¿Educar la violencia?
Miguel Bazdresch Parada*
Puede parecer un sin sentido: ¿Educar la violencia? Sin embargo, basta una mirada a los periódicos para encontrar suficientes notas sobre episodios de violencia entre países y entre personas e instituciones, para tener material al menos para hacer una breve constatación de la presencia de la violencia en las actividades del ser humano.
Rusia, gran país, y Ucrania, otro gran país, están en violenta guerra hace unos años por causa de un diferendo; algunos lo califican de histórico, otros lo consideran una manifestación del carácter de los dirigentes rusos, quienes piensan en la importancia de mantener su control político y económico con base en recuperar el dominio de los antes países miembros de la Unión de Repúblicas Socialistas y Soviéticas (URSS). La URSS fue un Estado federal del régimen marxista-leninista que existió desde su fundación el 30 de diciembre de 1922 hasta su disolución el 26 de diciembre de 1991. Fue un final necesario al adoptar una política de apertura, para renovar la maltrecha economía del bloque y a la vez mantener una posición de liderazgo entre los países socialistas en el mundo.
Pues esa separación y nuevo arreglo político–social–económico quiso ser una forma de educar la violencia entre los grupos dominantes de la URSS y los líderes de los diferentes países hartos de la dominación soviética. Y, ¿sucedió? NO… la “nueva” Rusia se ha hecho para atrás en su política de apertura y hoy se dedica a recuperar las zonas que considera vitales para su economía y, sobre todo, para su capacidad militar. Y claro, tal control se logra y mantiene con violencia. La violencia, según rusos y muchos más, es indispensable para la paz… esa paz requerida por los objetivos de control y poder global de ciertos gobiernos autocráticos. Y claro, los gobiernos atacados recurren a la violencia para no “desaparecer del mapa”.
La violencia está presente en gran parte de las naciones del mundo. ¿Cuántas? Para no usar tiempo precioso, consulté con el servicio de IA de Google, el cual arrojó la siguiente nota: “En 2026, el mundo registra más de 110 conflictos armados activos según diversos monitoreos internacionales y estudios globales, mientras que otras estimaciones de organizaciones humanitarias señalan más de 130 conflictos armados (que involucran a cerca de 60 países)”.
Así, ¿está educada la violencia? Los humanos aún no sabemos resolver nuestras diferencias y conseguir algunos objetivos personales o de grupo, sin acudir a una u otra acción violenta. Sin embargo, hemos avanzado en relación con tiempos anteriores. Ejemplos: Se han tipificado diversas conductas de personas o grupos como ilegales y dignas de castigo legal, es decir, al menos en la ley se declara lo ilegal por violento de una lista de actos. Además, se procura incorporar en la instrucción de niños, jóvenes y adultos la noción de cuidado, la cual en apretada síntesis se puede comprender como la conocida idea de “no hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti”. Aun pobre frente a las mil excusas inventadas para no cumplirla.
Y bueno, acá en nuestra ciudad, Guadalajara, tuvimos el 11 de octubre un suceso, nada deseado, pero excelente para reconocer si la violencia se educa o la violencia nos educa. El querido lector, lectora, estarán enterados de los sucesos del fin de semana anterior en relación con la problemática del servicio del agua en Guadalajara y municipios conurbados. Meses atrás se iniciaron protestas por la suciedad del agua en algunas colonias del área metropolitana. Las autoridades respondieron con evasivas y la protesta subió. La autoridad autorizó hacer un descuento de 80% en la cuota del servicio de agua domiciliaria. Se calmaron algunos ánimos. Otros crecieron. Conseguir el descuento pedía un trámite. La violencia manifestó su no-educación. Corajes, gritos y manifestaciones breves en las calles y en las oficinas donde se paga el agua.
El tema no se atendió, sino con palabras y proyectos. Siguió su curso y apareció la violencia. La educación no logró su propósito. La manifestación del día 11 de octubre la desbarató por la fuerza. Los afectados pensaron expresar su disgusto y sus demandas al gobierno en público, en manifestación callejera. Sería suficiente para obtener una respuesta educada del gobierno. La violencia se hizo presente: Chorros de agua, sometimiento de personas mediante policías con el método mil veces probado: Aislar del grupo a uno, bajarlo contra el suelo, inmovilizarlo y llevarlo entre 3, 4 a los separos de local gubernamental más cercano; y repetirlo mientras no se calmen. Esta vez los manifestantes conocieron las profundidades de Casa Jalisco, sede del Gobierno del Estado. La violencia se aplicó bien… según los protocolos del siglo XV de nuestra era. En ese entonces, la violencia no conocía siquiera la voz “educada”, ya no digamos la escucha y el diálogo pueblo-gobierno.
La fuerza dictaba órdenes. Los signos recogidos por observadores ya expertos en manifestaciones y acción policiaca consecuente detectaron a los instigadores, “sembrados” con los ropajes adecuados, encargados de gritar obscenidades y señalar al policía el manifestante “bronco”. Y claro, los instigadores desaparecen por “atrás” una vez detenido el “bronco” señalado. Ahora, en lugar de la definición precisa sobre cómo resolver la demanda de agua potable en los hogares e industrias, hoy sólo un apretado sofocón de padres y madres de familia por el arresto de alguno de sus familiares, asistentes demandantes de una acción eficaz del gobernante. Y la burocracia consecuente.
En fin, el guion usual. ¿Violencia educada? Sí, para ejercerla frente al ejercicio de la democracia y cuestionarla. No para humanizar el conflicto y ayudar a resolverlo. ¿El gobierno no sabe organizar una reunión de conversación en la cual los demandantes del agua sana expongan sus problemas, las consecuencias y sus peticiones, de manera ordenada y en un ambiente de escucha y entendimiento?
De otro modo, tarde o temprano gana la violencia, aunque sea por cansancio y con pésimas consecuencias para todos. ¿El gobierno tiene conocimiento de que la violencia se educa? ¿Sabe la importancia de aprender a educar contra la violencia? Por ejemplo, ¿cómo educar contra la violencia? Dos pasos complejos e indispensables. Conocer la violencia a fondo: todas sus artimañas, su desarrollo desde su más sencilla presencia hasta su manifestación por completo inhumana o contrahumana. Y, segundo paso: conocer cómo y en cuáles situaciones desaparece o se anula la violencia. Valga la expresión: Conocer y dominar a fondo y en el fondo cómo se educa a la violencia. No sólo cómo se controla. NO. Cómo se educa, qué enseñarle, cuáles actos ha de cultivar, cuáles relaciones con sus amigos para vivirlas y cuáles relaciones con sus instigadores para darles la espalda.
Confiemos en la liberación de los manifestantes, detenidos por su aprecio de la democracia y la libre manifestación de las ideas.
*Doctor en Filosofía de la Educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx