La crítica al sistema educativo y los monólogos del poder en educación
Miguel Ángel Pérez Reynoso*
Como parte de las nuevas tendencias o de las recientes recomendaciones en educación, aspiramos a conformar un modelo que tienda a desarrollar el pensamiento crítico dentro del sistema y como un eje transversal que atraviesa a todo el sistema de arriba–abajo y de lado a lado.
Pero en la realidad, el funcionamiento del mismo sistema se basa en la práctica de imposiciones verticales, el centralismo y la ausencia de todo tipo de autocrítica en las formas y en los estilos de hacer gestión educativa.
Esta contradicción no es un asunto menor; atraviesa todas las aristas y los rincones del sistema y genera una red de lealtades mal entendidas. Por eso, cuando hablamos de que el sistema tiene un ejército de aplaudidores, nos referimos a ese grupo de personajes encargados de replicar lo que se dice arriba y de alabar, aplaudir y echarle loas a los poderosos. Habría que hacer un ejercicio de antropología para estudiar a los personajes encargados de alabar y aplaudir a los personeros del sistema.
Ahí mismo se encuentran los agentes de la estructura sindical, a los que les llamamos los charros sindicales, que priorizan una forma oportunista de complementar y aliarse con el poder.
La instancia sindical es otro de los brazos de la estructura corporativa del sistema; sirven para engañar, mentir y falsear las cosas; es un espacio de contención, en donde el descontento y las demandas no llegan directamente de abajo y que cuestionan a la gente de arriba; el sindicato las contiene, las neutraliza, las mediatiza y también termina falseando y engañando la realidad.
Por otro lado, está una minoría de sujetos que hacen o que construyen lo que pretende ser una crítica fundamentada, propositiva y que tiende a generar puentes que sirvan para incidir con la mayoría de los agentes educativos que están abajo y que con su trabajo sostienen el sistema.
Habría que hacer algún ejercicio para dar cuenta de cómo es la forma en que se estructuran los estilos del poder desde la parte superior del sistema, cómo se tejen las lealtades, las complicidades y cómo se garantiza la continuidad, y también se da cuenta de qué manera el poder se despliega en dicha estructura, en muchas de sus instancias y en donde, también, a partir de este engranaje sistémico, muchos quedamos fuera.
Se trata aquí de reconocer el interés desde distintas instancias directivas del sistema, al desplegar un esquema complejo, pensado en garantizar la obediencia, el no cuestionar, obedecer y así evitar que la gente piense por sí.
Es por eso que la estructura y el funcionamiento de la Universidad Pedagógica Nacional, desde su surgimiento, han sido incómodos porque se tornó en un ente que cuestiona y que desacata las disposiciones que vienen de arriba hacia abajo; la UPN no encaja de manera global en un sistema diseñado para aplaudir al de arriba e ignorar a los de abajo.
Si nos acercamos a revisar con una mayor minuciosidad cómo son los estilos de gestión de un sistema centralizado y vertical, ahí no existe la autocrítica, no existe el reconocimiento de errores, todo es perfecto y todo es hacia adelante; los equivocados y los que estamos mal somos los que estamos afuera porque cuestionamos, señalamos, nos inconformamos y en algunas ocasiones corregimos.
A los que están en el centro del poder no les interesa la crítica, no les refiere absolutamente nada, porque se sienten seguros de sus espacios de confort, de comodidad, de estabilidad corporativa, aunque estén sumidos en errores de todo tipo.
Entre los que hacemos crítica al funcionamiento del sistema y los que están en el centro con estilos de gestión verticales y en ocasiones autoritarios, no existe diálogo alguno, no hay vasos comunicantes que permitan retroalimentar las visiones desde el centro del sistema; todo fluye y desde los espacios de crítica poco es lo que se atiende (independientemente de los dichos del secretario Flores Miramontes, al decir que en el caso de los editorialistas de Educ@rnos, siempre nos lee).
Ahora bien, toda crítica que se hace a la estructuración del sistema, a los estilos de gestión de los cuerpos directivos y a la organización y funcionamiento del mismo, es una crítica fundamentada, sustentada, cuya racionalidad no está pensada en descalificar las iniciativas de gobierno, en cuanto a las formas o sus contenidos. La crítica a la gestión institucional del sistema está más bien pensada en las formas, a partir de ese estilo basado en la prepotencia desde el poder y en la creencia de que todo lo que ahí surge está bien hecho.
El punto final de esta serie de cuestionamientos tiene que ver con el cómo poder hacer para que el espíritu del pensamiento crítico atraviese el corazón del sistema y cómo las iniciativas de gobierno y las propuestas de gestión educativa logren cruzar de manera participativa y dialógica con las comunidades que están afuera y que no piensan igual, que no actúan igual y que son diferentes, pero que forman parte también del sistema.
¿Cómo será posible sentar en la misma mesa a los gobernantes con los gobernados y a los que hacemos uso de la crítica al sistema y al funcionamiento del mismo, de tal manera que se logre llegar a acuerdos más trascendentes, para la mejora del funcionamiento del sistema educativo, que garantice una mayor satisfacción de los usuarios y los protagonistas del propio sistema: docentes, directores de escuela, padres de familia y estudiantes?
Termino con una pregunta incómoda: ¿Cuándo atravesará el espíritu del pensamiento crítico el funcionamiento del sistema educativo en nuestro país y en nuestro estado?
*Doctor en Educación. Profesor-investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com