Agua que no has de beber…
Jorge Valencia*
Según el INEGI, el 71% de la superficie de la Tierra está cubierta de agua, pero el 97.5% de esa agua es salada. El 2.5% se compone en su mayoría de agua congelada en los glaciares. El agua potable representa apenas el 0.007% del total del agua habida en todo el planeta.
Cómo llegue a las personas, en qué cantidad y con cuál calidad es la principal obligación de los gobernantes. Las poblaciones asentadas al margen de los ríos llevan ventaja; las que no, están obligadas a realizar obras monumentales de ingeniería hídrica. Los romanos y los pueblos mesoamericanos demostraron la pertinencia de obras de tal envergadura, con los recursos disponibles por sus sociedades de entonces.
El 60% de nuestro cuerpo es agua. Necesitamos consumir diariamente entre 2 y 3.5 litros, dependiendo del peso y la actividad física.
En México, el volumen de agua dulce es de 461,640 millones de metros cúbicos al año. Es decir, 3,692 metros cúbicos por habitante al año. Sin embargo, este promedio depende del temporal de lluvias y del reparto equitativo del recurso entre los pobladores.
El agua llega a la población a través de acueductos y tuberías. Sube a los tinacos de las casas y se retiene ahí para bajarla a los lavabos, sanitarios y regaderas.
Algunas veces se almacena en aljibes como reserva y, mediante una bomba hidráulica, sube a los tinacos para volver a bajar por las tuberías domiciliarias.
Sirve para beberla y para bañarse. Para lavar los platos y la ropa. Regar las plantas. Hacer sopa. Algunos la usan para lavar el coche, regar la banqueta o solamente desperdiciarla.
El agua se bebe hervida o se compra en garrafones. Pero se abre directo de las llaves y regaderas para bañarse y lavar y descargar el tanque de los sanitarios.
En los países en desarrollo donde la regulación industrial tiene sesgo, los ríos que conducen de manera natural el agua potable obtenida por las precipitaciones fluviales es contaminada con descargas de materiales pesados. Otras veces, con aguas residuales de uso doméstico. De modo que, de no haber un sistema de filtración lo suficientemente depurado, los desechos pútridos de una región son esparcidos a otra río abajo.
Cuando el agua llega contaminada a las casas, sirve de poco para usarla en lo que se debe usar. Acaso para los sanitarios y ya.
Se calcula que apenas dentro de un cuarto de siglo el agua potable escaseará debido al incremento demográfico, la contaminación extrema de los ríos y la ineficiente distribución del recurso. De manera que la conciencia de su uso racional y la competencia de las autoridades para prevenirlo harán la diferencia entre tener y no tener agua. Entre la supervivencia o el exterminio.
Posiblemente, el agua sea un nuevo motivo bélico del que los países más poderosos terminarán acaparando el líquido.
Por lo pronto, la población parece disponer de los argumentos morales (además de los legales) para exigir que sus representantes políticos les provean del recurso, sin justificación para tomar como excusa la culpa de la previsión de sus antecesores.
Sólo en un territorio regido por la barbarie los gobernantes asumirían el argumento de la represión y los pobladores el de la violencia. El acceso al agua es un derecho del que todavía disponemos. Dependemos de las partidas presupuestales y de la aptitud de los estadistas para garantizar el abasto. O bien, apelar a la generación espontánea obrada por el pensamiento mágico de los creyentes en milagros.
En México empleamos la expresión “aguas” para referirnos a una advertencia.
*Director académico del Colegio SuBiré. jvalencia@subire.mx