Educación y agua

 In Miguel Bazdresch Parada

Miguel Bazdresch Parada*

Falta el agua en la zona metropolitana de Guadalajara (ZMG) y los habitantes afectados están cansados de soluciones fallidas. La autoridad por fin acepta la necesidad de una solución verdadera y propone un nuevo acueducto entre el lago de Chapala y la ciudad. Es imposible, acepta, sanear el agua transportada en el actual acueducto. Construir el nuevo llevará un buen rato y un más que buen presupuesto, el cual aún hace falta asegurar.
La muy bien educada población tapatía se pregunta: ¿por qué un nuevo acueducto? El agua repartida en la ZMG viene, sí, de Chapala, y pasa por varias plantas tratadoras. Se supone que dichas plantas están ahí para limpiar el agua venida de Chapala por el actual acueducto, la cual hace mucho es no potable.
Así, el usuario se pregunta: ¿En dónde se ensucia el agua? ¿En el lago de Chapala? ¿En su paso por el actual acueducto? ¿En la insuficiencia de las plantas tratadoras? ¿En los tres sitios? O en ninguno: ¿Ya llega sucia a Chapala? O peor tantito: ¿se ensucia cuando se reparte por la red de la ZMG? El agua, protagonista de todo este teatro acuático, no puede responder. Sería ideal, pues así la purificación del agua se haría con gran seguridad de éxito. ¡Ah! Salta el químico y dice: La química puede hacer hablar al agua, pues con los análisis químicos son capaces de detectar la suciedad del agua y las causas de tal suceso. ¿Alguien ha hecho todos los análisis en el largo trayecto del agua, en el actual acueducto, las actuales plantas y en la actual red metropolitana? ¿O no se pueden hacer por… algunas razones?
Un caso similar se dio hace años en esta misma ZMG. Fue el caso de la medición de la pureza del aire. El aire se contamina con las emanaciones de fábricas, autos, desechos no tratados y con los movimientos de las capas de la atmósfera con contaminantes químicos. Conocedores y ciudadanos se interesaron y hasta lograron disponer en varios puntos de la ZMG medidores de la contaminación del aire y enviar el resultado a lugares públicos donde se colocaron pantallas y ahí los ciudadanos y los responsables de las emisiones podíamos leer los resultados y tomar decisiones para evitar las consecuencias. Ese entonces se logró educar al aire para darnos a conocer sus secretos y exigirnos respetar los informes diarios, en búsqueda de un aire limpio o al menos respirable sin consecuencias en la salud.
Urge educar al precioso y vital líquido. Urge caer en la cuenta de la duración de esa educación y sus distintos pasos. Urge saber cuál es la contribución ciudadana y cuál la gubernamental. Sin lograr coincidencias, no habrá educación acuífera. La educación del agua, tal y como en muchas situaciones y asuntos, será lenta so pena de hacer un parche, el cual se despegará pronto. Costará tiempo, dinero, paciencia, comprensión, decisiones bien elaboradas y mejor implementadas.
Sin la colaboración del sector educativo, la educación del agua no estará completa. Estudiantes y maestros de todas las edades y condiciones han de ser los mejores conocedores de los modos de educar el agua. Así, podrán vigilar al gobierno, a los empresarios, a las familias para ayudarles a mantener las medidas congruentes con el agua potable. Vigilantes, pues en el sector educativo está un tercio de la población, la cual, además, sabe de primera mano cuándo el agua requiere ayuda especializada.
No podemos seguir con manifestaciones ciudadanas generadas por no procurar un acuerdo. No es posible seguir en el círculo vicioso de ciudadanos en protesta, de quienes se aprovechan ciertos grupos para mostrar su coraje muy alejado del interés de la población. Al educar el agua, nos educamos todos. De ahí la importancia de hacer “la tarea” y contribuir con nuestra parte: lucha, informes, cuidados, llamados de atención, atención y más. Educar el agua es vida.

*Doctor en Filosofía de la Educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx

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