Academicismo funcional

 In Carlos Arturo

Carlos Arturo Espadas Interián*

Intelectuales, personas que investigan, profesorado y directivos de las diversas áreas y campos del conocimiento humano integran la academia. En nuestro país, existen estructuras que tienen por función direccionar, incentivar, financiar, recompensar y estructurar su trabajo. Las convocatorias diversas van configurando el ambiente académico vía el financiamiento y nombramientos que otorgan estatus.
Con este binomio financiamiento-estatus, quienes lo obtienen se inscriben en la estructura de los centros educativos diferenciados del resto del cuerpo profesoral y por el nivel de ingresos, diferenciados de un gran sector de la sociedad que sobrevive con salarios que no permiten una vida digna.
A la par del otorgamiento de beneficios, las convocatorias están diseñadas para que el cuerpo académico realice actividades complementarias y de naturaleza diversa a su práctica docente, todo disfrazado con justificaciones como investigación-docencia universitaria como indisoluble; sin embargo, estos binomios en muchas universidades son entorpecidos por las mismas estructuras y políticas que privilegian a sectores dentro del cuerpo profesoral y académico.
Se suman las exigencias propias de las convocatorias que, para ser cubiertas, el cuerpo académico debe destinar gran parte del tiempo laboral y no laboral, para cubrirlas y con ello se aleja de los sectores populares, de los problemas propios de ese sector; también se le impacta en sus relaciones familiares, lo que contribuye, aunque no necesariamente, al rompimiento de las familias.
Es decir, el cuerpo académico que va tras esas denominaciones vía sus convocatorias, se aísla de los problemas reales y, al recibir financiamientos y estatus, deja de vivir los problemas de grandes sectores sociales y de sus propios colegas. Viven en mundos artificiales que lo van separando poco a poco del grueso de la población y pasan a formar parte de una élite intelectual desarticulada para la lucha y resistencia social, ajenos a los problemas de sus centros escolares y, sobre todo, con privilegios que los van deshumanizando lentamente.
Viven en un continuo “a lo que sigue”, pendientes de las convocatorias y requisitos, donde muchas de las veces, las investigaciones y prototipos generados se olvidan y no tienen impacto social, económico y cultural alguno. De vez en cuando, el sistema enarbola algunas de las aportaciones para justificar y exhibir que el sistema funciona y es de impacto; sin embargo, únicamente son simulaciones de legitimación que ayudan a mantener la ficción e ilusión de la “zanahoria”: PRODEP, SNI, beca al desempeño…
Ese sector construido artificialmente y que no puede ser masivo, sino minúsculo dentro del océano del cuerpo profesoral nacional, funciona como amortiguador de movimientos de lucha, resistencia y transformación: académica, social, económica, cultural y política; es decir, están siendo mimados por el sistema al cual sirven y le entregan literalmente su vida.
Así es parte de la maquinaria que se alimenta de la vida de las personas para construir una especie de castas al interior de los cuerpos académicos, que segregan, aíslan, pero que son funcionales porque en apariencia no aíslan, deshumanizan ni segregan.

*Profesor–investigador de la Universidad Pedagógica Nacional Unidad 113 de León, Gto. cespadas1812@gmail.com

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