Desde 2020, cuando menos, el centro de México ha registrado aumentos en las temperaturas invernales de al menos uno a tres grados centígrados, y en el sur y sureste de 3 a 5 grados de aumento. Habremos de poner atención a este candente tema y estar al tanto de las acaloradas discusiones respecto a los problemas medioambientales.
*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología de la Universidad de Guadalajara. rmoranq@gmail.com